El primer gran hipódromo de Madrid

El madrileño paseo de la Castellana albergó un hipódromo, demolido en 1933 para construir allí los Nuevos ministerios.  Por Fernando Goitia

Nunca llegó a ser Ascot, pero sí que ejerció como símbolo aristocrático de una época. El hipódromo de la Castellana, un edificio del cual no queda el mínimo rastro en Madrid, fue el principal escenario social de las clases altas durante la Restauración.

El hipódromo de la Castellana se inauguró una semana después de la boda entre Alfonso XII y María de las Mercedes de Orleans, en enero de 1878, y fue echado abajo por la República en 1933. Fueron 55 años que marcaron la historia de España y cuya crónica se narra en un libro El hipódromo de la Castellana (editorial Turner), donde se cuentan los enfrentamientos entre conservadores en el poder y los liberales a cuenta de la obra, o las numerosas visitas al recinto de Alfonso XIII, cuya pasión hípica fue determinante para la pervivencia del hipódromo.

Un lugar que, además de carreras y otras disputas equinas, acogió los primeros partidos oficiales de fútbol de la capital, exhibiciones aéreas, paradas militares o torneos de polo, tenis y golf, espectáculos que deslumbraron a una aristocracia ociosa deseosa de emular a sus pares ingleses, tan dados a asociar el deporte con la elegancia.