La ‘gripe española’, más letal que las guerras mundiales

Fue más letal que las guerras mundiales. La ‘gripe española’ de 1918 acabó con entre 50 y cien millones de personas en todo el mundo (solo se libró la Antártida). Cuando se cumplen cien años de su aparición, surgen nuevos datos de esta plaga infernal. Por Fátima Uribarri / Fotos: Gtres y Getty Images

El cocinero del campamento Funston, en Kansas, ingresó en la enfermería la mañana del 4 de marzo de 1918. Tenía fiebre y un fuerte dolor de cabeza. A la hora de la comida, esa enfermería ya trataba más de cien casos parecidos. Una semana después, los enfermos eran tantos que hubo que habilitar un hangar para instalarlos.

La gripe infectó a 8 millones de los 20 millones de españoles de la época y mató a 300.000 de ellos

Funston suministraba soldados a otros campamentos de Estados Unidos y a Francia, uno de los frentes más duros de la Primera Guerra Mundial. A mediados de abril, la gripe ya hacía estragos en las trincheras de Europa Occidental. Pasó a Gran Bretaña, Italia y llegó a España. Enfermó incluso el rey Alfonso XIII, y los periódicos españoles se hicieron eco de esa infección que se propagaba de manera tan alarmante.

Cuando llegó a nuestro país, los contendientes de la Primera Guerra Mundial ya contaban por miles las víctimas de la gripe. Pero sus medios de comunicación callaban la debacle para no minar la moral de la población ni de los soldados.

En Nueva York, el comisario de Sanidad escalonó los horarios de fábricas, cines, tiendas y escuelas para evitar las horas punta

España era neutral y sí hizo pública la crudeza de la enfermedad. Por eso, a la pandemia que infectó a una de cada tres personas del planeta y mató a más de 50 millones de personas -podrían ser hasta 100 millones- se la ha llamado ‘gripe española‘.

Australia se mantuvo al margen gracias a una firme cuarentena. Pero la pandemia llegó con el regreso de sus tropas al final de la guerra

Las autoridades y la prensa españolas protestaron en vano. La guerra la ganaron los aliados, y la gripe se quedó con la denominación que ellos eligieron. Así que, además de infectar a 8 millones de españoles (de una población de unos 20 millones) y de matar a 300.000 de ellos, esta pandemia dejó a España con el sambenito de darle apellido a una de las plagas más infernales de la historia.

El paciente número cero

La pandemia comenzó en marzo de 1918 con el cocinero Gilbert Mitchell -considerado el paciente cero-, dio la vuelta al mundo en dos años en tres oleadas mortíferas que se llevaron por delante a «entre el 2,5 y el 5 por ciento de la población mundial», según Laura Spinney, autora del libro El jinete pálido. 1918: la epidemia que cambió el mundo (editorial Crítica).

La gripe mató a más gente que la Primera Guerra Mundial (17 millones) o la Segunda Guerra Mundial (60 millones de muertos). A diferencia de las guerras, esta matanza sucedió de manera rápida (la mayor parte de las víctimas mortales cayó en solo 13 semanas, de septiembre a mediados de diciembre de 1918) y se expandió por un territorio inmenso. Solo se libraron de ella la Antártida y algunas islas remotas del Atlántico Sur y de la desembocadura del Amazonas.

Manifestación en París en 1919. En Francia se prohibió escupir para evitar la propagación de la enfermedad

Enfermaron políticos como Mustafá Kemal Atatürk y Franklin Delano Roosevelt, el escritor Franz Kafka, el músico Béla Bartók, la pionera de la aviación Amelia Earhart o el pintor Edvard Munch. Murieron a causa de ella los artistas Guillaume Apollinaire, Egon Schiele, Gustav Klimt; los príncipes Erik de Suecia y Humberto de Saboya… Ricos y pobres, niños, hombres fuertes, la pandemia no se detuvo ante ninguna puerta.

Debacle en la India

En Occidente, a menudo se ignora que esta gripe fue especialmente letal en Oriente. La India (formada entonces también por Pakistán y Bangladés) fue la nación con más víctimas mortales. Perdieron la vida entre 13 millones y 18 millones de indios, lo que significa que murieron más indios a causa de la gripe que gente por la Primera Guerra Mundial.

En Estados Unidos, no llevar mascarilla estaba penado con una multa de 100 dólares de la época

La guerra contribuyó a la expansión de la enfermedad por el hacinamiento, la debilidad de los soldados y el movimiento de tropas. En la primavera de 1918 habían enfermado «tres cuartas partes de los soldados franceses y más de la mitad de los británicos», según Laura Spinney.

La última oleada se asentó en Japón a finales de 1919 y duró hasta 1920. En la foto, escolares con mascarilla en 1920.

La guerra expandía la gripe por doquier. Incluso cuando terminó. El 11 de noviembre de 1918, día del armisticio, las multitudinarias celebraciones estimularon los contagios y provocaron una virulenta explosión de gripe.

El virus letal tampoco respetó a los negociadores del tratado de paz: el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson asistió febril mientras la gripe tumbaba a bastantes de los delegados de distintas nacionalidades.

De las tres oleadas con las que embistió la pandemia, la segunda -que arrancó en agosto de 1918- fue la más devastadora. La tercera oleada finalizó en 1920.

