En 2018 se cumplen cuarenta años de la abolición de la pena de muerte en España. Con ese motivo rescatamos la historia del garrote de ajusticiar, un invento que nos retrotrae a tiempos por fortuna superados. Por Juan Eslava Galán / Fotos: AGE / Getty Images 

El 2 de marzo de 1974 se realizaron las dos últimas ejecuciones con garrote practicadas en España, la del anarquista Puig Antich en Barcelona, con el modelo ‘de corredera’ de la Audiencia de Madrid, y la del vagabundo alemán Georg Michael Welzel en Tarragona, con el garrote ‘de alcachofa’ de la Audiencia de Sevilla.

El garrote permitía al reo morir sentado, en contraste con el degradante pataleo del ahorcado

El verdugo que ejecutó a Welzel, José Moreno Moreno, llevaba varios años cobrando la nómina como ejecutor de la Audiencia, pero no tenía experiencia alguna ni nadie le había explicado el funcionamiento del garrote. Después de examinar el artilugio concluyó erróneamente que aquello se ponía en torno al cuello del reo y se giraba la manivela hasta que los dientes de la alcachofa penetraban en su cerebelo. «Lo mismo que cuando se apuntilla a un toro» -comentó al ujier de la Audiencia que le entregaba el aparato-.

Confortado por la ingestión de coñac y moscatel, el condenado se dejó atar de pies y manos a una silla. Había una docena de personas presentes, pero ninguna cayó en que faltaba el imprescindible poste en el que se debe apoyar el garrote. Tampoco disponían de la preceptiva capucha con la que cubrir la cabeza del reo, pero la improvisaron con la funda de un cojín.

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Garrote de corredera de la Audiencia de Madrid con el que el 2 de marzo de 1974 se ejecutó a Salvador Puig Antich, militante anarquista que había dado muerte a un policía. Lo ejecutó Antonio López Guerra.

A las nueve en punto, don Gregorio Mesquida -director de la prisión- ordenó la ejecución. José Moreno extrajo el garrote de su envoltorio. Si pretendía accionar el manubrio con ambas manos, lo que parecía obligado, tenía que contar con el concurso de alguien que lo sostuviera a la altura adecuada. Dos funcionarios de prisiones fueron reclutados como improvisados ayudantes. Situados a ambos lados de la silla sostendrían en vilo las guías del garrote «para que esté derecho y no se mueva mientras yo le doy a la manivela».

Había tres tipos de garrote, noble, ordinario y vil, según la categoría del ajusticiado

Nervioso, Welzel respiraba dificultosamente dentro de la cretona. José Moreno Moreno accionó el manubrio. La alcachofa avanzó rápidamente hasta la parte posterior del cuello y se clavó en la carne. El desventurado Welzel aullaba intentando incorporarse. El verdugo presionaba con el aparato para evitarlo. Se hizo evidente que el artilugio no apretaba lo suficiente para quebrar el cuello del reo. Para complicar las cosas, uno de los funcionarios que aguantaban el aparato sufrió un ataque de histeria. José Moreno Moreno culpaba de su incompetencia al cuello del reo, que era demasiado estrecho. El comandante Muro le zanjó el razonamiento con una sonora bofetada.

Algo había que improvisar. José Moreno Moreno desmontó el garrote y estrechó el corbatín añadiéndole un taco de madera. La operación se demoró un cuarto de hora mientras el reo gemía y sangraba. José Moreno volvió a colocar el garrote. Después de otros veinte minutos de padecimiento cesaron los estertores de Welzel. El médico certificó su defunción.

Que nadie cuente lo que ha ocurrido aquí, o se atenga a las consecuencias– advirtió la autoridad competente.

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14 de junio de 1884. Siete braceros son ejecutados con garrote vil en Jerez de la Frontera, acusados de supuestos crímenes en nombre de una sociedad secreta anarquista llamada La Mano Negra

El garrote se despedía de España. A los cuarenta años de la abolición de la pena de muerte en España (por la Constitución de 1978), algunas Audiencias españolas comienzan a rescatar de sus trasteros los garrotes de ejecutar y los exhiben en vitrinas.

El garrote forma parte de la leyenda negra que proclama en el extranjero la crueldad de los españoles. Sin embargo, en un principio se consideró una forma de ejecución humanitaria que ahorraba sufrimientos al reo.

Una aportación española

A finales del siglo XVIII, los franceses habían humanizado sus ejecuciones mediante la guillotina; y los ingleses habían adoptado el ahorcamiento con «caída larga» que desnucaba al reo en lugar de asfixiarlo. Con el mismo propósito humanitario España sustituyó la horca por el garrote a fin de que «el suplicio de los delinquentes no ofrezca un espectáculo demasiado repugnante a la humanidad y al carácter generoso de la Nación Española». En ello coincidieron los dos bandos de la guerra de la Independencia, tanto el francés (Real Decreto de José I del 19 de octubre de 1809) como las Cortes de Cádiz (enero de 1812). Aparte de la intención humanitaria es posible que el legislador valorara que el garrote contribuiría a evitar los fraudes. Ocurrían demasiados ahorcamientos fa­llidos por rotura de cuerda o quebranto de palo, en cuyo caso era costumbre indultar al reo. La justicia comenzó a sospechar que el reo o sus deudos sobornaban al ejecutor.

