Defiende que las modelos sean muy delgadas y aborrece lo que él mismo denomina “masas vestidas de negro y gris”. Valentino Garavani, el último emperador de la alta costura, nos abre las puertas de su peculiar universo.

Cadogan square es uno de los lugares más prestigiosos de Knightsbridge (Londres), pero en comparación con la vivienda de Valentino parece un tugurio de Dickens. Entrar en el imperio del modisto es como acceder a un universo paralelo de perfección estética, donde todo es en alta definición e incluso los fuegos de las dos chimeneas parecen arder en perfecta simetría. Silenciosos ayudantes me conducen a una estancia tan grande como una cancha de tenis decorada con objetos de un valor superior a un sueldo anual medio.

La apasionada entrega de Valentino a la belleza es legendaria. Hablamos de un hombre que utiliza los servicios de un calígrafo profesional cada vez que organiza una fiesta y es necesario modificar la disposición de los invitados en el último minuto. La mitología de sus excesos es tan fantástica que casi espero descubrir que solo se trata de una broma sofisticada. Hasta que una pesada puerta se abre y él hace su entrada.

Valentino tiene un aspecto completamente distinto al de cualquier persona común que yo haya conocido. La carrera del último exponente de la generación de la alta costura abarcó casi 50 años durante los cuales, y hasta su retirada en 2008, vistió a las mujeres más bellas del mundo. Ahora, algunos de sus modelos se exponen en la Somerset House de Londres, una exposición con vestidos de su colección privada que él mismo califica como sencillamente sensacional, preciosa, realmente magnífica. He elegido 140 vestidos; algunos de ellos, absolutamente inéditos . Solo con pensar en ellos parece perderse en un pequeño éxtasis de placer que yo, inocentemente, me atrevo a interrumpir. ¿Son los vestidos que no se vendieron? . ¡No, no, no, noooo! , contesta, mientras me mira con atención, dudando entre castigarme por mi impertinencia o compadecerse de mi ignorancia. Creo que opta por la segunda alternativa porque empieza a reírse de manera sarcástica. No, no, no , añade. Y es prácticamente la última pregunta que parece oír en la siguiente media hora.Por ejemplo. Querida mía, tengo que admitir que me siento muy satisfecho por haberlo dejado en el último momento, porque creo que ya había alcanzado todos mis objetivos. Después de 45 años, todas las colecciones que tenía en mi mente se habían convertido en una realidad y al final, cuando me retiré, la situación mundial no era demasiado buena. Las casas de moda venden menos, no van bien las cosas .

Valentino va a su aire, no hay correlación entre mis preguntas y sus respuestas. De hecho, mi consulta había sido. ¿Por qué tantos estilistas crean vestidos que confieren a la mujer un aspecto extravagante en vez de intentar realzar su belleza? . Valentino parece tener poca familiaridad con la dinámica de las entrevistas. Las considera más como una audiencia que concede y durante la cual las preguntas le dan pie para ahondar en su excepcionalidad, cosa que hace con entusiasmo y una descarada jactancia algo extraña para cualquiera que tenga más de cuatro años. Y lo divertido es que su narcisismo es tan fascinante como el de un niño que da sus primeros pasos, contagioso, tierno y totalmente ajeno al mundo.

En el universo de Valentino, la belleza nunca puede ser problemática, mucho menos política, y la perfección estética es el único valor moral absoluto. Al percatarse de que en su sofá está sentada una hereje desaliñada con una visión del mundo distinta a la suya, parece algo desconcertado pero curioso. Al final, para nuestra mutua sorpresa, una de mis preguntas atrae su interés. ¿Qué piensa de la campaña para excluir de los desfiles a las modelos peligrosamente delgadas? . A lo que él responde. Siempre se ha hablado de ello, luego la prensa ha insistido para que no volvieran a aparecer chicas así, que no pesan nada y que, a su modo, les falta sustancia. Tratamos, bueno, yo no Otros trataron de que desfilaran modelos más metidas en carnes . Se interrumpe con una expresión de disgusto, como un niño obligado a comerse unas acelgas. Y continúa. No puede funcionar. ¿Sabe por qué? Porque cuando muestras por primera vez un modelo con tu creación, con tu mente, quieres hacer realidad vestidos, no sentirte obligado a proceder de una determinada manera. Si lo haces para un cuerpo más lleno, no puedes expresarte como deseas. Si quieres añadir algo en un lado o cambiar un detalle en el otro y el cuerpo no es [dibuja un palo invisible con las manos] nada, no se puede hacer. Ese es el motivo. Cuando muestras una creación por primera vez, la chica debe ser como un sueño. Debes poder permitirte todo. lazos, fruncidos, volantes ¡Todo! A las chicas les encanta ver desfiles porque pueden admirar un sueño sobre la pasarela, y un vestido es como un sueño. Eso es lo que he creado toda mi vida, lo que he absorbido desde siempre. Y así es como me convertí en un perfeccionista. En mi trabajo, en las casas de moda, en todo, no querer ver más que belleza. Soy así .

