Dos submarinos nazis se rindieron en Argentina tras la capitulación alemana. Al primero, el ‘U-530’, le faltaba un bote. Al ‘U-977’, 16 tripulantes. ¿Habían desembarcado los jerarcas nazis en las costas del Mar de Plata?

Ningún mando del Ejército aliado supo, durante los últimos días de la guerra, dónde se escondía Adolf Hitler. Sólo después de la rendición alemana comenzó a crecer el rumor de que el führer había permanecido hasta el último momento en el búnker de la Cancillería, donde se habría suicidado junto con su esposa, Eva Braun, y la familia Goebbels.

El 9 de junio, un mes antes de la capitulación formal de Alemania, el mariscal soviético Giorgi Zucov, cuyas tropas habían ocupado el búnker berlinés del führer, ofreció una conferencia de prensa en la que afirmó que no habían encontrado el cuerpo de Hitler, el cual posiblemente habría conseguido escapar de Berlín y que, según los servicios de inteligencia del Ejército Rojo, a escasas horas de su supuesto suicidio, un submarino alemán se había hecho a la mar en Hamburgo llevando a una mujer entre su tripulación.

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Adolf Hitler  desapareció en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Su sucesor, Karl Dönitz (a la izquierda), rigió Alemania hasta su capitulación. A él le fue encomendada la operación Ultramar Sur. 

Apenas tres semanas después, el 22 de mayo, mientras transcurrían las últimas horas del gobierno del almirante Karl Dönitz, al que el desaparecido Adolf Hitler había nombrado sucesor, en Buenos Aires, Argentina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, Héctor Vernengo Lima, enviaba una comunicación secreta al ministro de Marina, Alberto Teissaire. En ella le anunciaba que varios submarinos alemanes estaban cruzando el Atlántico rumbo a Argentina.

El 26 de junio, la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires informó de que un submarino no identificado había sido visto en las costas argentinas mientras era reabastecido de combustible por un velero. De la nave, según el dossier, desembarcaron en un bote de goma un hombre y una mujer que fueron recibidos por un ciudadano alemán que los trasladó hasta una estancia en las inmediaciones.

Este dato coincide con un informe que el director del FBI, Edgar Hoover, recibió de un agente de contraespionaje en septiembre de 1944 titulado Posible vuelo de Hitler a la Argentina, en el que se mencionaba, como posible escondite, una estancia del conde de Luxburg, el encargado de las relaciones públicas del espionaje alemán desde la Primera Guerra Mundial.

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La flota de submarinos construidos entre 1939 y 1945 por el Tercer Reich fue su arma de guerra más poderosa. Y también, la mejor manera para que algunos mandos nazis escaparan tras la finalización de la contienda. Dos de ellos llegaron en el invierno austral de 1945 a Argentina con decenas de oficiales a bordo

‘Ultramar Sur, la última operación secreta del Tercer Reich’ es el título de la investigación de dos periodistas argentinos, Juan Salinas y Carlos Di Napoli, que reveló, por primera vez, documentación inédita de la rendición de los submarinos alemanes en las costas argentinas. Los autores accedieron a los interrogatorios de los marinos germanos por parte de la Marina argentina, pero no pudieron acceder a los documentos que Estados Unidos y el Reino Unido aún conservan sobre la operación Ultramar Sur, guardados como top secret, y que no se descalificarán hasta el año 2020. Salinas y Di Napoli trabajaron varios años para desentrañar las especulaciones acerca de que en los dos submarinos rendidos en las costas argentinas, el U-530, el día 10 de julio, y el U-977, el 17 de agosto, llegaron importantes jerarcas nazis y grandes tesoros procedentes del Tercer Reich.

Otto Wehrmut, que estaba al mando del U-530, afirmó en los interrogatorios que en su nave no viajó ningún mando alemán. ¿Mintió?

La tripulación del primer submarino que se entregó en Mar del Plata, el U-530, estaba compuesta por 53 marinos, en su mayoría indocumentados, a las órdenes del teniente de navío Otto Wehrmut, de 25 años. Los interrogatorios no lograron aclarar si en el submarino viajaban altos cargos alemanes, pero sí que en breve plazo se entregaría otra nave. El ministro Tessaire, en una rueda de prensa tras las pesquisas, comunicó que en el barco no se había hallado apenas documentación y que dada la juventud de la tripulación no parecía razonable que entre ellos se hubieran infiltrado jerarcas nazis.

Stalin nunca creyó en el suidicio del ‘führer’: “Hitler, no está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina”

La Armada argentina deseaba quedarse con la nave y el 12 de junio izó en su mástil la bandera nacional. Pero la reacción de Estados Unidos y Gran Bretaña fue fulminante: no sólo exigieron la entrega inmediata del submarino, sino también de la tripulación. Ante el ultimátum, el Gobierno argentino puso a la nave a disposición de Estados Unidos e Inglaterra. Era el 17 de julio, el mismo día que se iniciaba en Postdam la cumbre de los vencedores para tratar la posguerra. Durante uno de los cócteles que tuvo lugar en la cumbre, el secretario de Estado norteamericano Jimmy Byrnes se acercó al líder ruso Joseph Stalin y, tras brindar con él, le preguntó si creía que Hitler estaba muerto, a lo cual Stalin respondió: «No está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina».

