Manipulaciones, venta de datos, ‘fake news‘: ¿el monopolio de Facebook se ha convertido en un peligro para la democracia? Hablamos con el abogado norteamericano que lleva reclamando desde hace años que se limite el poder a este tipo de plataformas. Por Georg Diez

Tim Wu, de 45 años, es uno de los principales críticos de las grandes empresas monopolísticas de Internet, como Facebook o Google. En libros como The attention merchants, este profesor de Derecho de la Universidad de Columbia (Nueva York) aúna el análisis de la llamada ‘economía de la atención’ (véase recuadro de la página 40) con una reflexión sobre las posibilidades de regular lo que, a la vista de los últimos acontecimientos, parecen unas máquinas devoradoras de democracia.

XLSemanal. Señor Wu, ¿hasta qué punto es seria la situación en la que se encuentra Facebook?

Tim Wu. Es muy seria. En la empresa reina un estado de auténtico pánico. Que Cambridge Analytica tuviera acceso a los datos de 50 millones de usuarios de Facebook, y los usara supuestamente para manipular las elecciones presidenciales norteamericanas, es solo el último escándalo. Google también tiene sus historias turbias. Pero Facebook tiene más cadáveres en el armario que Google.

“Saldrán más cosas a la luz. Muchos empleados de Facebook están dejando su trabajo ante este tipo de prácticas, y acabarán hablando”

XL. ¿Qué va a pasar ahora?

T.W. Saldrán más cosas a la luz. Hay muchos empleados que están dejando su trabajo porque no quieren tomar parte en este tipo de prácticas comerciales, y acabarán hablando. Son como desertores que abandonan el régimen de Facebook, igual que los alemanes orientales se iban de la RDA. Y dicen: aquello no era un paraíso.

XL. Usted sitúa como causa de todos los males el modelo de negocio de Facebook; es decir, el empleo de los datos de los usuarios con fines publicitarios. ¿Facebook ha ido demasiado lejos o es el propio modelo de negocio el que es un problema?

T.W. Para responder esta pregunta, hay que remontarse al año 2012 o al 2013. En ese momento, en Facebook tenían un problema de ingresos. Habían logrado concitar la atención de un montón de gente, pero no conseguían sacarle suficiente dinero. Así que dedicaron mucho tiempo y muchos dólares a pensar cómo podían cambiar esa situación. Esto es, cómo podían convencer al mundo de que tenían el poder de manipular a las personas. Llevaron a cabo unos cuantos experimentos muy agresivos en esa línea, y los resultados los estamos viendo ahora.

XL. El usuario se convirtió en mercancía…

T.W. Y Cambridge Analytica es solo un ejemplo. La influencia rusa en las elecciones estadounidenses es otro. Los bots, usuarios automatizados, robots básicamente, son otro problema. Y sobre todo las fake news. Todo esto es consecuencia de la decisión que Facebook tomó hace un par de años de convertirse en la mejor plataforma de publicidad y manipulación del mundo.

XL. ¿Cuál debe ser la respuesta a los excesos cometidos por Facebook, Google y otros monopolistas de Internet?

T.W. Yo me dedico sobre todo a cuestiones relacionadas con los derechos de competencia y de cártel, y creo que cada vez es más evidente que hay que regular Facebook de alguna manera. Tenemos que poner el foco en esta empresa de una vez por todas. Facebook se ha hecho demasiado grande. En Estados Unidos existe una tradición muy antigua -a diferencia de en Europa- de afrontar el problema del tamaño de las empresas. En Estados Unidos las trocean de una forma muy agresiva. Lo empezó a hacer en la primera mitad del siglo XX el presidente Roosevelt.

XL. El propio Mark Zuckerberg habla de que se podría regular Facebook, pero al mismo tiempo da la sensación de que preferiría que el Estado se mantuviera al margen.

T.W. No creo que Facebook realmente quiera que lo regulen. Mark Zuckerberg es un hombre con un ego muy sensible, un hombre que quiere ser grande, con poder. Tener que desmontar Facebook, separando Instagram y WhatsApp de la matriz Facebook, por ejemplo, lo vería como una humillación. Él se ve como el hombre que une a la humanidad, esa es la imagen que tiene de sí mismo.

