El doctor Noguchi tuvo el privilegio de ejercer la medicina forense en Los Ángeles entre 1961 y 1982. Por sus manos pasaron las vísceras de Marilyn Monroe, Natalie Wood, Sharon Tate o Robert Kennedy. Conocido como «el forense de las estrellas», no pasará a la historia como un hombre discreto. Por I.N

La mañana del 5 de agosto de 1962, el doctor Noguchi recibió una llamada para que se encargara de la autopsia de Marilyn Monroe. «Ni por un segundo pensé que se podía referir a la estrella de cine, creí que se trataba de otra mujer que se llamaba igual.» Pero era ella. «El cadáver estaba cubierto por una sábana blanca. Lo destapé lentamente y comencé el examen: primero busqué alguna marca del pinchazo mediante el que se habrían administrado las drogas. También buscaba cualquier signo de violencia. No hallé ni una sola marca de aguja, pero sí hematomas que podían indicar violencia.»

A finales de los años 50, la carrera de Marilyn empezaba a languidecer: El multimillonario y Vidas rebeldes se habían estrellado en taquilla. Su matrimonio con Arthur Miller había fracasado, su vida encadenaba un fiasco tras otro, con varios abortos y la noticia de que no podría tener hijos. En medio de ese panorama, la irrupción de los dos hermanos Kennedy en su vida debió de resultar mágica y estimulante.

El problema es que Marilyn no era una mujer “manejable”. Los grandes hombres se asustaron de su inestabilidad. Ese fue el inicio de sus llamadas telefónicas «perturbadas» a Bobby Kennedy. Llamaba constantemente, desesperada, hasta que el político dejó de ponerse. En ese punto, Marilyn cayó en una depresión profunda y su psiquiatra, el doctor Ralph Greenson, le recomendó que contratara a una enfermera-asistenta, Eunice Murray, para que cuidara de ella.

“La muerte de Marylin todavía me plantea incógnitas: por ejemplo, ¿qué causó el hematoma de su cadera?

Y, sin embargo, la mañana del 4 de agosto de 1962 parecía contenta y se levantó más pronto de lo habitual. Cubierta con una bata azul, dio muestras de un humor inmejorable. Monroe permaneció en bata todo el día y se pasó la mayor parte del tiempo en la cama pegada al teléfono. La señora Murray no apreció ningún indicio de depresión suicida y, de hecho, a las siete y media de la tarde la oyó reírse mientras charlaba por teléfono con el hijo de Joe DiMaggio. No obstante, y este es uno de los elementos más extraños del caso, media hora después Marilyn agonizaba. Lo sabemos gracias a una llamada que la actriz recibió, en torno a las ocho de la noche, de Peter Lawford -cuñado de Kennedy-, que solía hacer de alcahuete del presidente. Según Lawford, Marilyn arrastraba las palabras y le dijo: «Dile adiós a Pat [su agente], dile adiós al presidente, y adiós a ti también porque has sido un buen chico», y colgó. Alarmado, Lawford llamó al agente de la actriz, que a su vez telefoneó a la señora Murray. Sin embargo [cosa rara], la enfermera no entró en la habitación: dio por hecho que no había ningún problema porque la luz estaba encendida. En algún momento de la noche se despertó, advirtió que la luz seguía igual y empezó a preocuparse. No pudo abrir la puerta, y llamó a Greenson, el psiquiatra, quien tuvo que romper una ventana para poder entrar. Y aquí llega otra incógnita. Greenson encontró el cadáver a las doce y media de la noche, pero llamó a la Policía a las cuatro y media de la madrugada. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió durante ese tiempo? ¿Alguien destruyó pruebas?

adaver de Marilyn Monroe

«El cadáver estaba cubierto por una sábana blanca. Lo destapé lentamente y me detuve. Me costó unos instantes hacerme a la idea de que estaba contemplando el rostro de la verdadera Marilyn», cuenta Noguchi

