Los científicos llevan años preguntándose cuál es el secreto de la inteligencia de los octópodos. Y han llegado a conclusiones sorprendentes. La primera: son capaces de manipular su código genético a su antojo. Pero hay más… Por Carlos Manuel Sánchez 

Aristóteles no tenía muy buena opinión de los pulpos.”Son criaturas estúpidas”, escribió. Pero no hay en el planeta un invertebrado tan sagaz; es el filósofo de los mares.

Los científicos llevan medio siglo preguntándose por el secreto de la inteligencia de los octópodos. Y el último estudio, publicado por la revista Cell, parece haber encontrado una de las claves: son capaces de manipular su propio código genético.

Se ha descubierto que pulpos, sepias y calamares realizan una ‘autoedición’ genética mediante la recombinación del ácido ribonucleico (ARN). De este modo, «mejoran su sistema nervioso, lo que les proporciona ventajas selectivas, como adaptarse rápido a los cambios del clima», explica Eli Eisenberg, científico de la Universidad de Tel Aviv y uno de los firmantes del estudio.

El ARN es el mensajero que transmite instrucciones celulares. Es el que ordena fabricar las diferentes proteínas que componen los genes. En el ser humano, la evolución propicia cambios muy lentos en el ADN, pero estos cefalópodos tienen prisa. Así que modifican pedacitos del ARN y cambian sobre la marcha las instrucciones que figuran en el genoma. ¿Cómo? Permutando algunas letras de las cuatro que componen el idioma de los genes -ACGU- como si ‘pirateasen’ la proteína con las características que desean.

Un gran ‘big data’ animal

Los pulpos tienen, además, una ingeniosa manera de aumentar su capacidad neuronal, repartiendo las células nerviosas en diferentes unidades de procesamiento, como varios chips conectados en red. Reparten de este modo el cerebro entre la cabeza y las patas. Por así decirlo, está dotado de nueve cerebros: uno central y ocho periféricos. Con la asombrosa particularidad de que los tentáculos tienen más neuronas que el cerebro y están dotados de gran autonomía. Así pues, su sistema nervioso se organiza como una ‘federación’ que se reparte 500 millones de neuronas; un molusco típico, como las almejas -con las que está emparentado-, tiene unas 20.000.

Algunos calamares se comunican entre sí usando una especie de código morse

Cada tentáculo contiene 40 millones de receptores que utilizan para captar información al tacto, pero también para detectar sustancias gracias a un sentido peculiar del gusto y del olfato. Los tentáculos no solo ‘huelen’ y ‘saborean’, también actúan como si tuvieran mente e intenciones propias. ¡Y sin enredarse! Los pulpos pueden regenerarlos en caso de amputación. Cada uno de estos brazos puede llegar a tener unas 180 ventosas. Y las controlan con precisión y de manera individual, como los humanos controlamos nuestros dedos.

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Solo viven dos o tres años. Se reproducen una sola vez y mueren al poco tiempo. Las crías tienen que apañárselas por su cuenta. Espabilarse cuanto antes es una necesidad / Foto: Getty Images

¿Cómo se las arreglan para procesar toda la información que les llega desde tantos sensores? ¿Cómo filtran su personalísimo ‘big data‘? ¿El biólogo marino Roger Hanlon propone que los pulpos no ‘piensan’ solo con la cabeza, sino con todo el cuerpo. Entonces, ¿cómo toman sus decisiones? ¿Sus pensamientos se parecen a los nuestros -en sus mecanismos más básicos- o se trata de otro tipo de inteligencia muy diferente? Una inteligencia distribuida y descentralizada.

El pulpo reparte el cerebro entre la cabeza y las ocho patas. Es como si tuviera nueve cerebros, uno central y ocho periféricos

Para intentar responder hay que remontarse unos 600 millones de años. Los primeros cefalópodos tenían conchas. Las perdieron -dominaban su entorno y no les hacían falta- y se convirtieron en gigantescos depredadores que se propulsaban con chorros de agua a presión, pero los peces con mandíbula -nuestros antepasados- les ganaron la partida porque, además, nadaban más rápido con sus aletas. Los pulpos tuvieron que refugiarse en el fondo del mar y luego en la costa, donde exploraban grietas para esconderse y buscar a sus presas. Y aprendieron rápido para sobrevivir. Son ágiles y observadores, con recursos creativos, como usar cáscaras de coco a modo de escudos o rocas para bloquear la entrada a sus escondrijos. Incluso algunos calamares se comunican utilizando una especie de código morse.

Unos tipos raros raros

En la Academia de Ciencias de California los estimulan con juguetes y retos, como darles la comida dentro de un bote con tapadera para que la desenrosquen. En cautiverio se vuelven maniáticos. Saben que están encerrados; intentan escapar. Y desarrollan filias y fobias. Parecen tranquilos con unos cuidadores y, sin embargo, en cuanto ven a otros les sueltan un chorro de agua o ‘disparan’ contra las lámparas del laboratorio (odian la luz intensa) para apagarlas con un cortocircuito.

En una fracción de segundo cambian de forma y color gracias a sus células rellenas de pigmentos, como los píxeles

Poseen una extraña anatomía: tres corazones, un cuerpo que pueden deformar a capricho, la boca desplazada a un lateral… Y son unos magos del camuflaje. En una fracción de segundo se transforman a voluntad, dibujando patrones de formas y colores gracias a unas células rellenas de pigmentos, los cromatóforos, que funcionan como los píxeles de una pantalla.

Algunos científicos, como Roger Hanlon, prefieren hablar de conductas complejas, en lugar de inteligencia. Por ejemplo, una sepia macho que luche con otra para defender a sus hembras puede intentar engañar a su rival -si va perdiendo- haciéndose pasar por otra hembra, en un ejercicio de travestismo. Otros investigadores, como Jennifer Mather, creen que estamos ante un animal dotado de algo parecido a la conciencia, capaz de combinar sus percepciones y su memoria para extraer conclusiones sobre lo que le está sucediendo en cualquier momento. Y hay quien ve en el pulpo lo más parecido a una inteligencia extraterrestre que podemos encontrar, tal es la opinión del filósofo Peter Godfrey-Smith. Quizá un experimento de la evolución para crear una inteligencia compleja con unas reglas diferentes a las del resto de los seres vivos.


PSICOANALIZANDO A UN PULPO

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Foto: Martin Klimas

Memoria

Poseen buena memoria a corto y largo plazo. Recuerdan soluciones a problemas. Juegan y también se aburren.

Personalidad

Tienen caracteres diferenciados. Los hay cautelosos y sociables. Su personalidad depende de sus vivencias.

Ventosas

Controlan cada ventosa con total precisión, como los humanos nuestros dedos.

Neuronas

Los tentáculos tienen más neuronas que el cerebro principal.

Recuerdos

Recuerdan las caras de los científicos con los que conviven.

Pérdida

Los pulpos perdieron su concha. Tuvieron que aprender a sobrevivir ante la presión de peces con mandíbula.


PARA SABER MÁS

Otras mentes. El pulpo, el mar y los orígenes profundos de la consciencia. Peter Godfrey-Smith. Ed. Taurus.