Empezar a estudiar con tiempo, tener motivación y saber organizarse para sacar el mayor partido posible a los exámenes son factores imprescindibles para saber que la materia está controlada, pero… ¿qué hacemos con la ansiedad? 

Ejercicio y ocio. Sin un cuerpo tonificado es difícil rendir al máximo nivel. Tampoco es muy favorable una sensación de agobio, de no haber tenido ningún descanso mental durante días. Hay que saber regularse y dejar una escapatoria para funcionar en las horas que se dediquen al estudio. Mantener la atención al máximo durante más de una hora seguida es casi imposible.

Alimentación. Las digestiones pesadas son uno de los peores enemigos de la atención, además de afectar al estado de ánimo. Es preferible hacer cinco o seis comidas al día con cantidades no muy grandes. Como casi siempre, la dieta mediterránea es el mejor aliado. Los hidratos de carbono son el principal alimento del cerebro, junto a las vitaminas y ciertas sales y oligoelementos. Los excesos de café y bebidas azucaradas son contraproducentes.

Horas de sueño. Las pautas de higiene del sueño son fundamentales para un estudiante. Hay que tener en cuenta también que las personas, por norma general, funcionamos mejor por las mañanas, una vez descansadas, con lo que un buen reposo es el mejor preludio de un buen estudio. Una cabezada de unos minutos a mediodía puede servir para reiniciar la actividad.

Relajación. La respiración abdominal es el método de relajación más efectivo minutos antes de un examen, pero hay que entrenarla antes para lograr que el ritmo cardiaco se rebaje, como señalan los especialistas. Es conveniente llegar con tiempo suficiente al examen para no sumar la tensión del reloj y dejar hueco para uno de estos ejercicios. El estrés es el peor enemigo de los exámenes… Aunque tampoco hay que obsesionarse con la tranquilidad. tener cierto nerviosismo es bueno para mantener el cuerpo alerta.

Lo que nunca se debe hacer. Los repasos acelerados de última hora en la puerta solo sirven para incrementar la tensión al descubrir montones de pequeños detalles olvidados en general, sin mayor importancia. Eso no incluye, por supuesto, el no mirar algún dato si en un análisis mental se percibe alguna laguna.