Los defensores de la teoría del asesinato siempre han aducido que alguien le inyectó a Monroe las drogas que la mataron, pero Noguchi no encontró rastros de pinchazos. También dicen que el tinte amarillo del Nembutal tenía que haber manchado las paredes internas de la garganta y el estómago, pero Noguchi replica que ese tipo de argumento es propio de un lego en la materia porque el Nembutal viene en una cápsula especial que no destiñe. El otro argumento de los creyentes en la teoría de la conspiración es la frase del informe forense «el estómago está totalmente vacío y no se advierten residuos de píldoras». Pero Noguchi replica en su libro Cadáveres exquisitos que «Marilyn había abusado de los somníferos durante años, por lo que su estómago se había acostumbrado a las píldoras y era capaz de digerirlas “volcándolas” sobre el tracto intestinal».

Entonces, ¿qué sucedió esa noche? Según el doctor Noguchi: «De acuerdo con la autopsia, yo calificaría el suicidio de Monroe como “muy probable”… Todavía no podemos saber la causa del hematoma presente en la cadera. Tampoco se explica por qué estaba riendo, feliz, con Joe DiMaggio Jr. a las siete y media y agonizando tan solo treinta minutos después».

Robert F. Kennedy: otra “bala mágica”

La noche del 4 de junio de 1968 había gran expectación en la cocina del hotel Ambassador de Los Ángeles. Todos daban por hecho el triunfo de Bobby Kennedy en las primarias demócratas de California. Había corrido el rumor de que el senador iba a cruzar la despensa para salir por la puerta de atrás del hotel, así que cocineros y seguidores se abrieron paso a empujones para apelotonarse en aquel corredor de dos metros de ancho con la esperanza de ver al hermano del desaparecido JFK. «¡Ya vienen!», gritó alguien. Kennedy se detuvo un momento para estrechar la mano que le ofrecía el cocinero y «¡Bang!», sonó un disparo. Según los testigos, Kennedy alzó su brazo derecho. Se oyeron más disparos y a continuación los testigos vieron a un hombre armado, Sirhan, que disparaba de frente, a uno o dos metros de distancia, y hería al senador.

Muerte de Robert Kennedy

Robert Kennedy en  su última aparición antes de que le disparasen

Lo primero que le llamó la atención al doctor Noguchi cuando le quitó los vendajes de la cabeza fue la falta de pelo. El cabello que le habían afeitado en torno a la herida en el preoperatorio podía contender información, así que Noguchi trató de recuperarlo.

“Lo primero que me llamó la atención del cadáver de Robert Kennedy fue que le habían afeitado el pelo”

Un día después de la autopsia, la Policía le informó de que habían encontrado hollín en los restos del cabello, un dato crucial, porque significaba que la pistola había estado solo a unos centímetros de la cabeza y le habían disparado a bocajarro.

Las pruebas forenses desmentían a los testigos. El disparo mortal no llegó desde dos metros de distancia, como decían todos, sino a siete centímetros de la nuca, y en la despensa se encontraron doce agujeros de bala. ¿Significa eso que había dos tiradores y el crimen no era obra de un asesino solitario?

«La reconstrucción forense admite solo dos hipótesis: una, Sirhan se aproximó a Kennedy cuando comenzó a disparar, movimiento que nadie percibió, y luego, mientras Kennedy se daba la vuelta, saltó hacia atrás para disparar desde una distancia mayor, un segundo gesto que tampoco nadie advirtió; o bien un segundo pistolero efectuó los primeros disparos a quemarropa y se esfumó y después Sirhan disparó las otras balas a unos siete centímetros de Kennedy mientras este se giraba. Yo siempre he creído posible que Sirhan se acercara y retrocediera rápidamente sin ser visto por ninguno de los testigos. Mi experiencia me ha demostrado que los espectadores no captan la verdad en una situación así: sus ojos siguen solo al famoso. Ahora bien, desde el punto de vista del forense, tras el disparo fatal se aprecian tres balas que siguen caminos diferentes en el cuerpo de Kennedy. Eso nos indica que se estaba girando, pero también que el tiempo pasaba mientras se movía. Si atiendo a mi instinto creo que Sirhan realizó el asesinato solo.»

