El 21 de octubre de 1805, la flota hispanofrancesa al mando del almirante Villeneuve sufrió su más sonora derrota. Por Juan Eslava Galán

Arturo Pérez-Reverte, en su novela, ‘Cabo Trafalgar’, recreó los momentos más importantes del combate que hundió las aspiraciones imperiales de Napoleón, que supuso el declive colonial español y que encumbró a los británicos como la nueva potencia mundial.

Un héroe y un culpable

Pierre Villeneuve al frente de la flota francoespañola, sabía que había sido destituido por Napoleón. Por eso no escuchó las voces que le aconsejaban no entrar en la batalla. Sólo una victoria podría mantenerle en su puesto. Horatio Nelson, al frente de la flota inglesa, supo aprovechar los intereses personales del francés y vencer.

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Almirante Nelson

¿Qué planeaba Napoleón?

Para someter a Inglaterra, Napoleón necesitaba trasladar su Ejército a Gran Bretaña. Para ello debía alejar a la poderosa flota inglesa del canal de la Mancha. Con este objetivo sacó a la mar los barcos franceses aislados en los puertos atlánticos como si los enviara a América. Los ingleses mordieron el anzuelo y abandonaron las aguas del canal para perseguir a los fugitivos, pero después descubrieron la estratagema y abortaron el plan de Napoleón. Entonces, el almirante francés Villeneuve adoptó el plan alternativo, consistente en llevar la escuadra al Mediterráneo para apoyar las operaciones de Napoleón en Italia. Al final, la flota inglesa bloqueó los barcos aliados en el golfo de Cádiz. Villeneuve, avisado de que Napoleón iba a destituirlo, sacó su escuadra a la desesperada y se enfrentó a la inglesa frente al cabo Trafalgar.

¿Por qué perdimos?

España había decaído como potencia marítima en el siglo XVII. Sin embargo, la defensa de su gran imperio colonial exigía una flota potente. En el siglo XVIII, las menguantes finanzas de la Corona no permitían construir una flota que rivalizara con la inglesa o la francesa, pero sí una flota que, aliada a uno de los dos colosos, le asegurara la supremacía marítima. Aun así, los nuevos gobiernos descuidaron el mantenimiento de los barcos.

Los ingleses contaban con menos navíos que los aliados, pero sus artilleros, mejor entrenados, empleaban la mitad de tiempo que franceces y españoles en disparar los cañones

En 1791 había 75 navíos de línea operativos. Diez años después, sólo 53, y muchos de ellos adolecían de graves deficiencias. Las tripulaciones estaban mal pagadas y no se entrenaban por falta de presupuesto. «No hay dinero ni para un barril de brea», se quejaba un oficial. La Marina francesa tampoco vivía su mejor momento. Durante la revolución, muchos oficiales de alto rango que pertenecían a la nobleza habían sido ejecutados, y sus sustitutos carecían de experiencia. Por el contrario la Marina inglesa tenía barcos mejor diseñados y tripulaciones bien entrenadas.

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¿Cuántos barcos lucharon?

Aunque los ingleses contaban con menos navíos que los aliados, su potencia de fuego era mayor, ya que sus artilleros, mejor entrenados, eran capaces de limpiar el cañón, recargarlo y dispararlo en poco más de un minuto, menos de la mitad del tiempo que empleaban los franceses o los españoles en realizar la misma operación. La flota francoespañola estaba compuesta por 33 navíos (18 franceses y 15 españoles), mientras que la inglesa constaba de 27. La flota aliada sumaba 2.856 cañones, frente a la inglesa que sumaba sólo 2.314. En la batalla, Francia perdió 13 de sus 18 navíos y España diez de sus 15 navíos; Inglaterra sólo perdió cinco. Por la parte francoespañola hubo 4.400 muertos, 3.700 heridos y 7.000 prisioneros; por la inglesa, 450 muertos y 1.200 heridos.

¿Qué fue el ‘Nelson’s Touch?

En el siglo XVIII, los navíos solían combatir en fila india y bastante próximos para evitar que un barco enemigo los cañonease por la popa o por la proa y sus bombas recorriesen todo el interior del navío. En Trafalgar, la flota francoespañola formaba la acostumbrada línea de combate: una fila de barcos de 12 kilómetros de longitud. Nelson la atacó con dos columnas que incidieron perpendicularmente sobre la línea enemiga. Después de esta maniobra, que fragmentaba y desorganizaba al adversario, sólo tenían que recorrer la línea venciendo al enemigo barco a barco. El plan exponía sus barcos al fuego enemigo durante 20 minutos, pero Nelson conocía las deficiencias del adversario y se permitió el lujo de despreciar el peligro. Villeneuve, cuando advirtió la maniobra, dio orden de virar e invertir el sentido de la marcha, la clásica contramedida para evitar que lo envolvieran por la retaguardia. La maniobra, torpemente ejecutada, dejó portillos al enemigo. Churruca, al oír la orden, murmuró: «Nos ha perdido a todos».

¿Qué significó esta batalla?

Cuando tuvo noticia de la derrota de Trafalgar, Napoleón murmuró: «Guardad esos mapas [los de Inglaterra]: no los necesitaremos en diez años». El aniquilamiento de la flota aliada alteró decisivamente los planes napoleónicos de invadir Inglaterra y controlar su imperio. El mismo plan que los ingleses abortaron a Felipe II de España (la Armada Invencible, que en realidad fueron varias) y a Hitler, que tuvo que aplazar sine die la proyectada invasión tras fracasar en la batalla de Inglaterra.