Después de cuatro años luchando por su relación, la duquesa de alba y alfonso díez se dieron el sí, quiero en una boda que no ha dejado indiferente a nadie.Les mostramos cómo la pareja disfrutó en sevilla del día más feliz de su vida.

Descalza, feliz, emocionada. Así apareció la duquesa de Alba ante el gentío que esperaba verla a las puertas del palacio de Dueñas tras su enlace con Alfonso Díez. La imagen de Cayetana bailando con sus medias de rejilla mientras el pueblo la jaleaba quedará para la historia. Así es ella. Pura pasión. Ese fue el momento cumbre de su enlace. Pero hubo muchos otros. Desde primerísima hora, la duquesa ya estaba en pie. Esa noche había dormido mal, ya que estaba muy

preocupada por la salud de su hija, Eugenia, que el martes amaneció con un brote de varicela aguda, que requirió su ingreso en la madrileña clínica Ruber. Cayetana lloró por su hija y se desveló en varios momentos de la noche. Además, estaban los nervios por su ceremonia, el querer que todo saliera bien y la emoción de tener a los suyos junto al que ya es su marido.

Noche de nerviosTampoco fue tranquila la noche para Alfonso. La pasó en su habitación del hotel Eme, donde se alojó con sus familiares. Estaba agobiado por la repercusión mediática y no paraba de repetir que no buscaba ningún protagonismo. De ahí que hasta sopesara salir por la puerta trasera del hotel y evitar las primeras fotos. Menos mal que no lo hizo. Tras recoger a Carmen Tello, su madrina, en el taller de los Victorio and Lucchino se fue hasta Dueñas. Carmen estaba como nunca, impecable con el vestido rojo de los sevillanos y la mantilla blanca que le pidió Cayetana que se pusiera. Se la colocaron al estilo isabelino, como hacían en Sevilla en el siglo XIX. Ella más que nadie ha sabido apoyar y defender a su amiga Cayetana, y su elección como madrina era la manera en la que los novios la recompensaban. Una vez en palacio, los asistentes pudieron admirar cómo se había decorado la capilla con rosas y paniculatas.

Ilustres testigosCayetana entró del brazo de su primogénito, el duque de Huéscar. Y Alfonso, con Carmen Tello. En el altar, les esperaban los tres sacerdotes que celebraron la ceremonia. El padre Ignacio Sánchez Dalph, confesor de la duquesa, fue quien llevó la voz cantante. Aunque para voces, las de grupo Siempre así, que amenizó la ceremonia. Durante la misma, hubo varias lecturas, de las que se encargaron la hermana del novio, Begoña, su sobrina Rocío, Cayetano Martínez de Irujo y Francisco Rivera. Testigos de la novia fueron sus hijos Alfonso, Fernando y Cayetano, así como Curro Romero y Cayetano Rivera. Por parte del novio, firmaron sus hermanos, su tía, su sobrina, el doctor Trujillo, Teresa Pickman y Diego Miranda. El novio se emocionó al finalizar la ceremonia, ya que se acordó de sus padres ambos fallecidos. Pero más que lágrimas, después de casi cuatro años luchando para llegar a este día, lo que había era mucha felicidad y emoción por cumplir un sueño que parecía imposible. Cayetana es una luchadora , decía horas antes Carmen Tello. Y tanto. Una vez casados, fueron agasajados con unas rumbas y sevillanas de Siempre así. Ahí salió el genio y la figura de la duquesa, que no dudó en bailar con su marido para después hacerlo con su hijo Cayetano, con Curro Romero y con su exyerno, Francisco. Después, se desplazaron hasta uno de los salones donde se sirvió el bufé. Había de todo y en abundancia. gazpacho, ensalada de angulas y caviar, tortilla, arroz a la provenzal, gambas de Huelva, patatas estilo ducal, ternera con salsa bearnesa, ave al limón y, como postres, tocino de coco y pastel de almendras. Para evitar formalismos, se optó porque cada uno se sentara donde quisiera. Los novios estuvieron mucho tiempo con la familia de Alfonso y con Cayetano Martínez de Irujo, que vivió la boda junto a su exmujer, Genoveva, al igual que su hermano Alfonso con su ex, María Hohenlohe.