Sharon Tate: una masacre de sadismo extremo

La noche del 9 de agosto de 1969, en el 10050 del Cielo Drive, una tranquila velada entre cuatro amigos de la élite de Beverly Hills estaba llegando a su fin. La actriz Sharon Tate (dueña de la casa, casada con Roman Polanski y embarazada de ocho meses) estaba ya acostada. Vestía solo un sujetador y unos pantis, y su amigo Jay Sebring, un peluquero propietario de una cadena de salones de belleza, le daba conversación. Abigail Folger, heredera de un emporio de café, leía un libro en la habitación de invitados, mientras su amante, Voyteck Frykowski, dormitaba en el salón. A las doce y dieciocho, un hombre, Tex Watson, y tres mujeres, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian, descalzos y con túnicas negras, entraron en la casa empuñando cuchillos y una pistola. Susan Atkins le contaría mucho después a una compañera de celda que Sharon Tate había suplicado por su vida. No le sirvió de nada.

Sharon Tate y Roman Polanski 1968

A la mañana siguiente el doctor Noguchi entró en la casa y se encontró una masacre. «Había charcos de sangre por todas partes, y en la puerta principal alguien había escrito con sangre la palabra “cerdo”.» El primer cuerpo con el que se encontró fue con el de Frykowski. «Nunca he contemplado tanto encarnizamiento La cara y toda la cabeza estaban aplastadas; su estómago, pecho, extremidades y espalda presentaban cuchilladas, y en su espalda había agujeros de bala.» Jay Sebring también había sido tiroteado y apuñalado, pero una toalla le rodeaba la cabeza como si fuera una capucha y le habían anudado una soga alrededor del cuello. «La víctima más desoladora -dice el forense-, porque era obvio que estaba embarazada, era Sharon Tate. Yacía con las piernas replegadas sobre su estómago, como si hubiera intentado proteger a su hijo. Tenía alrededor del cuello la misma soga que Sebring. Los habían colgado a los dos, pero el ahorcamiento no se había llegado a producir y ella había fallecido por las múltiples heridas de arma blanca.»

“La policía decía que el asesinato de Sharon Tate era por drogas, pero yo no dejaba de darle vueltas”

Desde el principio la hipótesis oficial es que se trataba de «un asunto de drogas», ya que en la casa se habían encontrado hachís, marihuana, cocaína y MDA, pero el doctor Noguchi nunca creyó esa versión. «No dejaba de darle vueltas al ahorcamiento y, desde el principio, me pareció que la masacre poseía los rasgos de un asesinato ritual.» Tres días más tarde se confirma su intuición, pues el grupo de Manson vuelve a actuar en otra casa con el mismo modus operandi.

“Nunca he contemplado tanto encarnizamiento como en el crimen de los seguidores de Manson”

Obsesionados con la condena moral a Hollywood, la Policía seguía negando la conexión entre los dos crímenes. Así que para reforzar su tesis, Noguchi buscó el apoyo del doctor Frederick Hacker, experto en terrorismo, cuyo informe resultó clarividente: semanas antes de que surgiera el nombre de Charles Manson, Hacker ya anunciaba que «debía buscarse a los asesinos entre grupos seudorreligiosos».

El asesino en serie Charles Manson

Charles Mason el asesino de Sharon Tate

Uno de los motivos principales de Mason para planear las matanzas fue instigar el «caos», ya que pretendía desatar la revolución racial haciendo creer que un negro había asesinado a siete blancos. Esa era su excusa, pero Noguchi llegó a la conclusión de que su auténtica motivación era mucho más mundana. Un año antes, Manson había tratado de convertirse en cantante de rock, pero fue ninguneado. El psicópata decidió devolverle el golpe al Hollywood que lo había rechazado.