XL. ¿Cuáles serían las consecuencias directas del cambio en la política de protección de datos y de privacidad?

T.W. Básicamente pondría en riesgo el modelo de negocio de Facebook. Y la empresa ya está reaccionando a esa posibilidad.

XL. ¿Cómo?

T.W. Quiere evitar a toda costa ser tratada como una empresa de comunicación, ya que entonces tendría que regular sus derechos de privacidad de una forma totalmente distinta a como lo debería hacer la plataforma neutral que Facebook quiere ser. Los cambios introducidos en el algoritmo son una respuesta en esa línea, ahora se prioriza a los amigos y familiares frente a las noticias.

“Zuckerberg es un hombre con un ego muy sensible, quiere ser grande, con poder. No creo que quiera regular Facebook. Lo vería como una humillación”

XL. ¿Una vuelta a los orígenes, por lo tanto?

T.W. En cierto modo. Hace 15 años, mucha gente tenía la idea de que Internet mejoraría la democracia. Y no era una idea descabellada. Creo que el optimismo en la vida es positivo. El problema es que nadie se encargó de que los intereses de los principales actores se mantuvieran encaminados a ese objetivo. Simplemente se asumió que las cosas irían bien por sí mismas.

XL. ¿Y de ahí el shock actual?

T.W. No era realista pensar que se pudieran delegar funciones democráticas básicas en empresas privadas, que buscan por encima de todo repartir la mayor cantidad posible de dinero, año tras año, entre sus propietarios, inversores o accionistas. Y en el fondo tampoco se les puede echar eso en cara, está en su naturaleza. De vez en cuando dejan caer un par de frases idealistas sobre la comunidad virtual, pero esa no es su verdadera razón de ser.

XL. ¿El problema se encuentra entonces en el origen mismo de todas estas empresas?

T.W. Nadie diseñó Facebook o Twitter para que fuesen una fuente de información… y no de desinformación. Nadie asumió la responsabilidad de hacerlo cuando una forma de información -la de las mentiras, las fake news y la propaganda- empezó a dar más dinero que la otra forma, la transmisión de la verdad. Ese fue el gran error que se cometió.

“Hace 15 años, muchos creían que Internet mejoraría la democracia. Pero se delegó en empresas privadas que buscan por encima de todo dar los máximos beneficios”

XL. ¿Qué se podría haber hecho de otra manera? ¿O qué se puede hacer de otra forma ahora?

T.W. Tomemos el caso de Google, una empresa con fines nobles. Pues bien, Google no tendría que ser una empresa privada, sino pública. Su objetivo no tendría que ser el beneficio, sino garantizar un espacio público mejor y más maduro.

XL. ¿Es demasiado tarde para eso?

T.W. Al contrario. Creo que precisamente ahora hay espacio y oportunidad para crear otra forma de redes sociales, para hacerle la competencia a Facebook. Que surja alguien en quien se pueda confiar más, alguien que proteja la privacidad. Estados Unidos es un país marcado por la moralidad, aunque ahora mismo no lo parezca teniendo ahí a Donald Trump. Una empresa con un enfoque moral tendría muchas oportunidades en estos momentos.

XL. ¿Pero estaríamos hablando de otra forma de economía de mercado?

T.W. Eso también tiene bastante tradición en Estados Unidos. Por ejemplo, el jurista Louis Brandeis planteó a finales del siglo XIX la idea de que el mercado debería estar al servicio del ser humano. Para él, el desarrollo personal debía ser el factor determinante, mucho más que el dinero. Creo que este tipo de pensamiento irá ganando relevancia.

XL. Es decir, el idealismo de los comienzos de Internet, el mito de cambiar el mundo que tanto se oía en Silicon Valley…

T.W. Y fue precisamente ahí donde surgió la contradicción. Tenemos el doble origen de Internet, nacido del ethos californiano. Por un lado, está la fe en que los seres humanos son buenos, que solo necesitan que se les dé una oportunidad. Por el otro, está esa fe libertaria radical según la cual hay que dejar que el humano funcione por sí mismo, es decir, egoísmo en lugar de cooperación.

