El objetivo de un Ironman no es llegar el primero. Es alcanzar la meta. La clave para conseguirlo reside en contar con una motivación extraordinaria que te empuje cuando no puedes más. Como en la vida. Viajamos a uno de los Ironman más duros del mundo, en Lanzarote. Por Silvia Domínguez Vidal.

Los finishers

Así se llaman a sí mismos los deportistas de hierro que se lanzan al mar a las 7 de la mañana y son capaces de llegar a la meta, corriendo 42 kilómetros, antes de las 12 de la noche. Tienen 17 horas para acabar el circuito.

Un Ironman es un tipo de triatlón, una prueba deportiva que une natación, ciclismo y carrera a pie. Hay distintas modalidades en función de la distancia recorrida: esprint, olímpico y otras. El Ironman es la más exigente de todas: el triatlón de larga distancia con 3,8 kilómetros de natación; 180 kilómetros de bici; y, por último, una maratón, 42,2 kilómetros de carrera. En total, 226 km para poner al límite el cuerpo en un máximo de 17 horas. Teniendo en cuenta que por sí sola la maratón es ya un objetivo deportivo importante, un Ironman es sin duda algo fuera de serie.

Así empezó todo.

Esta disciplina nace en Hawái en 1978 y desde entonces ha ido ganando más y más adeptos. Los 15 participantes que protagonizaron aquel primer triatlón hace casi 40  años se han multiplicado hasta convertirse en miles. La mayoría, atletas amateurs. Solo el 1 por ciento son profesionales. Estamos ante una especie de fiebre Ironman en los cinco continentes. En España, cuna de grandísimos triatletas profesionales como Javier Gómez Noya o Iván Raña, no somos excepción. Además de los más novedosos Ironman de Barcelona y Mallorca, y otras pruebas de larga distancia como la de Vitoria, desde 1992 viene celebrándose en Lanzarote el Ironman en activo más antiguo de Europa. El año pasado festejó su 25.ª edición, con más de 1800 participantes. Dicen de él que es el más duro y emotivo de todos. La Meca para muchos valientes. Lo más parecido a Hawái, donde se celebra el Campeonato del Mundo.

Hay que entrenar una media de 12 a 14 horas a la semana durantes 6 o 7 meses. Solo el 1% son profesionales.

Estamos ante hombres y mujeres de todas las edades, nacionalidades, condiciones, que se marcan el objetivo común de ser capaces de terminarla, de ser finishers. No se dedican a ello profesionalmente. Además de sus trabajos o estudios, muchos tienen una familia o pareja con los que conciliar entrenamientos en los que invierten una media de entre 12 y 14 horas a la semana durante unos 6 o 7 meses. Cuidan su alimentación al milímetro, sacrifican horas de sueño, de ocio con su entorno, intentan buscar un equilibrio que les permita sacar tiempo para nadar, correr o salir en bici haciendo verdaderos malabares.

El objetivo de un Ironman no es llegar el primero. Es alcanzar la meta. la clave para conseguirlo reside en contar con una motivación extraordinaria que te empuje cuando no puedes más.

Pero ¿por qué? ¿Qué lleva a una persona normal y corriente a plantearse hacer un Ironman, con todo lo que ello implica de sacrificio y entrega? ¿Por qué cada vez son más? Quizá la clave esté en que no hablamos de deporte simplemente. Se trata de rebelarse, cuentan los participantes, ante el mensaje derrotista del «no puedo», de tomar conciencia de todo lo que uno puede conseguir si su motivación es lo bastante fuerte, de aprender que en ese camino la ayuda de los demás, aunque sea una simple palabra de ánimo, puede marcar la diferencia. Esa es la verdadera magia que esconde esta prueba. El aprendizaje vital que acompaña a todo finisher. Y es que el Ironman es como la vida, y la vida es como un Ironman.

Silvia Domínguez Vidal