Natalie Wood: la angustia de una noche fatal

La isla Santa Catalina se halla a 40 kilómetros de la costa de California. La cala ubicada en el extremo norte es la más apartada. Allí no hay hoteles, solo un restaurante, el Dougs Harbor Reef, donde cenaron Natalie Wood, su marido -Robert Wagner- y el amigo de ambos Christopher Walken la noche del 28 de noviembre de 1981, antes de regresar a su yate Splendour. A las once y cuarto, la actriz se retiró a su camarote. Sin embargo, a las doce y media la cama estaba vacía. Al principio su marido no se preocupó, pero con el tiempo su inquietud fue en aumento y pidió ayuda por radio. A la mañana siguiente, un miembro de la tripulación divisó un punto rojo entre las olas. Cubierto por una chaqueta roja, el cuerpo de Natalie flotaba boca abajo sobre las aguas.

“Lo más desolador de la muerte de Natalie Wood es que, si hubiera ido sobria, podría haberse salvado”

¿Qué ocurrió aquella noche? Walken, Wagner y Natalie Wood bebieron demasiado, tuvieron una discusión, la actriz se hartó de la pelea y decidió largarse del barco, pero al tratar de subirse a la barca se resbaló. Desde el principio, a la prensa solo le interesó el morbo, se hablaba de adulterio o incluso de un trío, y se especuló con que Robert Wagner, en un arrebato de furia, hubiese empujado a su mujer. Hollywood estaba ávido de noticias sangrientas, pero los forenses no encontraron pruebas de esa teoría. Al contrario, el doctor Noguchi se inclinó desde el principio por la tesis del accidente: «Lo más desolador de la historia estaba en que el ahogamiento se había producido por el enorme peso de la chaqueta de plumón, que había arrastrado a la actriz hasta el fondo del mar cuando intentaba trepar al bote. Si hubiera ido sobria, se la habría quitado, pero el alcohol le impidió pensar con claridad».

Natalie Wood con su marido Robert Wagner en 1976

Natalie Wood con su marido Robert Wagner en 1976

Sin embargo, el informe complementario que Noguchi le pidió a Paul Miller, el mayor experto en accidentes marinos, corrigió su hipótesis: la clave estuvo en unas corrientes de la zona. Cuando Natalie Wood se dispuso a desamarrar el bote, la fuerza del aire habría apartado un poco la embarcación del yate, y es más que probable que al intentar saltar al bote perdiera el equilibrio. Cuando emergió a la superficie, no debió de creer que se hallaba en peligro porque se había agarrado a la lancha neumática, pero entonces tuvo que notar que algo raro ocurría. El bote se alejaba del yate, y ella con él, diez, veinte, treinta metros… En ese punto tuvo que pedir socorro, pero nadie atendió sus gritos, ahogados por la música de una fiesta en la costa. A esas alturas, la estrella debía de estar muy asustada. Los hematomas en las pantorrillas dan a entender que intentó usar el motor como apoyo, pero la chaqueta tiraba de ella hacia abajo cada vez con más fuerza. Y, aun así, no se rindió y trató de llevar el bote contra el viento hasta la orilla. Dio patadas en el agua con todas sus fuerzas y el bote empezó a retornar a la isla muy lentamente. Pero el entumecimiento ya se había empezado a extender por todo su cuerpo. La hipotermia redujo, primero, sus fuerzas; luego, le quitó la conciencia; y, finalmente, hizo que soltara la mano agarrada al bote. Natalie Wood perdió su batalla contra la muerte a unos doscientos metros de la orilla y, unos minutos más tarde, el bote que había gobernado con tanto sufrimiento varaba en la playa.

PARA SABER MÁS  

Cadáveres exquisitos, del médico forense Thomas T. Noguchi, publicado por la editorial Global Rhythm Press.