Este hombre ha puesto en jaque al sector de la energía. Alemania acaba de aceptar su demanda contra la empresa RWE. La acusa de contribuir al deshielo de los glaciares de los Andes. Por Carlos Manuel Sánchez

Solo pide una indemnización de 17.000 euros, pero si gana sentará un precedente en todo el mundo.

De un lado, goliat. Es decir: RWE, gigante energético alemán fundado en 1898, con sede en Essen; 71.000 empleados y unos activos valorados en 93.000 millones de euros. Frente a él, David. O, mejor dicho: Saúl Luciano, un campesino andino de 38 años, padre de dos hijos, que vive en Huaraz, una ciudad peruana rodeada de glaciares por cuyo deshielo este hombre ha decidido pedir cuentas.

Luciano demandó a RWE en 2015. Su querella considera que esta empresa ha contribuido decisivamente al efecto invernadero y, por consiguiente, al deshielo de los glaciares de los Andes, aunque no tenga allí instalación alguna. Para ello se basa en un informe dirigido por el consultor climático Richard Heede, que identifica a los emisores de CO2 y metano desde la Revolución Industrial a nuestros días.

Heede culpa del cambio climático a 90 grandes compañías, responsables del 90 por ciento de los gases de efecto invernadero. Es un estudio polémico. Sus detractores argumentan que no se puede responsabilizar a estas corporaciones por satisfacer la demanda energética de sus clientes: miles de millones de consumidores dispuestos a sacrificar el medioambiente por no cambiar su estilo de vida.

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El lago Palcacocha tiene cada vez más agua por el deshielo. En cualquier momento puede desbordarse y causar una catástrofe. inundar el valle. «Para los que vivimos aquí es una amenaza extrema», dice Saúl

Inicialmente, el combate parecía tan desigual como el de David contra Goliat. Hace unas semanas, sin embargo, todo dio un giro inesperado. Un tribunal de apelaciones alemán admitió a trámite la querella, en contra de lo resuelto por una instancia inferior. «Es una decisión histórica, pero el deshielo continúa y seguirá si no se toman medidas para frenarlo», advierte Luciano. El resultado de la contienda puede sentar precedentes en todo el mundo. Ya sucedió con industrias como la tabaquera, que sabe lo duro que es enfrentarse a miles de demandas civiles.

Si fallan a su favor, la industria energética podría enfrentarse a miles de demandas civiles. Ya sucedió con la industria tabaquera

Luciano es punta de lanza de una táctica poco convencional que se extiende por el planeta: ciudadanos que llevan a juicio a gobiernos y grandes compañías por el uso de combustibles fósiles. Sucede en Estados Unidos, Nueva Zelanda, Pakistán… La querella de Luciano, en todo caso, es insólita y su argumentación, sorprendente; y más aún que esté prosperando, pese al escepticismo inicial de muchos expertos legales.

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El campesino peruano Saúl Luciano a la Germanwatch, salida del tribunal alemán

Ahora bien, ¿por qué RWE precisamente? La respuesta es puro pragmatismo. «Una demanda semejante tendría muchas menos posibilidades en Estados Unidos o Arabia Saudí», explica Noah Walker-Crawford, un portavoz de Germanwatch, la ONG que asesora a Luciano y le paga los viajes a Alemania y las minutas de su abogada. A lo que el campesino peruano añade. «¿Por qué no pedir cuentas a los grandes culpables del cambio climático? ¿Por qué la gente que menos contamina se tiene que conformar y enfrentarse en solitario a los riesgos? Me parece muy injusto».

La montaña que se derrite

La familia de Luciano, hijo de un pequeño agricultor, posee un par de hectáreas, a 3600 metros de altitud. «Cultivamos patatas, maíz, quinoa… y tenemos unas pocas cabezas de ganado; yo, además, trabajo como guía para los turistas. Desde niño, siempre he visto las cumbres blancas por las nieves perpetuas y los glaciares, pero las montañas se derriten. ¡Lo veo con mis propios ojos! El lago Palcacocha está por encima de ellas y se ha convertido en un peligro porque cada vez tiene más agua por el deshielo. En cualquier momento puede desbordarse y causar una catástrofe. Para los que vivimos en el valle es una amenaza extrema».

“Desde niño, siempre he visto las cumbres blancas, pero las montañas se derriten. ¡Lo veo con mis propios ojos!”

Desde luego, los directivos de RWE debieron de frotarse los ojos cuando fueron informados de la demanda. «¿Lago Palcacocha? ¿Qué se nos ha perdido allí?». En resumidas cuentas, ¿ por qué tendría una empresa alemana que hacerse responsable de los perjuicios que ocasiona a unos campesinos de Perú un problema global como el cambio climático? «No vemos ninguna base legal para esta reclamación, que nos parece injustificada e inaceptable -alega Klaus-Peter Kress, representante de RWE-. Y no tiene en cuenta los miles de millones invertidos por la compañía en los últimos años para reducir los efectos contaminantes de su actividad».

La de Luciano no es una demanda multimillonaria. Apenas reclama 17.000 euros y, subraya, ni siquiera son para él. El dinero permitiría comenzar la construcción de un nuevo dique -se sumaría a los dos erguidos en 1974, cuando el lago embalsaba medio millón de metros cúbicos por los 17 millones actuales- y un sistema de alerta en caso de avenida, pero el proyecto lleva mucho retraso.

