A los ocho años hice mi primer papel en Querido maestro. A los trece me llevé un Goya por El Bola. Y ahora, a los 26, debuto en teatro con una adaptación de El nombre de la rosa, de Umberto Eco.

XLSemanal. Dice que cada papel le cambia un poco ¿Con el de Adso de Melk le ha dado por la mística?

Juan José Ballesta. ¡Para nada! De pequeño solo iba a la iglesia cuando acababa la misa para robar una hostia y llevársela a mi abuela. Yo le decía que fuera de misa eso no servía, pero ella no me hacía caso.

XL. Se pasa media función llorando

J.J.B. Sí. Además, lloro de verdad y pongo gestos de niño todo el rato. Mi papel es el de un chico muy asustadizo.

XL. Al Bola, de eso le queda poco

J.J.B. Ni poco ni nada. Lo que no me quito de encima es lo del Bola. A mi hijo incluso lo llaman el mini-Bola.

XL. Aquel papel le procuró un Goya y no pocos altercados violentos en la calle. ¿Ese rollo macarra pasó?

J.J.B. Sí, me refiné mucho cuando dejé de salir por la noche y me eché novia. No bebo ni tomo drogas, y delante de mi hijo no se me escapa ni una palabrota. Vivimos en el campo y ni uso Internet.

XL. En esa época, casi muere de éxito

J.J.B. Tras El Bola todo el mundo me reconocía. No aguanté y me fui a trabajar de albañil con mi padre. Tener dinero no sirve si no eres feliz, y yo no lo era.

XL. Ahora ha estado casi dos años sin trabajar, pero rechazó un papel porque le parecía que estaba mal pagado.

J.J.B. La dignidad es lo primero. Con la crisis te ofrecen hacer un capítulo por 500 euros y les da igual dárselo a otro sin tu nivel. Para eso prefiero cobrar el paro y quedarme en casa con la mujer y el niño.

XL. Asegura que no cambia Parla por nada del mundo.

J.J.B. Es verdad. Aunque vivo en Illescas, voy a Parla hasta para tirarme un pedo. Allí hago la compra, están mis colegas

XL. A los 18 años se convirtió en padre. ¿Demasiado pronto?

J.J.B. Mis padres tienen 41 y 42 años y yo, 26 viene de familia [ríe]. He disfrutado con mi hijo desde el primer día y tenerlo con 40 no habría sido lo mismo.

XL. Dice. La Vero dejó la peluquería porque para trabajar ya estoy yo .

J.J.B. Yo estoy para ganar dinero; ella, para gastárselo. Si quiere ir a la peluquería, le doy para mechas; y, si no hay dinero, que se vaya a cascar, pero no a trabajar.

XL. Su hijo tiene seis años, dos menos de los que tenía usted cuando empezó a trabajar en la serie Querido maestro.

J.J.B. Quiere ser actor, pero no le voy a dejar hasta que tenga una buena base. Yo perdí muchas cosas por serlo tan joven.

XL. Por ejemplo

J.J.B. Cumpleaños, partidos de fútbol, fiestas Perdí mi juventud trabajando.

Su desayuno. En los hoteles tomo de todo, pero, cuando estoy en casa, desayuno nada más que un café cortado. Eso sí, la cajetilla de tabaco que no me falte .