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Dibujo en color basado en el aguafuerte ‘El agarrotado’, que Francisco de Goya creó, se estima, entre 1778 y 1785. En ‘Los desastres de la guerra’, Goya ilustró otra muerte por garrote en ‘Por una nabaja’

Fernando VII, en desacuerdo con toda disposición liberal, reinstauró la horca para el villano (decreto del 4 de mayo de 1814), pero finalmente cedió a la presión social y determinó la definitiva adopción del garrote en 1832: «Para señalar con este beneficio la grata memoria del feliz cumpleaños de la Reina mi muy amada esposa; y vengo en abolir para siempre en todos mis do­minios la pena de muerte por horca; mandando que en adelante se ejecute en garrote ordinario la que se imponga a personas de estado llano; en garrote vil la que castigue los delitos infamantes sin distinción de clase; y que sub­sista, según las leyes vigentes, el garrote noble para los que correspondan a la de hijosdalgo».

¿En qué se diferenciaban los tres garrotes: noble, ordinario y vil? Solamente en el atrezo. Los nobles hacían el paseíllo de la prisión a un cadalso adornado con paños negros a caballo y sin maniatar. Los condenados a garrote ordinario iban en asno o mula, y encontraban el cadalso desnudo, sin paños. A los condenados a garrote vil el mulo o el asno los arras­traba dentro de un serón de esparto y su tablado era más bajo que el ordinario.

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En ‘A garrote vil’ (1894), Ramón Casas pintó la ejecución de Aniceto Peinador, de 19 años, ajusticiado en público en 1893, en Barcelona, tras una acusación de asesinato

Fuera noble, ordinario o vil, a la postre, el reo se encontraba ante el mismo collarín metálico. La absurda distinción, heredera del Antiguo Régimen, se abolió en 1848.

¿Cómo funcionaba el garrote?

El garrote primitivo era un simple torniquete de cuerda que estrangulaba a la víctima. El verdugo solía ayudarse de un poste a través del cual pasaba la soga, para inmovilizar al condenado. El moderno, el metálico, el artilugio que aplasta el cuello del condenado hasta reducirlo a un par de centímetros de espesor, se menciona por vez primera en 1651: «Un instrumento ingenioso compuesto de dos mitades metálicas, que el ejecutor junta dando vueltas al tornillo y en un abrir y cerrar de ojos se está en la otra vida».

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Ajusticiamiento por garrote en Filipinas, hacia 1880, con el método español. Imagen recogida en el libro ‘Escenas en Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Hawái y escenas relacionadas con los soldados’, de 1902

Estos primeros garrotes eran del modelo llamado ‘de alcachofa’: una manivela accionaba un tornillo que retraía una pieza móvil hasta aplastar contra el poste el gaznate del condenado sin efusión de sangre.

Este garrote permaneció inalterado durante tres siglos, y después coexistió con el garrote moderno o ‘de corredera’, aparecido hacia 1880 en el que el collarín presiona contra un marco de hierro. El resultado es el mismo: aplastamiento de la garganta incluso triturando las vértebras.

Diversos modelos, mismo fin

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Gregorio Mayoral (1863-1928), un famoso verdugo de Burgos, ideó un garrote cuyo tornillo atravesaba el poste y empujaba el cuello del reo hacia el corbatín, de atrás hacia delante, al contrario de los garrotes convenciona­les. Lesionaba así di­rectamente el bulbo raquídeo, sec­cionando incluso la médula espinal, lo que acarreaba una muerte fulminante. Otro tipo de garrote empezó a usarse en la Audiencia de La Habana hacia 1880. Se trataba de un garrote más evolucionado que los convencionales. En él, un potente tornillo de hasta seis pasos accionaba el corbatín contra una cogotera fija, de acero, en forma de media luna que comprimía la base del cráneo, a la altura de la primera vértebra, lo que aseguraba el desnucamiento.

La muerte de Antich

conocer, historia, garrote vil, xlsemanal (7) El 2 de marzo de 1974, Antonio López Guerra, titular de la Audiencia de Madrid, ejecutó a Salvador Puig Antich, militante anarquista, condenado por matar a un policía. Un funcionario de prisio­nes, testigo presencial, relató así la ejecución. «El verdugo comenzó a arremangarse y dijo algo así como ‘venga, que vamos a terminar rápido’. Entonces hicieron sentar a Salvador en un sillón de los que corrían por la prisión. Él no quería que lo ataran ni que lo enca­pucharan, pero el verdugo dijo que sí, y le puso la capu­cha y lo ató a la silla. Luego se puso detrás, dio dos o tres vueltas y ya estuvo. El sacerdote decía unas plegarias y de los demás no se movía nadie. La ejecución no pro­duce prácticamente ningún ruido. El verdugo le quitó luego los trastos del cuello, le quitó la capucha y lo cogió en brazos para, con ayuda de algunos funcionarios, po­nerlo en un ataúd que estaba preparado al lado».


PARA SABER MÁS

Verdugos y torturadores, de Juan Eslava Galán, 1989, Temas de hoy