El legendario espía británico Oswald Rayner fue el que pegó el tiro de gracia a Grigori Yefímovich Rasputín. Por José Segovia

Eso es lo que se aseguraba en el programa Timewatch, de la BBC, en 2010. Los rumores de que los servicios secretos británicos estaban implicados en el asesinato comenzaron a circular días después de producirse, cuando Rasputín fue enterrado, en 1917, hace ahora cien años.

Lo envenenaron, pero Rasputín no se moría

Este monje de origen campesino ingresó en la secta cristiana Jlystý (flagelantes), cuyos miembros creían que el dolor encaminaba a la fe verdadera. En sus reuniones, los militantes se fustigaban a latigazos para luego practicar sexo en orgías multitudinarias. Sin formación alguna, Rasputín viajó a Petrogrado (San Petersburgo), donde logró introducirse en palacio y seducir a la zarina Alejandra gracias a su mirada penetrante y a sus supuestas habilidades como curandero.

El estallido de la Primera Guerra Mundial no solo puso a Rusia contra las cuerdas, sino también al propio Rasputín, que fue acusado de ser un agente a favor de Berlín. El origen alemán de la zarina y la influencia que ejercía el monje sobre ella y sobre su esposo, el zar Nicolás II, animó a varios nobles a elaborar un complot para acabar con él.

La madrugada del 30 de diciembre de 1916, el príncipe Yusupov llamó a Rasputín con el pretexto de que su esposa, Irina, deseaba verlo. En realidad, quien lo esperaba era el propio Yusupov y el parlamentario Vladímir Purishkévich. Ambos trataron de envenenarlo, pero el monje se resistió a morir. Sus propios verdugos contaron que finalmente efectuaron varios disparos para acabar con su vida y que arrojaron su cuerpo a las heladas aguas del río Neva.

Al parecer, en la escena del crimen estuvo presente Oswald Rayner, un agente de la inteligencia británica que trabajaba con un oficial llamado John Scale. Investigadores del programa de la BBC obtuvieron de los herederos de Scale varios documentos en los que el oficial se refiere a Rasputín como la encarnación de «fuerzas oscuras». Cabe recordar que en aquel momento seguía su curso la Primera Guerra Mundial y que Rusia y Gran Bretaña luchaban juntas contra Alemania. Es probable que Londres decidiera involucrarse en ese asesinato para evitar que Rasputín convenciera al zar de firmar unilateralmente la paz con el káiser.

Sospechas en palacio

Días antes del asesinato de Rasputín, la zarina Alejandra había oído rumores sobre la intención de los servicios secretos británicos de matar a su reverenciado monje.

La conexión británica

En sus memorias, el príncipe ruso Yusupov reconoce que había informado del complot al agente británico Oswald Rayner, con el que había coincidido en la Universi-dad de Oxford durante su juventud.