Ante cualquier disyuntiva, el cerebro es el órgano que se encarga de encontrar la mejor solución. Pero cada decisión es diferente y activa una u otra parte de él

EL SECRETO DE LA TOMA DE DECISIONES

Escoger pareja, mover una mano o coger un refresco en el supermercado. Los científicos continúan discutiendo si de verdad poseemos libre albedrío para realizar estas acciones o si en realidad es únicamente el cerebro quien rige nuestros actos. Son sólo 350 milisegundos, pero ahí está la clave de todo. Si los expertos tienen razón, ese suspiro es lo que demuestra que los seres humanos no somos libres.

Un legendario experimento del neurofisiólogo Benjamín Libet reavivó en 1983 la pregunta de si de verdad poseemos libre albedrío. En su trabajo, Libet pidió a unos voluntarios que movieran una mano cuando ellos quisieran y que al mismo tiempo determinaran con ayuda de un reloj especial el momento en el que habían tomado la decisión. Un electrodo colocado en la sien registraba simultáneamente el ‘potencial preparatorio’, es decir, el momento en que el cerebro ordenaba a la mano que se preparase para la acción.

El resultado fue sorprendente. Los instrumentos de medición indicaron que el potencial de disponibilidad aparecía 550 milisegundos antes de que se produjese el movimiento, una acción que los propios voluntarios aseguraban haber decidido realizar hacía sólo 200 milisegundos. Es decir, el cerebro había decidido por su cuenta efectuar el movimiento 350 milisegundos antes que el ‘yo consciente’. El psicólogo Wolfgang Prinz ha encontrado una forma muy sencilla de formular la conclusión de este experimento: «No hacemos lo que queremos, sino que queremos lo que hacemos».

Si dudamos de la respuesta

Cuando una pregunta vale millones, como en un concurso de TV, el cerebro activa el área del pensamiento lógico y el de la intuición.

¿Un deportivo o un turismo?

Los deportivos molan más. Por supuesto, responde el cerebro. La imagen de estos vehículos dispara en los hombres el sistema cerebral de gratificación.

¿Ayudamos o no?

Cuando hay que elegir entre arriesgarse o mantenerse a salvo, el cerebro lucha contra sí mismo.