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El 10 de julio y el 17 agosto de 1945, las naves U-530 y U-977 arribaron a Mar de Plata (Argentina). Sus tripulaciones, compuestas por oficiales nazis, se entregaron. No iban llenos, lo que hace sospechar que desembarcaron a algunos pasajeros.

Al ‘U-530’ le faltaba un bote de goma. Uno similar se encontró en las cercanías de Necochea, una playa del sur de la provincia de Buenos Aires. Un despacho de la agencia UP fechado el 18 de julio en Londres dejó a la prensa mundial sin habla: «En las esferas oficiales de esta capital se afirma que Hitler desembarcó en Argentina el 30 de junio transportado por el U-530».

Los aliados, para confirmar este hecho, no tuvieron mejor idea que preguntar a los oficiales alemanes detenidos. Eberhardt Godt, el histórico lugarteniente de Dönitz, afirmó: «Si se hubieran hecho preparativos para sacar a Hitler de Alemania, yo me habría enterado».

El 27 de julio, con el U-530 camino de Estados Unidos para ser entregado, un nuevo submarino fue avistado en la costa Argentina. Ante la denuncia de varios vecinos y del personal costero, la Policía salió a recorrer la zona y tras varias horas de búsqueda encontraron a un hombre que respondía a unas señales luminosas lanzadas desde el mar. Lo arrestaron de inmediato. En la comisaría se identificó como ciudadano alemán, artesano de profesión y admitió que la nave era un submarino que se disponía a desembarcar. Horas más tarde, ya de madrugada, se rastreó la costa y se encontraron huellas humanas que iban y venían de la costa hasta la entrada de una finca. A su entrada, cuatro hombres que hablaban en alemán, con ametralladoras en las manos, echaron a los policías por no llevar órdenes de registro. Varias horas después, el jefe de la Policía provincial llamó personalmente y ordenó «dejar sin efecto la búsqueda y alejarse de la finca de inmediato».

El segundo submarino, el ‘U-977’, al mando de Heinz Schäffer, finalmente se entregó en mar del Plata el 17 de agosto. Habían pasado tres meses desde su partida de un puerto noruego. El U-977 tenía 16 plazas libres, lo que provocó todo tipo de suspicacias y dio aún más fuerza a las versiones de los desembarcos anteriores a la fecha de su rendición. Tras su entrega en Mar del Plata, toda la tripulación fue conducida a Estados Unidos donde los oficiales fueron acusados de colaborar con la fuga de Hitler y Eva Braun. Pero aunque en 1947 los marinos fueron liberados, el contenido de los interrogatorios ingleses y estadounidenses fue declarado secreto.

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La historia oficial afirma que el führer y su mujer Eva Braun se suicidaron junto con la familia Goebbels en el búnker de la Cancillería en Berlín. Pero una investigación señala que Hitler pudo escapar de Alemania en un submarino y vivir en Argentina hasta su muerte.

La documentación, que se conserva lejos del alcance de los investigadores, es copiosa. «Estamos convencidos -aseguraban Salinas y Di Napoli- de que la expedición sirvió para allanar el camino de los fugitivos y dejar cortinas de humo sobre su rastro». Aunque se desconoce la identidad de los jefes nazis que pudieron desembarcar en Argentina en esa fase final de la operación Ultramar Sur, los sospechosos obvios, además de Adolft Hitler y Eva Braun, eran Martin Bormann, secretario privado del führer, Heinrich Muller, jefe de la Gestapo, y un conjunto de jefes nazis de segunda línea. Seguramente, en 2020, cuando los documentos de los interrogatorios americanos e ingleses sean desclasificados, se escribirá el capítulo final de esta historia. Hasta entonces, quedan muchos interrogantes por desvelar.

Eichmann, Menguele y Priebke tres oficiales con identidades falsas

En agosto de 2003, el Gobierno argentino ordenó investigar la destrucción de unos dossieres que revelaban la identidad de 49 jerarcas nazis que llegaron al país al término de la guerra, entre ellos, Adolf Eichmann, Josef Menguele y Erich Priebke. Todos ellos entraron en el país bajo los nombres falsos de Ricardo Klement, Helmut Gregor y Otto Pape. En 1960, tras una infiltración del servicio secreto israelí, Eichman fue llevado a Israel, donde fue juzgado y condenado a la horca. En el caso del médico Joseph Menguele, la historia oficial relata que ingresó en Argentina como ciudadano italiano, que en 1960 se refugió en Paraguay y que en 1979, a los 79 años, falleció en Brasil. En el caso de Erich Priebke, que se ocultó como Otto Pape, la justicia italiana lo condenó a cadena perpetua por el asesinato de 335 ciudadanos de ese país en las Fosas Ardeatinas y finalmente logró extraditarlo a Italia en 1994.