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Con su abogada, Roda Verheyen, cuya minuta cubre la ONG alemana que también asesora a Luciano y le paga los viajes a Alemania

¿Por qué una cantidad tan modesta? ¿Y cómo se ha calculado? Las cuentas son, cuando menos, curiosas. Por un lado, el informe de Heede señala que RWE es responsable del 0,5 por ciento de las emisiones de carbono en la era industrial. Por otro, el coste estimado de ese tercer dique es de 3,5 millones de dólares. RWE pagaría así en función de su responsabilidad proporcional. Son 17.000 dólares que pueden parecer calderilla, pero que tienen gran valor simbólico. Lo que reclama Luciano es «justicia climática», y el impacto de una sentencia favorable podría tener consecuencias demoledoras.

La ola mortal

«Queremos vivir sin miedo», resume Luciano. Y no exagera. El lago Palcacocha tiene kilómetro y medio de longitud y una profundidad de 75 metros. Si revienta, los modelos informáticos predicen una ola de 30 metros que enterraría Huaraz -donde 55.000 personas viven en zonas inundables- en un tsunami de barro. «Ya sucedió en 1941», recuerda Luciano. Ese año, el lago Palcacocha causó una avalancha que mató a 3000 personas. Desde mediados del siglo pasado, de hecho, el cambio climático ha causado riadas en la Cordillera Blanca que se han cobrado la vida de al menos 25.000 personas.

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La empresa alemana… La compañía alemana RWE no gestiona ninguna instalación en la región andina, donde vive Saúl. «No vemos ninguna base legal para esta reclamación», afirman desde la empresa, que posee centrales nucleares y térmicas de varios tipos, todas en territorio europeo

Confiando en que Dios calmaría a la naturaleza, los peruanos enviaron sacerdotes a la montaña, pero también ingenieros que, con presupuestos minúsculos, han trabajado en estrategias innovadoras para drenar las docenas de lagunas formadas por el deshielo, explica el geólogo Mark Carey. De este modo, los 600 glaciares de Perú se han convertido en un laboratorio mundial sobre el cambio climático.
Perú es un país muy vulnerable, ya que allí se ubica el 70 por ciento de los glaciares tropicales del mundo. Algunos han perdido el 90 por ciento de su masa. En muchos lugares el agua fluye sin peligro en forma de manantiales, pero en el lago Palcacocha esta agua se embalsa de manera natural, encajonada por morrenas -los sedimentos que forman el lecho- que son débiles estructuralmente. A medida que el volumen de agua aumenta la presión sobre ellas, pueden fracturarse. Hoy, el Palcacocha amenaza otra vez a los habitantes de Huaraz, donde se alternan sequías e inundaciones, aunque muchos rechazan ser realojados en lugares más seguros.

Un pueblo asustado

Luciano se ha encontrado con la incomprensión de algunos de sus paisanos. «Me han criticado por viajar a Alemania. Algunos han dicho que iba a vender la laguna», se lamenta. Hace un año, una estación de vigilancia meteorológica que se instaló en el lago 513, junto a un pueblo llamado Soledad, fue asaltada por los vecinos, que rompieron las antenas y el instrumental. La estación de lluvias se demoraba, los campos se agostaban, el ganado moría y los campesinos comenzaron a sospechar que los científicos suizos y peruanos de la estación tenían algo que ver. Los hicieron huir a pedradas. Tres días después llovió. Los campesinos estaban eufóricos y ni siquiera permitieron que el personal volviese a recoger sus cosas. Si ocurre un desbordamiento, sin embargo, ya no tienen quien los avise. En el Palcacocha sí que hay un sistema de alerta, formado por una docena de trabajadores de comunidades quechuas, que viven en un campamento a 4500 metros de altitud. Cada dos horas se comunican por radio con las autoridades en Huaraz.

La demanda se basa en un polémico estudio que culpa del cambio climático a 90 grandes compañías del mundo

El caso de Luciano entra ahora en la fase de recogida de pruebas. No será tarea fácil. ¿El hogar de Luciano está en peligro por el deshielo? ¿Las emisiones históricas de RWE realmente suman el 0,5 por ciento de la contaminación acumulada desde los albores de la industrialización? ¿Se puede demostrar que este porcentaje contribuye al riesgo de avalancha en Huaraz?

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… y la ciudad de Saúl. Si el lago se desborda, los modelos informáticos predicen una ola de 30 metros que enterraría Huaraz, donde vive Saúl Luciano. «Ya sucedió en 1941. Ese año, el lago causó una avalancha que mató a 3000 personas», dice el campesino peruano

La abogada de Luciano calcula que la lucha judicial puede durar cinco años. Saúl no se desanima: «No nos queda otra. O esperamos a que suceda una desgracia o hacemos algo. Llevamos casi tres años luchando por nuestros derechos. No solo está en juego la supervivencia de mi familia, estamos defendiendo los derechos de los habitantes de todo el mundo que sufren las consecuencias del cambio climático. Hay mucho camino que recorrer. Pero yo estoy acostumbrado a los caminos largos y empinados».