Carmen Ruiz Repullo, socióloga y autora del estudio ‘Voces tras los datos’, sobre la violencia de género entre adolescentes, realizó más de 20 entrevistas a chicas maltratadas. Por Priscila Guilayn

P. ¿Es correcto echar la culpa de la violencia de género entre adolescentes a las nuevas tecnologías?

R. No creo que las nuevas tecnologías produzcan ni fomenten formas de violencia o desigualdad. Son un elemento más de la vida cotidiana. Si chicos y chicas tienen una relación sana entre iguales, las redes sociales no son un problema. El foco está en cómo educamos.

P. ¿Cuándo regalar un móvil?

R. Para utilizar un elemento tan importante como un smartphone, los niños deben tener cierta madurez. Hay chicos que con 12 años ya la tienen y otros que con 14 no la han alcanzado todavía. De todas formas, hay que poner límites en el acceso a Internet. El espacio de encuentro ya no es el parque; ahora pasan horas mirando las conversaciones de los grupos de WhatsApp donde están metidos. No se puede pasar de no tener móvil a utilizar un smartphone con Internet las 24 horas del día.

P. ¿Cómo deben reaccionar los padres ante la violencia de género?

R. Si intuyen que su hija sufre violencia, lo primero que deben hacer es buscar ayuda profesional, programas de atención psicológica, que les digan cómo trabajar con su hija. Las pautas deben ajustarse al momento que vive su hija en la relación de pareja. No es lo mismo si lleva tres meses con su novio que tres años.

P. ¿Funciona castigarla o prohibirle ver al chico?

R. Es lo que se suele hacer, pero no son buenas soluciones. Hacen que las chicas se posicionen contra sus familias. Debemos recuperar la confianza de nuestros hijos. Hay que dejar que sea ella quien rompa la relación. Claro está que, si hay una clara situación de peligro y ella no se da cuenta, hay que intervenir.

P. ¿Denunciando?

R. Muchas familias denuncian al chico agresor, pero, por mi experiencia, la denuncia no siempre es la manera de romper una relación. Hay chicas que siguen con sus novios incluso cuando hay una orden de alejamiento. Es necesaria la ruptura emocional. La ruptura legal no suele ser suficiente. Por eso es muy importante que las familias se preparen para ayudar a sus hijas.

P. ¿Cómo mostrar a las chicas que viven una relación tóxica?

R. Ellas ya conocen la teoría. Saben lo que es una relación sana y una que no lo es. Pero tienen dificultad de pasar a la práctica. Es muy importante que interioricen que los celos no son una demostración de amor. Hay que deconstruir esta asociación. Se deben realizar trabajos largos con estas chicas. No basta con un taller de dos horas.

P. ¿Cómo prevenirlo?

R. Hay que educar la autoestima; educar en el empoderamiento (que se sientan capaces y no menos que un hombre); cuestionar determinadas películas y comentarios fuera de lugar; mostrar modelos de feminidad dentro de la familia que sean poderosos. Pero es fundamental que seamos coherentes con nuestro discurso.

P. ¿Y en relación con los chicos?

R. Hay que educar dentro de la masculinidad y del respeto; deserotizar el modelo de masculinidad del chulo. Hay que erotizar a los chicos que no se muestran socialmente como modelos atrayentes, pero que son con quienes se puede contar, que son amigos, con los que uno está a gusto contándoles sus problemas. Hay que cambiar esta mentalidad, para que ellas vean atractivo a este chico y no al malote.

P. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, las consecuencias de la violencia de género?

R. Vienen en tres bloques. En primer lugar, tenemos los problemas de salud. Suelen estar relacionados con la baja autoestima, la ansiedad y el estrés. Muchas chicas tienen trastornos estomacales, temblores y desmayos. También ven afectada su salud por las interrupciones voluntarias del embarazo o por tomar con frecuencia la píldora del día después, una vez que sus novios rechazan de modo habitual el uso de preservativos. En segundo lugar, están las consecuencias educativas. El rendimiento académico cae y muchas repiten curso porque con todo lo que están viviendo no son capaces de centrarse en los estudios. Y, en tercer lugar, el efecto social. Muchas chicas son cuestionadas por sus iguales. Los cuestionados no son los agresores. Eso hace que sientan peor todavía. Además, por todo el control que sufrieron por parte de sus parejas, acaban aisladas sin amistades. Cuando rompen con el chico, tienen que volver a crear un mundo social.