XL. El ethos californiano tuvo su origen a finales de los sesenta… En última instancia parece que todo se reduce a una cuestión de concepción del ser humano.

T.W. Esta situación me recuerda un poco al enfrentamiento entre Freud y sus discípulos. En El malestar en la cultura, Freud dice que es necesaria cierta coerción para sujetar las fuerzas oscuras del ser humano, el sexo, la pulsión de muerte, el poder… Según él, hace falta cierta forma de represión para salvar la civilización.

XL. ¿Y Facebook sería entonces el ‘ello’ del capitalismo, la cara oscura de esta forma de economía de mercado?

T.W. Se podría decir así. Freud explica muy bien a lo que me refiero. Las esperanzas y sueños de los primeros tiempos de Internet nos parecen algo ingenuas en muchos aspectos, con todos esos idealistas que decían que creaban cosas para la comunidad y las distribuían de forma gratuita.

“Google tendría que ser una empresa pública. Su objetivo no debe ser el beneficio, sino garantizar un espacio público”

XL. Freud publicó El malestar en la cultura en 1930, poco antes de que el fascismo llegara al poder en Alemania. ¿No verá la situación actual igual de negra?

T.W. No, pero me parece interesante que se vuelva a reflexionar sobre el surgimiento del fascismo, que al menos en parte se debió a una muy extendida insatisfacción económica, causada a su vez por una extrema concentración de la riqueza. Y también al anhelo de un hombre fuerte que prometía liberar a la gente de esa injusticia.

XL. ¿El poder que tienen empresas monopolísticas como Facebook y Google las convierte en un peligro para la democracia?

T.W. Tenemos una estructura económica como la de finales del siglo XIX en Estados Unidos, en la que creció el deseo de acabar como fuera con la extrema riqueza acumulada en las manos de unos pocos (la Ley Sherman Antitrust de 1890 fue la primera medida del Gobierno estadounidense para limitar los monopolios). No sorprende que la política cada vez refleje más ese radicalismo, y no solo en Estados Unidos. Cuanto mayores son las penurias económicas, más extremas y burdas son las respuestas políticas. Esa también es la historia de Facebook.

Un profesor nada convencional

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Tim Wu es profesor de Derecho en la Universidad de Columbia. Está especializado en competencia y derechos de autor. Colaborador habitual de The New York Times, trabajó en la oficina del fiscal general de Nueva York en asuntos relacionados con tecnología y protección del consumidor. Acuñó la expresión. ‘neutralidad de la Red’, un concepto clave en los debates sobre la regulación de Internet.

Wu defiende que nosotros mismos limitemos nuestro consumo de Internet. «Cuando Obama daba fiestas en la Casa Blanca, a los invitados se les pedía que dejaran los móviles en la entrada. Sin selfies ni tuits, todos estaban en la fiesta. Hay que recuperar los espacios físicos, empezando por la casa de uno. Se puede adoptar la medida de dejar los aparatos en la entrada o limitar su uso a un ambiente de la vivienda. La clave es establecer límites físicos; reconocer lo débil que es nuestra voluntad. Porque no vas a ganar si tratas de luchar con las fuerzas del mercado en una batalla abierta. Vas a terminar como el alcohólico que entra a un bar y se dice a sí mismo. ‘Solo una copa’».

La estrategia del perdón

Las burlas se desataron en Twitter cuando se supo que Zuckerberg había puesto un cojín en la silla desde la que iba a declarar ante el Senado de EE.UU. por el uso ilegal de datos. Tras casi cinco horas de interrogatorio, abandonó la sala 3.000 millones de dólares más rico. Facebook se volvió a disparar en Bolsa después de que su dueño pidiera perdón. Solo el senador Dick Durbin lo puso en verdaderos aprietos. «Señor Zuckerberg, ¿en qué hotel se alojó anoche?». Larga pausa. «Preferiría no compartirlo», sentenció.

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