¿Qué esconden los códices medievales? Descubrimos el mundo oculto tras los pergaminos del poder de hace 800 años, dominado por los monjes ilustrados, en una sociedad analfabeta. Por Suzana Mihalic

Un códice es un libro anterior a la invención de la imprenta y, por tanto, íntegramente manuscrito. Su producción está muy vinculada a la cultura medieval y está ligada especialmente, a la Iglesia. La liturgia y la hagiografía, la redacción en torno a las vidas de santos, constituyen dos de los principales géneros literarios de los códices, que a su vez documentan los principales derechos y privilegios de la Iglesia por entonces.

Los códices solo eran accesibles a los miembros de la Iglesia (por esa razón están hoy en las catedrales) y a la mayoría de los nobles en una sociedad generalizadamente analfabeta. El Tumbo A es, de hecho, una de las principales fuentes para la Historia Medieval no solo de Galicia, sino de la Península Ibérica. contiene copia de los principales privilegios concedidos por la monarquía de los reinos de Asturias, León y Castilla a la institución compostelana entre los siglos IX y XIII.

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Los códices contienen incluso consejos de ‘viaje’, como el Códice Calixtino, que incluye en su quinto libro la Guía del Peregrino a través del Camino de Santiago, un libro de propaganda de la catedral que ha alcanzado difusión mundial. En él se encuentran todo tipo de consejos para el viajante, descripciones de la ruta y lugares a lo largo del Camino una especie de Lonely planet medieval, pero también advertencias sobre los peligros de caer en manos de ladrones o de pueblos hostiles que le impidan a uno llegar a destino. En torno a la producción de estos volúmenes había toda una industria, siempre en manos de los monjes: el amanuense, el ilustrador, el encuadernador… Su esplendor se apagó hacia principios del siglo XVI, con la llegada de la imprenta. El mundo cambiaba y el manuscrito se rendía a la tinta impresa.

DESMONTANDO UN CÓDICE

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Íntegramente manuscritos, los códices eran realizados por los monjes, los únicos que de hecho accedían a ellos, además de contados hombres de la nobleza. El de esta imagen, el Tumbo A, es una de las principales fuentes para la Historia Medieval.

¿Cómo se realizaban?

Se escribían e ilustraban sobre pergamino y, generalmente cocidos, se los cubría con tapas duras de piel. Todo hecho a mano. Muchos dibujos inacabados demuestran que el proceso seguía un orden estricto. Primero se realizaba la escritura, luego las letras en mayúsculas y por último lo más complicado y laborioso: los dibujos. Así, un error en la escritura no obligaba a repetir las ilustraciones.

¿Por qué usaban capitales?

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Desde la época romana, los libros no tenían títulos y se escribían sin espacios y todo en mayúsculas, por lo que era preciso leer los textos en voz alta para poder entenderlos. De ahí las capitales que, aparte de una función decorativa, también ayudaban a distinguir las diferentes partes de un libro.

¿Quién los producía?

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Había toda una industria en torno a su producción, siempre constituida por monjes: desde el amanuense hasta el encuadernador… No se sabe cuántos años llevó la realización de cada códice, pero se cree que trabajaban en ellos al menos cuatro monjes. Otros códices, de los que se sabe que fueron realizados por una sola persona, tardaron hasta 30 años en ser terminados.:toda una vida si se tiene en cuenta la media de edad a la que entonces moría la gente.

¿Cómo se hacía el pergamino?

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Para refinar la piel animal sobre la que se escribiría, se la sumergía en agua fresca todo un día -en general, en un arroyo poco profundo o en un río-, lastrada por guijarros para que la corriente no se la llevara. Luego era trasladada en barriles de madera llenos de una solución de agua y cal (polvo de tiza). Esta abría los poros de la piel y ablandaba el pelaje, por lo que después de una semana era posible pulirla con una paleta de madera. La piel era enjuagada después con agua fresca durante dos días para eliminar los restos de cal. Una vez limpia, era tensada en un marco de madera.

¿Con qué material se realizaban los dibujos?

Con lápiz de plomo. Predomina el rojo hecho con minio, pigmento de óxido de plomo y origen de la palabra ‘miniatura’, que en realidad no se refiere al tamaño del dibujo como lo entendemos hoy, sino que significaba ‘rojo’. Para el azul se traía el lapislázuli de Afganistán, única fuente conocida entonces para lograr ese tono. Esto incrementaba el coste enormemente. Por ello, el Códice Calixtino, por ejemplo, no es un libro muy ilustrado.

¿Cuándo dejaron de hacerse?

Con la llegada de la imprenta, a finales del siglo XV, los códices fueron reemplazados por los libros. El Misale Auriensis, pese a no ser estrictamente un códice, pasa por ser, hasta hoy, el primer libro impreso en Galicia, en 1494, en Monterrey.

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¿Se los restaura?

A veces, sí, lamentablemente… El Libro IV del Códice Calixtino contiene una miniatura que representa el sueño de Carlomagno en el que al emperador se le aparece el apóstol Santiago para indicarle el camino de estrellas que lo llevará a Galicia a liberar a su tierra de los musulmanes. La miniatura sufrió una fatal restauración en Madrid en los cincuenta: Carlomagno desapareció de la imagen. Hoy solo está el apóstol junto a una cama vacía y una corona flotando en el aire sin cabeza debajo. En el Calixtino aparecen, además, anotaciones de los canónigos, prueba de que hasta el siglo XVI lo utilizaron regularmente.

¿Qué se utilizaba antes?

Los rollos. De allí procede la palabra ‘volumen’, de ‘dar vueltas’, hasta que en el siglo IV se inventa el códice, popularizado en la época medieval. El pergamino se utiliza hasta que aparece el papel. En España será en el siglo XI, pero su uso no llega a generalizarse entonces. Se sigue empleando el pergamino, que hace que la obra sea muy costosa por la cantidad de animales que hubo que sacrificar por libro y por su complejo tratamiento.

¿Cuánto vale un códice?

Difícil saberlo. Por ejemplo, el Códice Calixtino es de valor incalculable. No podría salir a subasta e incluso en el mercado negro tendría difícil comprador.