Mito y emblema de una generación, tomó las armas para luchar por su sueño: los derechos de los desheredados. Por D. S. 

Sobre la mesa de piedra, todavía encima de las parihuelas en que le habían conducido hasta la casa, yacía un cadáver. Le faltaba la característica gorra con la estrella que lucía en los pósters que colgaban por medio mundo, y su boca no sostenía el inseparable habano, pero, muerto y todo, era inconfundible: Ernesto Che Guevara. Fue el final de la guerrilla que el Che había organizado en la región boliviana de Ñancahuazú, desde donde pretendía irradiar la revolución a toda Suramérica.

Che Guevara
Ernesto Guevara nació en Rosario, Argentina, en 1928. Contaba, por tanto, 39 años cuando fue asesinado por el capitán Gary Prado. Estudió en Buenos Aires y se pasó cerca de dos años deambulando por Hispanoamérica con el propósito de conocer su situación social. Lo que quizá, en principio, fue sólo curiosidad e inquietud se convirtió en obsesión revolucionaria: lucha por los derechos de los desheredados y contra el capitalismo estadounidense y sus continuas ingerencias al sur del río Grande. Así, en 1954 se hallaba en Guatemala, luchando junto a Jacobo Arbenz contra la invasión estadounidense y un año después estaba en México con Fidel Castro organizando un grupo armado que pudiera alcanzar Cuba.

Padeció de asma desde los dos años, estudió Medicina y en calidad de médico se alistó en la guerrilla de Fidel Castro

En 1956 se contaba entre los 82 expedicionarios del Gramma, donde tenía asignado el papel de médico, pero el grupo fue aniquilado en un cañaveral de la provincia cubana de Oriente. En medio del tiroteo Guevara hubo de elegir: «Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas. Las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila, para atravesar el claro que me separaba de las cañas». Había optado por la acción y poco después operaba como guerrillero contra el régimen de Batista.

Se casó dos veces y tuvo cuatro hijos. Apasionado del ajedrez, siempre llevaba consigo un tablero y las piezas necesarias para jugar

Organizó la entrada victoriosa de Fidel en La Habana. Un año después, los guerrilleros castristas disponían de suficiente gente como para organizarla en columnas, de jefes fogueados -entre los que se hallaba el comandante Guevara- y de apoyos por toda Cuba, hasta el punto de que en la primavera de 1958 tenían abiertos tres frentes de lucha y disputaban la provincia de Oriente a las tropas del Gobierno. El avance revolucionario era tan evidente que Batista decidió extirparlo de un golpe: concentró sus mejores fuerzas y expulsó del llano a los guerrilleros, acorralándolos nuevamente en la sierra Maestra y reduciéndolos a unos 300 efectivos. Pero los hermanos Castro, Guevara y Camilo Torres se reorganizaron y, amparados en el mejor conocimiento del terreno, contraatacaron. El 3 de enero de 1959, Cienfuegos y Guevara entraron en La Habana y organizaron la ciudad y la recepción triunfal a Fidel Castro, que llegó a la capital el 8.

Escribió un manual del revolucionario y al comienzo de la revolución cubana fue presidente del Banco Nacional y ministro de Industria

Tras la victoria revolucionaria, Guevara, que comenzó a firmar los documentos oficiales como Che, desempeñó cargos administrativos, desde jefe del Departamento del Instituto Nacional de la Reforma Agraria -desde el que suprimió los latifundios, nacionalizó gran parte de la tierra y estableció un máximo de 400 hectáreas para la propiedad privada- hasta ministro. Para entonces se advertían ya claramente las dificultades económicas que le aguardaban a la Cuba castrista por su confrontación con Estados Unidos. Además de la ideología, en las nacionalizaciones cubanas perdieron los estadounidenses bienes valorados en unos 5.100 millones de dólares y la revolución ahuyentó a muchos cubanos hacia Estados Unidos, causando un doble problema: el empobrecimiento humano de Cuba y la creación en Florida de un poderoso grupo anticastrista.
En el fracaso de los opositores cubanos patrocinados por Estados Unidos, en la bahía de Cochinos, estuvo también el Che como comandante del Ejército Revolucionario. A partir de entonces, La Habana estrechó relaciones con Moscú, que comenzó a instalar en la isla una red de cohetes apuntados contra Estados Unidos. En octubre de 1962 se produjo la llamada «crisis de los misiles», en la que el mundo estuvo a punto de vivir una guerra nuclear, que se evitó porque el líder soviético, Kruschev, accedió a retirar los misiles de Cuba, cosa que indignó tanto a Castro como a Guevara.

Entre 1963 y 1965, el Che evolucionó hacia el idealismo revolucionario, mientras su jefe y amigo, Fidel Castro, se afirmaba más y más en una política posibilista. Quizá fue eso lo que les distanció, aunque los motivos concretos jamás los aclararon. Sea como fuere, en la primavera de 1965, Ernesto Che Guevara desapareció.

Localizado por la CIA, fue asesinado en una escuela. A comienzos de 1966 se le vio combatiendo en el Congo. Quizá a causa de presiones de China, Guevara hubo de abandonar África y se le vio por última vez en La Habana en marzo de 1966. Allí preparó la operación de Bolivia, viejo sueño que encajaba en su propósito de extender la guerra contra Estados Unidos: «¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y de tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo», escribió.

La CIA detectó al Che en Bolivia a finales de 1966 y Washington envió boinas verdes para instruir a los rangers nativos. En octubre de 1967, los guerrilleros fueron localizados y cercados. Trataron de escapar, pero sólo lo lograron unos pocos. Los heridos, el Che entre ellos, fueron trasladados a la escuela de Higueritas, donde les asesinaron la noche del 9 al 10. Sus restos, hallados en 1997, fueron trasladados a Cuba, que les tributó un homenaje nacional el 9 de octubre de 1997.

LUCES

  • Era un idealista, tan generoso con la revolución como exigente con quienes le rodeaban.
  • Fue un revolucionario más que un político y un hombre de acción más que un ideólogo.
  • Joven, generoso y dinámico, fue el héroe de una generación airada y el inventor del trabajo voluntario para construir infraestructuras en Cuba.

SOMBRAS

  • Carecía de la habilidad y el realismo para afrontar la planificación política y resolver los problemas reales.
  • No llegó a darse cuenta de que el triunfo revolucionario en Cuba no era fácilmente exportable a las selvas andinas.
  • Desprestigiado el comunismo y fracasado su modelo de revolución, del Che sólo quedan hoy pósters amarillentos y la leve estela de un mito.