Muchos especialistas vinculan la falta de deseo sexual con un desequilibrio hormonal que suele producirse en los varones a partir de los 40 años. Por Anaïs Olivera

Parece que la ciencia ha hecho un dramático y reciente descubrimiento: uno de cada tres hombres sufre el llamado ‘déficit de testosterona‘.

Esta insidiosa enfermedad, dicen algunos expertos, suele pasar inadvertida aunque produce acumulación de grasa abdominal, anemia, sofocos, osteoporosis, pérdida de apetito sexual y mal humor. Para ponerle freno, varias compañías comercializan esta hormona masculina en crema, para su aplicación cutánea. Y su negocio marcha viento en popa: en países como Alemania, Suiza o los Estados Unidos se está vendiendo como la seda. Según un estudio realizado entre más de diez millones de clientes de una compañía norteamericana de seguros médicos, ya se les está recetando testosterona a casi el tres por ciento de los hombres de más de 40 años. Pero el informe ha sacado a la luz algo más: la mayor parte de esas prescripciones médicas no son necesarias. Además, afirman los críticos, la moda de la testosterona oculta riesgos. Consumida en exceso, estimula el desarrollo del cáncer de próstata y favorece los infartos cardiacos y cerebrales. Los hombres con hipogonadismo, cuyos testículos producen poca o casi ninguna testosterona, sí se benefician de estas pomadas -en eso están todos los médicos de acuerdo-, pero pocos hombres sufren hipogonadismo serio.

¿Desde cuándo preocupa?

La idea de un climaterio masculino ya fascinaba en la Antigüedad. Los romanos consideraban que el año 63 de la vida suponía un peligroso hito y se felicitaban por haber superado el annus climactericus maximus.

Hará unos cien años, médicos especialistas en enfermedades nerviosas observaron que los hombres también sufrían su propia ‘menopausia’. Aseguraban que, pasada cierta edad, sufrían una “llamativa sensibilidad no apreciada con anterioridad y una tendencia al llanto”.

Después, con el avance de las investigaciones sobre las distintas glándulas del cuerpo, el presunto climaterio masculino pasó a explicarse a partir del déficit de testosterona. En un primer momento, los químicos la procesaban a partir de toneladas de testículos de toro y sudor humano hasta que, en 1935, se consiguió su síntesis en laboratorio.

¿Vivimos una epidemia?

Cuando, hace pocos años, los científicos hallaron la manera de administrar la testosterona no solo como inyección o parche, sino mediante un gel, estas dolencias masculinas irrumpieron con fuerza: casi a la par que el nuevo producto surgió la nueva epidemia.

En los Estados Unidos se receta testosterona al tres por ciento de los hombres de más de 40 años

Algunas empresas que comercializan estos geles utilizan las páginas webs para pescar pacientes: “¿Falta de energía?, ¿pérdida del deseo sexual?” , preguntan al internauta y, a continuación, le proponen. Haga nuestro ‘testo test’ on-line” . Siguen 18 preguntas sobre dolores, sudor, sueño, irritabilidad, potencia sexual, libido. Aunque se responda a todas ellas con la opción ‘trastornos moderados’, se recibe un diagnóstico de acuerdo con el cual se estaría ‘seriamente afectado’.

De esta manera, cada vez son más los hombres que le preguntan a su urólogo por la testosterona. Sin embargo, unos valores bajos de esta hormona no llevan necesariamente a presentar molestias. Al contrario: es normal que el nivel de testosterona se reduzca ligeramente a lo largo de la vida.

¿Cuál es el nivel adecuado? El bienestar masculino, en realidad, no depende en absoluto de lo alto que sea el nivel de esta hormona. Algunos hombres presentan unos valores de testosterona por encima de la media y aun así se sienten decaídos. Otros, por el contrario, tienen ese valor por los suelos y la energía por las nubes.

Y otro dato. “Los pacientes que creen que estas terapias tienen un efecto apreciable sobre todos o la mayoría de los síntomas se quedarían sorprendidos al ver los resultados de los estudios aleatorios”, han afirmado los médicos estadounidenses Lisa Schwartz y Steven Woloshin en la publicación Jama Internal Medicine. También sostienen en sus páginas que el tratamiento con testosterona solo reduce ligeramente la acumulación de grasa corporal y que apenas favorece el aumento de la libido y la satisfacción sexual. Y ni siquiera mejora el estado de ánimo.

