Es la cabeza de una tenia (Taenia solium) -la solitaria-, un parásito tenaz que puede llegar a alcanzar una longitud de hasta cuatro metros. Por Fátima Uribarri

La tenia utiliza su escólex (cabeza) para adherirse a las paredes del intestino de los cuerpos en los que se hospeda. Lo hace a través de sus ventosas y garfios. La fotógrafa Teresa Zgoda lo ha captado muy bien en esta imagen, una de las premiadas en el Nikon Small World Photo, un certamen que galardona las mejores fotografías realizadas con microscopio, realidades ‘invisibles’ muy inquietantes.