Lo ideó un estudiante de medicina. Todavía no está claro si es un invento revolucionario o un impreciso indicador de ansiedad. Por Nacho Carretero

El polígrafo, llamado de forma lírica ‘máquina de la verdad’ o ‘detector de mentiras‘, fue ideado por John A. Larson -estudiante de Medicina de la Universidad de California- e inventado tal y como lo conocemos hoy por Leonarde Keeler -del departamento de Policía de Berkeley, también en California-.

El aparato mide las respuestas fisiológicas de una persona al responder a preguntas. Se registran la presión arterial, el ritmo cardiaco y la respiración. Si los resultados son muy variables, se considera que la persona miente: se sustenta en la teoría de que las emociones tienen reacciones fisiológicas, algo no demostrado científicamente.

El polígrafo se basa en que el mentiroso se pone nervioso por miedo a que le pillen. ¿Qué ocurre si la persona se pone nerviosa por otros motivos? Uno de ellos podría ser el temor a no superar la prueba. Los críticos con el polígrafo argumentan que la reacción de cada individuo ante la misma pregunta puede ser distinta, sea verdad o mentira. En los Estados Unidos las agencias federales y la Policía de muchos estados aceptan el polígrafo como prueba forense. En Europa está menos extendido y su uso, normalmente, se limita a la psicología clínica para detectar ansiedad.

Momentos estelares del polígrafo

El primer tropiezo. En 1922, la Policía de San Francisco sospechaba que Henry Wilkens había contratado a unos matones para asesinar a su esposa. Se utilizó el recién inventado polígrafo. Wilkens superó la prueba y quedó en libertad. Poco después, el asesino fue detenido y confesó haber sido contratado por Wilkens.

El espía que burló al detector. El agente doble Aldrich Ames fue sometido por la CIA al polígrafo. Hizo dos pruebas, en 1985 y 1991, superó las dos y la Inteligencia estadounidense lo dejó en paz. Años después reveló que trabajaba para la URSS cuando le hicieron los interrogatorios.

Un inocente salvado. El guardia de seguridad Richard Jewell fue encarcelado tras los dos muertos y más de cien heridos que provocó una bomba en un parque de Atlanta durante los Juegos Olímpicos de 1996. El polígrafo demostró su inocencia, Jewell abandonó la prisión y fue absuelto.

Onda P300, ¿el polígrafo del futuro? Este detector registra la actividad microeléctrica de la mente después de someterla a estímulos. En España se utilizó con Miguel Carcaño, el asesino confeso de Marta del Castillo, pero sus reacciones neuronales no aclararon nada.