Si atribuye tanta importancia a la ropa bonita, ¿le ofenderá ver a personas descuidadas como yo? Lo reconozco, me molesta mucho lo que veo cuando voy a Nueva York o Londres, menos en Francia o Italia. La otra noche, en Nueva York, fui a ver no recuerdo qué concierto u obra de teatro, pero empecé a mirar a mi alrededor y de repente vi a una persona delante de mí que, lo juro, llevaba una camiseta no muy [hace una pausa]. ¿Bien cortada? , interpelo. Bien cortada [se estremece]. No muy limpia. Y bermudas cortas, ¡y chanclas en los pies! . Se queda paralizado en una especie de horror teatral. Me molestó bastante. Y me molesta más aquí, en Gran Bretaña, por ejemplo, porque amo este país. Y amo la tradición. Me gustaría volver a ver Downton Abbey. Pero, cuando se piensa en los ingleses y en sus casas de campo Usted es inglesa, así que debe de saber que muchísimas personas se visten con esmoquin y vestido elegante el sábado por la noche. ¿Lo sabe o no? .Le confieso que no conozco a nadie que se ponga esmoquin todos los sábados por la noche y se queda consternado. Oh, no, pues yo conozco a muchísimas personas que lo hacen. Este país está lleno de casas preciosas. Fantásticas . El hombre en chanclas podría sostener que lrtante es disfrutar del teatro, no de la ropa que se lleva puesta , dejo caer.

Tal vez Valentino se hubiera quedado menos impresionado al ver serpientes salir de mis orejas que por el comentario que acabo de hacer. Parece abatido, pero luego habla con magnanimidad. Es posible ponerse un par de vaqueros y un jersey negro, ¿no? Sí corrobora, para una mujer es mucho más fácil. Pero un hombre no puede presentarse en pantalones cortos y chanclas. Por favor, no, no . No estoy segura de qué le resulta más desagradable, si recordar a aquel hombre con chanclas o la sugerencia de tratar de compartir su modo de pensar. Imagino que es esto último lo que más le pone en apuros, a juzgar por el tono alegre que demuestra cuando la conversación vuelve a su sentido de la indumentaria. Siempre decido qué ponerme el día de antes, incluso me he comprado prendas en alguna cadena importante de tiendas . ¿En serio? Bueno, no, quizá tenga usted razón . Y nos echamos a reír. Es como si su identidad de maestro de la alta costura fuese un germen exótico al que dedicar los más cariñosos cuidados. Cuando estoy en la ciudad, me visto así. Por la calle, me doy cuenta de que la gente me observa con atención y piensa. ‘¿Adónde va este hombre tan bien vestido?’. Las masas no pueden juzgar, pero, créame, aunque no tengan bonitos vestidos o grandes estilistas, adoran admirarlos .En comparación con su ocasional uso del término ‘masas’, la costumbre de la actriz Liz Hurley de denominar ‘civiles’ a quienes no son celebridades parece una expresión mucho más positiva e igualitaria. Pero, tengo que admitirlo, cuando veo a las masas salir del metro, todas vestidos de negro y gris, me quedo sin respiración . Y finge que le cuesta respirar.

Pobre de mí, comento bajando la mirada. Visto precisamente de negro y gris. Valentino estudia mi ropa durante un momento y luego alza los ojos, benévolo. Es preciso que lo diga. Durante toda mi vida, y no solo porque sea estilista, sino por carácter, aunque no sepa qué me ha hecho así, nunca he prestado demasiada atención a lo que no me gusta . Por tanto, si alguien va mal vestido, ¿se limitará a ignorarlo? Sí, lo ignoro. Soy así . Confieso que encuentro totalmente impenetrable el lenguaje de la moda y le pido su ayuda. Leo una cita del sitio web de Valentino que describe la colección para la nueva temporada. Los vestidos son una sublimación de fuerzas y figuras ancestrales. ¿Sabe qué significa? . Parece perplejo, pero niega con la cabeza. ¿Y qué me dice de esta otra frase. ‘El ojo trotamundos en busca de las raíces. El redescubrimiento de la fascinación local que se traduce en síntesis global’? . Encoge los hombros, sorprendido y vuelve a negar. No tengo ni idea. ¿Alguien ha escrito esas cosas? Ni siquiera me comprendo a mí mismo, lo siento . Ambos reímos.

Se abre una puerta y entra un agraciado ayudante que, estoy casi segura, se ha quedado detrás de la puerta escuchando durante toda la entrevista. De hecho, está tan sorprendido como nosotros de la atmósfera de absoluta distensión. La audiencia ha terminado. Con un último gesto galante, Valentino me despide con el cumplido más sublime que puede expresar. Usted es bastante chic, a su modo .