Arsénico y aspirinas

Los primeros síntomas eran los de una gripe estacional: irritación de garganta, fiebre y dolor de cabeza. Pero luego y de manera bastante súbita los pacientes sufrían mareos, pérdida de audición, visión borrosa, delirios, convulsiones… También les aparecían unas manchas de color caoba en las mejillas que luego se expandían por el cuerpo y lo oscurecían de tal modo que había personas de raza blanca que parecían negras. La gripe se complicaba con una neumonía bacteriana que fue la causa de la muerte de la mayoría de las víctimas. Actuaba a toda velocidad: había pacientes que comenzaban a toser una mañana y esa noche ya habían muerto.

La enfermedad terminó por sí sola. Mató a los más débiles y el resto quedó inmunizado

Aspirina (en dosis que ahora se consideran contraproducentes), quinina, preparados con arsénico, con aceite de alcanfor o aceite de ricino eran las armas utilizadas por los médicos de la época. Algunos animaron a que la gente fumara porque pensaron que la inhalación de humo mataba los gérmenes. Proliferaron los elixires, tónicos y remedios de charlatanes.

En Londres, casi 1500 policías -un tercio de la fuerza total- enfermaron simultáneamente

Luchaban contra la bacteria Haemophilus influenzae pensando que era la causante de la gripe. Era un error: la bacteria era responsable de una infección secundaria, pero no de la gripe. Se desconocía que el enemigo que debían batir era un virus y, además, los virus no se podían detectar con el instrumental de entonces.

Los virus de la gripe humana no se descubrieron hasta 1932. Y la cepa del virus A/H1N1, culpable de tantísimas muertes, no pudo ser visualizada hasta 1943. Fue el primer subtipo identificado que afectó a cerdos y humanos. También sufrieron epidemia de gripe, en 1919, piaras de Estados Unidos, Hungría o China.

Cierre de las escuelas

¿Cómo se intentaron evitar los contagios? En muchos países se prohibió escupir, se cerraron cines, teatros y en algunos incluso las escuelas. Pero quedaron abiertos los centros de culto religioso. En Estados Unidos, si no se portaba una mascarilla de tela (absolutamente ineficaz), la multa era de 100 dólares de la época.

La adopción se legalizó en Francia en 1923, tras el gran aumento de huérfanos provocados por la guerra y la gripe

Las restricciones contra las aglomeraciones, las mascarillas y aspirinas resultaron inútiles. Lo que acabó con la gripe fueron los efectos de la propia gripe: se llevó por delante a las personas menos sanas, fue especialmente inclemente con los que ya padecían otras enfermedades y los más débiles.

Telefonistas de una centralita se enjuagan la boca y son fumigadas como medida preventiva contra la gripe. No era eficaz

Los supervivientes quedaron inmunizados. La población mundial se redujo drásticamente. Pero se recuperó pronto: a la gripe de 1918 y al fin de la guerra les siguió una euforia reproductiva.

Consecuencias curiosas

Las consecuencias de la pandemia, durante y después de su paso, son diversas. En Chicago, por ejemplo, se redujo un 43 por ciento la tasa de criminalidad; la adopción de menores se legalizó en Francia, en 1923, y en Gran Bretaña, en 1926, a raíz del tsunami de huérfanos que dejaron la gripe y la guerra; también la gripe influyó en el apartheid sudafricano: las distintas razas se culpaban entre sí de ser las causantes de la plaga. El baile de culpas fue habitual. España para desembarazarse del estigma de dar nombre a la gripe acusó a Portugal de ser ella la cuna del mal. Pero no funcionó. Esta pandemia brutal se sigue conociendo como ‘gripe española’.

LOS PRIMEROS ENFERMOS

La gripe apareció por primera vez en el campamento de Funston (Kansas) en marzo de 1918. En dos semanas, la enfermería se quedó pequeña y se tuvo que habilitar un hangar (en la imagen) para atender al aluvión de infectados. De allí el virus pasó a otros campamentos de Estados Unidos y a Francia con el envío de soldados.

EL VIRUS RESUCITADO

En 1950, el microbiólogo Johan Hultin [en la foto de abajo] viajó al pueblecito de Brevig (Alaska) en busca de muestras de la cepa del virus A/H1N1, identificada como la causante de la gripe de 1918. En Brevig murieron de gripe 72 de sus 80 habitantes. Hultin esperaba que el frío hubiera conservado material útil para ‘reconstruir el virus’ y poder estudiarlo. Hubo suerte. Tomó muestras de los pulmones de cuatro inuits fallecidos a causa de la gripe. Hultin y su equipo trataron de cultivar el material y se lo inocularon a varios hurones. Pero el virus no dio señales de vida. Al cabo de 46 años otro investigador, Jeffrey Tautenberg, consiguió más muestras de tejido infectado en el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas. Era un avance, pero se necesitaban más muestras. Hultin regresó al cementerio de Brevig y dio con los restos pulmonares de una mujer obesa, un material excelente con el que en 2005 se ‘revivió’ el virus para estudiarlo. Algunos científicos se opusieron ante el temor de que algún fallo permitiese que este temible virus se desbocase de nuevo.


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