Es imposible entender los relatos de los hermanos Grimm sin su contexto histórico. Por E. Font

1. Nacionalismo. A comienzos del siglo XIX, la fiebre nacionalista bullía en Europa. Alemania era un mosaico de varios reinos y se hizo necesario construir la nación sobre la base de una lengua y una poesía comunes. Los Grimm creían que los relatos populares guardaban el ser primigenio de los alemanes y consolidarían el país.

2. Machismo. Las mujeres de sus cuentos son rencorosas, malvadas, vanidosas, crueles. Hansel y Gretel son abandonados por su madre en el bosque. Es más, es ella la que insiste en abandonarlos, pese a las protestas del padre. El cuento se adentra en otro tabú germánico aún más profundo. el canibalismo. Hansel debe sacar su dedo de la jaula para que la bruja compruebe si los niños están ya gordos como para sacrificarlos. Un canibalismo que fue común en la Guerra de los Treinta Años.

3. Nazismo. Los aliados consideraron que los cuentos de los hermanos Grimm fueron un caldo de cultivo perfecto para los delirios nazis. Por eso, los los prohibieron al final de la Segunda Guerra Mundial. El mayor británico T. J. Leonard, por ejemplo, pensaba que los alemanes habían acostumbrado a sus hijos “a toda suerte de crueldades y perversidades” , por lo que era fácil para ellos asumir el papel de verdugo . El escritor Günther Birkenfeld, llegó a atribuir a los cuentos “las atrocidades de Belsen y Auschwitz“.

4. Marxismo. Pese a ello, los cuentos fueron rehabilitados enseguida en la zona alemana de ocupación soviética. ¿La razón? La familia Marx los había tenido en muy alta consideración. En la RDA estaban considerados una herramienta educativa proletaria y activadora de la conciencia de clase.

5. Culto asiático. En China y Japón, los cuentos de los hermanos Grimm son tanto o más populares que en Alemania. Los asiáticos son los que más visitan su museo y los bosques que inspiran sus cuentos.