Veronika Brandsratter, profesora de Psicología de la Motivación en la Universidad de Zúrich (Suiza) investiga qué es lo que convierte a las personas en héroes cotidianos y ha creado lo que ha dado en llamar ‘entrenamiento en coraje civil’. Por Beate Lakott

“Los valores y la confianza en uno mismo son determinantes para convertirte en uno de estos héroes”

XLSemanal. Supongamos que sale de casa y oye golpes y gritos de mujer al otro lado de una puerta. ¿Qué haría?

V.B. Me acercaría para decirle a la víctima que alguien la ha oído. También podría preguntar, con calma, si hay algún problema, si necesita ayuda o llamar a la Policía.

XL. Muy razonable, pero ¿por qué no actuamos todos con esa decisión?

V.B. En situaciones así se produce un conflicto entre dos valores: por un lado, el deseo de ayudar; por otro, el respeto a la intimidad ajena. A eso se añade la incertidumbre: «¿No empeoraré más las cosas? ¿Me pondré en ridículo si al final no era nada grave?». Es posible que acabes diciendo: «No será nada serio», y sigas tu camino.

XL. ¿Qué lleva a alguien a llamar al timbre?

V.B. Los valores. ¿Hasta qué punto son vinculantes para usted principios como la tolerancia o la solidaridad con los débiles? ¿Le afecta ver vulnerados los estándares morales? Son los factores que determinan si puedes convertirte o no en uno de esos héroes cotidianos. Lo que llamo “el coraje civil”.

XL. ¿Comparten algo más quienes están dispuestos a ayudar a los demás?

V.B. Su disposición a asumir responsabilidad social. También la capacidad de empatizar, de percibir que otra persona se encuentra en apuros, y una sana confianza en sí mismos.

XL. Quienes han acudido en auxilio de otro dicen que no saben explicar qué les pasó por la cabeza en aquel momento. ¿Es solo una cuestión de voluntad?

V.B. Cuando ve un coche volcado en la calzada o cuando alguien cae al agua ante usted, no. En esos casos se trata de un acto reflejo impulsivo. Estos automatismos son más frecuentes en personas que han reaccionado así en situaciones similares o que experimentan menos miedo. Pero si piensa en los gritos al otro lado de una puerta, lo normal es que te detengas a valorar si conviene actuar o no.

XL. ¿Qué diferencia hay entre rescatar a alguien y el coraje civil?

V.B. Si salva a un niño que se ha caído a un lago helado, actúa con valor porque arriesga su propia vida. Pero no hay contrincante. En el caso del coraje civil sí lo hay. Tomas partido por alguien a quien un tercero está amenazando. También demuestra valor al defender sus principios y convicciones a riesgo de ser señalado por los demás o resultar herido, como les ocurrió a unos vecinos míos que salvaron a un griego al que atacaban unos ultraderechistas. Aquello fue, de hecho, la chispa que me empujó al campo del coraje civil.

XL. Muchos querrían ser uno de estos héroes cotidianos, pero cuando se presenta la ocasión…

V.B. No siempre son grandes actos heroicos. El valor ciudadano también es necesario en pequeñas cosas: violencia doméstica en el vecindario, comentarios racistas entre amistades, acoso laboral… Incluso los niños pueden ser sensibles a comportamientos injustos y discriminatorios.

XL. ¿Y demostrar también coraje civil?

V.B. Claro. Una vez, en la clase de mi hijo, en cuarto, el profesor leyó en voz alta la redacción de un alumno haciendo observaciones burlonas. Puso en ridículo al chico. Un compañero fue hasta él y le hizo saber que no le parecía bien. Me pareció digno de elogio, y a mi hijo también. A los niños se les puede inculcar que es positivo alzar su voz, demostrar que no se piensa igual que la mayoría silenciosa.

XL. ¿Dónde cuesta más demostrar coraje civil?

V.B. En el trabajo. La presión ha crecido mucho en este entorno. Implicarte, defender tus convicciones y valores cuando un compañero es objeto de mobbing no es una decisión espontánea. Hay mucho tiempo para pararse a pensar en las consecuencias que puede acarrearte tu acción: ganarte la enemistad del jefe, perder el empleo…

XL. ¿Se puede aprender a ser valiente?

V.B. Se puede reforzar la seguridad en ti mismo. Y el conocimiento ayuda. ¿Qué haría si me viese en esta o aquella situación crítica? ¿Qué haría si soy testigo de mobbing o del ataque a un mendigo? ¿Qué no tendría que hacer bajo ningún concepto? En nuestro programa de entrenamiento enseñamos a reaccionar en situaciones de este tipo y realizamos simulaciones prácticas.

XL. ¿Por ejemplo?

V.B. Imagínese en un autobús, en el metro o el tren, clásicos entornos conflictivos. A un chico le están robando el abrigo o alguien está sufriendo una agresión sexual. La mayoría de las personas se quedan paralizadas por el pánico. Es muy interesante ver la inseguridad con la que actúan algunas personas incluso en nuestras simulaciones. No hacen nada y dicen: «Soy una mujer, y, además, bastante delicada. Quien debería hacer algo es el hombre ese de ahí». O: «La mujer del abrigo rojo está mucho más cerca, ella debería actuar primero».

XL. ¿No es comprensible ese miedo al ridículo o a resultar herido?

V.B. Por supuesto. Solo con alzar la voz ya me expongo, todos me miran, algo excesivo para muchos. A eso se une el miedo a actuar de forma inapropiada, a valorar mal una situación. Sin embargo, en el fondo se trata de una decisión básica: si no actúo yo, ¿quién? Esto se puede aprender, hay rutinas, procedimientos mentales que practicar. Si representamos en la mente una emergencia, será más fácil actuar correctamente al enfrentarnos a ella.

XL. Vemos a tres neonazis intimidando a un inmigrante en el metro. ¿Qué hacemos?

V.B. Regla número uno: no ponerse uno mismo en peligro. No actúe solo, busque aliados. Diga: «¡Hay una persona que necesita ayuda, vamos!». No se dirija a los atacantes, concéntrese en la víctima. Puede tenderle la mano y decirle: «Venga conmigo». No corra en busca de ayuda, si lo hace sentirá que la deja sola. Pídale a otro que la busque y sea directo con los otros testigos: «Usted, el del abrigo marrón, llame a la Policía, van a darle una paliza a alguien». Y, muy importante, nunca toque a los atacantes. Traspasar esa frontera resultaría muy peligroso.

XL. ¿Y si se tiene mucho miedo?

V.B. Confíe en lo que le dicen las tripas. Si siente un miedo insuperable, es porque no se ve a la altura de la situación y no debería intervenir directamente. Sí que puede llamar con el móvil a la Polícía.