Es la última moda en las calles de Nueva York, San Francisco o Seattle. Sirven comida rápida, pero también sofisticada y creativa. ¿Pero por qué las foodgonetas no han invadido todavía España?

Una cola de unas 50 personas serpentea a lo largo de una de las avenidas del barrio angelino de West Hollywood. Esperan, pacientes, su turno para probar la especialidad de la casa. los tacos fusión (mexicano-coreana) que han hecho famoso a Kogi BBQ. No es el restaurante más trendy de Los Ángeles, sino el food truck más famoso y concurrido de la ciudad. La logística es sencilla. un camión, una carta breve pero suculenta y asequible y una ventanilla de atención al público. Del resto se encargan Twitter y Facebook, que vociferan la ubicación y los horarios del camión.

Los food trucks son la última tendencia gourmet en EE.UU. Nada que ver, por cierto, con los puestos de comida ambulante cuyos grasientos perritos calientes jamás pasarían una inspección de sanidad. Al volante no hay simples vendedores a sueldo, sino chefs jóvenes y emprendedores que quizá no pueden permitirse abrir un local, pero sí conducir un camión. Y aunque algunos siguen sirviendo hamburguesas, pizzas y tacos (muy refinados, eso sí), también hay camiones especializados en sushi, comida india, cupcakes, dumplings o menús consagrados únicamente a la langosta o la comida vegetariana.

Su estrategia es sencilla.se acercan a los edificios de oficinas a la hora del almuerzo y a las puertas de los bares y discotecas cuando cae la noche. Pero también recorren barrios residenciales en busca de vecinos hambrientos que prefieren no coger el coche para ir a cenar. Sin embargo, ni las normativas ni las leyes están de su parte. En Nevada, por ejemplo, tienen que cambiar de ubicación cada 30 minutos y en Washington (donde el cocinero español José Andrés también tiene un camión especializado en bocadillos) deben quitar el freno y arrancar cuando la cola se termina.

De hecho, muchos funcionan sin licencia y algunos hosteleros tradicionales les han declarado la guerra por amenazar con sus cartas low cost sus negocios de ladrillo y hormigón. Aunque su éxito al otro lado del charco los precede, parece que los food trucks se resisten, por ahora, a invadir las calles de España. Razones hay varias. la cultura de la tapa (tan buena y barata como la que más), la superabundancia de bares y restaurantes (toca a un bar por cada 456 habitantes) y las trabas para crear empresas (ya saben. puesto 136 de 185 países, según el Banco Mundial).

Pero el principal problema es la normativa que regula la venta ambulante de alimentos y que restringe la presencia de este tipo de camiones a eventos y lugares determinados. Es decir. mercadillos, fiestas y ferias populares, algún evento privado y poco más. Por eso, en nuestro país a las foodgonetas les sobrarían las ruedas. En Madrid, Salandchichen (la especialidad de la casa es una obviedad) aparca su caravana vintage en Nuevos Ministerios. Eso sí, por ahora, con el freno de mano echado.