¿Qué perjuicios causa?

En un estudio reciente, a más de 200 hombres mayores se les aplicó a diario o bien una pomada sin principio activo alguno (placebo) o un gel de testosterona. De los que recibieron la hormona, 23 hombres sufrieron dolores en el pecho, hipertensión, desmayos, edemas, infartos cardiacos… Los propios médicos decidieron interrumpir el estudio al cabo de seis meses para no seguir poniendo en riesgo la salud de los participantes.

La administración de testosterona puede desatar hipertensión e infartos, y aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de próstata

También se ha demostrado que la administración de testosterona puede aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer de próstata. Más del 40 por ciento de los hombres mayores de 50 años presentan en la próstata pequeños focos cancerígenos que se mantienen en estado latente. Es precisamente sobre estas células cancerígenas, en sí inofensivas, sobre las que la testosterona actúa como un acelerador del crecimiento.

Un escándalo similar se dio hace un par de décadas en las mujeres. Los ginecólogos minimizaron durante años los indicios que apuntaban a que las hormonas sexuales sintéticas, administradas para tratar la menopausia, podrían ser peligrosas. Como consecuencia, numerosas mujeres que tomaron confiadamente este tipo de productos acabaron desarrollando cánceres de mama.

DOS MILENIOS DE CLIMATERIO MASCULINO

Las primeras sospechas, en Roma.

Los romanos fueron los primeros en hablar del climaterio masculino. Para ellos, los 63 años eran la edad crítica.

Mendel propone un tratamiento.

A principios del siglo XX, el neurólogo berlinés Kurt Mendel -enemigo declarado de Sigmund Freud y de la visión sexualizada que el padre del psicoanálisis tenía de todo- fue el primero que, en la práctica médica, apreció en sus pacientes varones maduros “una llamativa sensibilidad y una tendencia al llanto”. Él lo asoció a la menopausia masculina. Su receta era baños en aguas carbonatadas y fricciones frías.

¿La culpable? La testosterona.

Tras las aportaciones de Mendel, el estudio del climaterio masculino se detuvo hasta los años 60. Revivió con la expansión como disciplina de la andrología. En esta época se acuñó el término ‘andropausia’ y se determinó que la causa podían ser unos niveles bajos de testosterona.

¿Qué nivel se considera ‘bajo’?

En 2000, un grupo de expertos alemanes determinaron que el valor normal de testosterona en el hombre maduro era de 12 nanomoles por litro de sangre. En la práctica, ese nivel es tan alto que el 20 por ciento de los hombres sanos no llegan a él. En la actualidad, los especialistas admiten que lo normal son niveles de entre 3 y 12 nanomoles.

 

¿QUÉ EFECTOS CAUSA SU DISMINUCIÓN?

La testosterona es clave para el hombre en todos los aspectos aquí detallados. A partir de los 40 años, su nivel desciende un 1,6 por ciento cada año. Casi el 20 por ciento de los mayores de 60 años y entre el 30 y el 40 por ciento de los mayores de 80 presentan niveles de testosterona por debajo del rango normal.

  • Memoria. Aumenta la concentración y la memoria. Su ausencia fomenta cambios emocionales y genera somnolencia.
  • Vista. La testosterona mejora la percepción visual y espacial. En los Estados Unidos, los bateadores de béisbol toman testosterona no tanto para incrementar su masa muscular, sino porque mejora la percepción visual de la bola.
  • Voz. Cambia la voz en la pubertad.
  • Vello. Estimula el crecimiento del vello en el pecho, la cara y los genitales.
  • corazón Aunque no tenga una incidencia directa en los procesos cardiacos, tener baja la testosterona aumenta el riesgo cardiovascular.
  • Músculos. Aumenta la masa muscular y disminuye la grasa. Cuando empieza a decaer, se tiende a la concentración de grasas, sobre todo en el abdomen.
  • Genitales. Desarrolla el órgano sexual. Su ausencia hace que descienda o desaparezca el deseo sexual.
  • Huesos. Aumenta la densidad y el crecimiento de los huesos.