Huellas dactilares, sangre, saliva, análisis de voz, pelos, pisadas… Les contamos seis casos que superan la imaginación de los guionistas de “CSI” o “Mentes criminales”

CASO TED BUNDY

Un serial killer pillado por los dientes

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Delito. Asesinó, entre 1969 Y 1978, a entre 40 y 50 personas a lo largo y ancho de EE.UU. Es uno de los asesinos en serie más prolíficos de la historia.

Prueba. Ted Bundy mostraba una fijación especial por asesinar a mujeres jóvenes de pelo oscuro y largo, que le recordaban a su ex novia, la cual lo había rechazado unos años atrás. Según los múltiples test psiquiátricos que se le realizaron, presentaba una personalidad propia de esquizofrénico. Bundy fue capturado en Pensacola (Florida), tras haber matado a su última víctima, una niña de 12 años llamada Kimberly Leach. Cuando el cuerpo de Leach apareció, se encontraba en avanzado estado de descomposición y apenas contenía pruebas directas, aunque los rastros de semen hallados en la ropa interior de la niña coincidían con el tipo de Bundy. Asimismo, se encontraron en el lugar del crimen huellas idénticas a las de las suelas de sus zapatos. Pero la prueba decisiva, y que más impresionó durante el juicio, fueron una serie de mordeduras en el pecho y las nalgas de otra de las víctimas. El odontólogo Richard Souviron mostró a los miembros del jurado fotografías de los dientes de Bundy y comparó sus rasgos característicos hasta convencerlos de que coincidían perfectamente.

Resultado. El juicio contra Theodore Robert Cowell Bundy comenzó el 25 de junio de 1979 en Miami. El 23 de julio, lo declararon culpable de dos asesinatos y una semana después lo condenaron a la silla eléctrica. Tras varias apelaciones, a las 7.06 de la mañana del 24 de enero de 1989, Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica en la prisión estatal de Florida, tras haber confesado entre 40 y 50 asesinatos. Sus últimas palabras fueron: «Me gustaría dar mi amor a mi familia y amigos».

CASO O.J. SIMPSON

La mejor interpretación de su vida

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Delito. Nicole Brown-Simpson, ex mujer del famoso deportista y actor, y su amigo Ronald Goldman aparecen apuñalados.

Prueba Las pruebas contra O. J. Simpson son abrumadoras. El ADN de la sangre hallada en la escena del crimen coincidía con el del deportista. Había huellas ensangrentadas de un zapato Bruno Magli del número 46, marca y número que usaba Simpson. En la primera entrevista, la Policía se fijó en que el futbolista tenía un corte en la mano izquierda; junto a los cadáveres, había aparecido un guante de la mano izquierda y el de la derecha estaba ante la casa de Simpson. Por último, en el coche y en casa del acusado se encontraron gotas de sangre de las víctimas.

Resultado. Pese a las pruebas, Simpson fue absuelto gracias a su eficaz defensa que apeló al racismo que, según ellos, movía a la Policía y detectó varios fallos. Un momento clave fue cuando la acusación pidió a Simpson que se pusiese el guante de la escena del crimen. Era pequeño. La acusación argumentó que, al estar empapado de sangre, se contrajo al secarse y que se lo estaba probando con guantes de látex debajo, pero la escena sembró una duda decisiva. No obstante, las familias de las víctimas acusaron a Simpson por la vía civil, en la cual fue declarado culpable.

CASO MARCHAL

Una dudosa falta de ortografía.

Delito. El brutal asesinato de la rica viuda Ghislaine Marchal, en su villa de Cannes (Francia), acabó con un inocente entre rejas.

Prueba. Todo indicaba que, cuando estaba agonizando, Ghislaine Marchal, de 65 años, escribió con su sangre en el sótano de su villa de Mougins las palabras condenatorias: «Omar m`a tuer…», «Omar me ha matado». El jardinero, un marroquí llamado Omar Raddad, había desaparecido llevándose supuestamente 4.000 francos de la casa. Tras su captura, lo condenaron a 18 años de cárcel, a pesar de que insistió en su inocencia. Enseguida surgieron las dudas. Los grafólogos aseguraron que, además de una incorrección gramatical a todas luces incomprensible en la señora Marchal (culta y aficionada a los crucigramas), había claras diferencias entre lo escrito en la pared y la caligrafía de la víctima. Asimismo, el profesor Fournier, médico forense, llegó a la conclusión de que el asesinato se había cometido el mismo día del descubrimiento del cadáver, una jornada después de lo declarado en el juicio. Si se aceptaba esta premisa, Raddad tenía una coartada irrefutable, pues había pasado el día con su familia y sus amigos en Tolón.

Resultado. La desafortunada suma de contradicciones y los esfuerzos de los abogados de Raddad condujeron a que se le concediese un indulto parcial en 1998. Tras cumplir cuatro años de condena, el acusado salió de la cárcel y empezó a trabajar en una carnicería halal de Marsella diez días después. Hasta el momento, no ha sido atendida su petición de que se celebre un nuevo juicio para aclarar lo que, según él, fue un error de la justicia. La Fiscalía, por su parte, insiste aún en que mató a su señora para robarle el dinero y pagar deudas de juego, y los abogados alegan que Raddad es un chivo expiatorio de los familiares interesados en quedarse con los bienes de su adinerada pariente. ¿Quién de todos ellos lleva razón?