Grandes ausentesLas ausencias de Jacobo e Inka Martí se justificaron con la excusa de que se encontraban en Francia y la de Matilde Solís, porque lleva tiempo retirada de actos sociales. De los ex, la única que acudió con su actual pareja fue María Eugenia Fernández de Castro, que lo hizo junto a Guillermo Gaspar. Por nada del mundo se hubiera perdido este enlace, lo mismo que Genoveva Casanova, que acaba de regresar de EE. UU., donde han intervenido por segunda vez a su madre. Los fumadores tuvieron su espacio en la galería, donde se reunieron los amigos de los novios. los Pickman, Curro Romero y Carmen Tello, Isabel León, Victorio and Lucchino No hubo discursos ni más palabras y sí un ambiente distendido, que sirvió para relajar los nervios acumulados durante estos días y empezar una nueva vida. Cayetana, como señora de Díez, y Alfonso, como duque de Alba. f

La pareja es, por fin, marido y mujer.Como duque de Alba consorte, Alfonso tiene tratamiento de excelentísimo señor. Esta imagen es el fiel reflejo de su amor.

Alfonso y Cayetana se dieron el sí quiero en la más estricta intimidad. Abajo a la izquierda, la duquesa le coloca la alianza a Alfonso. Una vez finalizada la ceremonia, los recién casados salieron de la capilla entre los aplausos de sus allegados.

Arriba, Carmen Tello, junto a Victorio y Lucchino, que diseñaron su vestido. Lució una mantilla blanca colocada al estilo isabelino por deseo de la duquesa.

LOS INVITADOS

Arriba, los familiares del novio, a su llegada a la capilla del palacio de Dueñas. A la derecha, el doctor Trujillo, neurocirujano que operó a la duquesa en 2009, del brazo de su acompañante.

A la izquierda, la duquesa de Alba entra en la capilla del brazo de su primogénito, Carlos Fitz-James Stuart, padrino del enlace. Abajo, María Eugenia Fernández de Castro, Genoveva Casanova, Cayetano Martínez de Irujo y el diseñador Lucchino.

Los hijos de la duquesa aprovecharon los minutos previos a la ceremonia para saludar al que se convertiría en el marido de su madre. Arriba, Alfonso Díez estrechando la mano de Alfonso y, a la derecha, con Fernando.

Francisco y Cayetano Rivera, por los que Cayetana siente un cariño especial, no le fallaron. Fran acudió solo, mientras que Cayetano estuvo acompañado por su novia, Eva González.

LA CEREMONIA

Pasados unos minutos de las 13.00 horas, daba comienzo la celebración religiosa. Media hora después, pronunciaban el sí, quiero. Antes de salir a recibir el calor del pueblo sevillano, los novios y los testigos procedieron a firmar para formalizar el matrimonio (abajo).

Sobre estas líneas, los novios dándose un beso. A la derecha, el párroco bendiciendo su unión. Fran Rivera fue el encargado de realizar una de las lecturas (abajo).

LA MÁS FLAMENCA

Que le quiten lo “bailao”Tras pronunciar su tercer ?sí quiero?, la duquesa tuvo tiempo para arrancarse por sevillanas y demostrar que le sobra arte. El primero en acompañarla, a la salida de la capilla, fue su marido. Y tras él, ya en el interior de Dueñas, bailó con los Rivera (arriba dcha.), su hijo Cayetano (abajo) y con Curro Romero (abajo dcha.)

El vestido de la novia.El diseño de Victorio t Lucchino, en gasa de seda natural, tenía las mangas abullonadas salpicadas por pequeños jazmines en organza grises y rosas. Los zapatos eran de Pilar Burgos y, los pendientes, prestados por su hija Eugenia, constaban de dobles lágrimas con diamantes. Las flores del ramo eran rosas de pitiminí en pastel.

LAS ANÉCCOTAS

Los bocetos de la jornadaVictorio and Lucchino, encargados de diseñar los trajes de la novia y de la madrina, hacían llegar a la prensa, minutos antes de la ceremonia, los bocetos de los vestidos que más expectación despertaban entre el público. Un éxito rotundo en el caso de ambos modelos.

Los regalos Desde primera hora de la mañana, el palacio de Dueñas recibía un constante goteo de flores, bolsos, pendientes, recuerdos de orfebrería y hasta cestas repletas de alimentos de primera calidad.

La música favorita de la Duquesa Los integrantes del grupo sevillano ?Siempre así? fueron los responsables de amenizar la celebración y de arrancar a Cayetana Alba por sevillanas cuando los novios salieron a saludar, una vez convertidos en marido y mujer.

Sevilla, entregada Gritos de ?guapa, guapa?, aplausos enfervorizados, disfraces y camisetas. Los sevillanos se volcaron con su personaje más célebre y admirad