CASO DUFFY

‘Cazado’ por su perfil psicológico

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Delito. El violador del tren atacó a varias mujeres en Londres y alrededores entre 1982 y 1986. Seguía siempre la misma pauta.

Prueba. Sus víctimas lo describieron como un hombre de entre 25 y 30 años, 1,75 metros de estatura, rubio y de mirada penetrante, pero no proporcionaron detalles suficientes para identificar a un individuo concreto. En un determinado momento, el violador comenzó a asesinar a sus víctimas cerca de la red ferroviaria de los alrededores de Londres, estrangulándolas con un torniquete tras la agresión. Destruía todas las pruebas, eliminaba los rastros de violación en las víctimas que no mataba y quemaba el pubis de las que asesinaba para borrar cualquier posible indicio. Un experto en perfiles, el profesor David Canter de la Universidad de Sussex, afirmó que la facilidad para entablar conversación con las víctimas femeninas indicaba que el agresor estaba casado o que mantenía una relación estable, y el hecho de que hubiese violado y asesinado a una chica de 15 años sugería que no tenía hijos. El perfil encajaba con el número 1.505 de la lista de 2.000 sospechosos potenciales elaborada por la Policía: John Patrick Duffy, quien había sido arrestado por violar a su ex mujer tras su separación y trabajaba como carpintero del ferrocarril, lo cual le dejaba tiempo libre durante el horario laboral y, a la vez, explicaba su conocimiento de la red ferroviaria.

Resultado. Duffy fue juzgado por cuatro asesinatos y varias violaciones y condenado a cadena perpetua en febrero de 1988. Cuando el carpintero fue juzgado por violar a su ex mujer, vio a una de sus primeras víctimas, que lo miró directamente a los ojos sin reconocerlo. A partir de ese momento, decidió matar a sus víctimas para eliminar el peligro de que lo identificasen. En la cárcel admitió haber cometido otras 17 violaciones y un asesinato más.

CASO SACCO Y VANZETTI

Las balas en el lugar equivocado.

Sacco y Vanzetti asesinato conocer

Delito. Dos anarquistas fueron acusados de asesinar al encargado de los pagos de una fábrica de zapatos.

Prueba. La prueba crucial fue una bala del calibre 32 hallada en el cuerpo del guardia de seguridad asesinado. Nicola Sacco, un sospechoso habitual por sus actividades anarquistas, llevaba balas de ese tipo en el bolsillo. Su compañero, Bartolomeo Vanzetti, llevaba una 38 que la Policía dijo que le había robado a la víctima. En el microscopio, Calvin Goddard, de la Oficina de Balística de Nueva York, demostró que las acalanaduras y marcas provocadas por las estrías del cañón de la pistola coincidían en el caso de Sacco y la víctima.

Resultado. Sacco y Vanzetti fueron ejecutados en 1927, pero en 1977 el gobernador de Massachusetts publicó una proclamación de inocencia. Sin embargo, un equipo de peritos reexaminó las pruebas de balística en 1983 y confirmó que eran correctas. Lo que nadie pudo demostrar es que Sacco disparase. Para sus partidarios, los condenaron por sus ideas políticas.

CASO LITVINENKO

LONDON - APRIL 03: Marina Litvinenko, the widow of murdered former spy Alexander Litvinenko, sits under a image of her deceased husband at the launch of Alexander Litvinenko Foundation at the Royal United Services Institutes on April 3, 2007 in London, England. Marina Litvinenko, together with close friend Alex Goldfarb and Russian billionaire Boris Berezovsky, are setting the foundation up to aid the investigation into Mr Litvinenko's death. (Photo by Matt Cardy/Getty Images)

Polonio con extra de wasabi

Delito. Alexander Litvinenko, un destacado desertor ruso que vivía en Londres, fue envenenado con una dosis de polonio 210.

Prueba. Los exámenes de su cadáver mostraron la presencia de polonio 210 en la orina, un potente emisor de radiaciones alfa letales cuando el cuerpo de la víctima lo absorbe a través de comidas o bebidas contaminadas. La Policía encontró rastros de la sustancia en la casa del expatriado y en los lugares de sus últimas citas, incluido el restaurante japonés donde comió por última vez. La red se extendió cuando se hallaron rastros en los dos hospitales en los que había estado ingresado, en la oficina del magnate ruso exiliado Boris Berezovski y en dos aviones que habían volado entre Moscú y Londres.

Resultado. Se solicitó la extradición de Andrei Lugovoi, ex miembro del KGB que el día del envenenamiento se había reunido con Litvinenko, pero el Gobierno ruso se negó, alegando que su Constitución lo prohíbe expresamente. Lugovoi insiste en su inocencia.