Después de una época en la que han reinado lo usado, lo antiguo y lo desvencijado, los profesionales de la decoración apuestan ahora por un cambio en la manera de imaginar nuestras casas. Demos la bienvenida al mármol, el latón y, no se asuste, a la excentricidad. Nuestro experto nos adelanta todas las claves.

Aviso al lector. este artículo no está patrocinado ni alentado por Moncloa. Empezamos. Si en estos días hubiera rapaces por las calles vendiendo periódicos, en cada esquina gritarían. ¡Noticia bomba. la crisis ha terminado! . Y en primera plana aparecería un interior de Kelly Wearstler -con escalera de bronce de a trillón- o un cuarto de baño forrado de mármol (con este noble material no se puede decir ‘alicatado’) de Joseph Dirand, el rey de la decoración actual. Lo atestigua la portada que le ha dedicado el magacín de The New York Times en fechas recientes. Y es que el mundo de la decoración -y hablamos de la alta decoración, no del tapicero del barrio- se ha cansado del descascarillado. Lo casual ya no se lleva y la fórmula mueble vintage sobre pared de ladrillo encalado pierde fuelle.

Norma 1. Las paredes en madera o mármol. Hay un interés por lo singular. Frente a un mundo globalizado, se premia la originalidad. Como aliados para empezar a comprar bajo esta premisa, dos protagonistas. la madera y el mármol. Dos acabados en alza para cubrir paredes y suelos. Sube la cotización de los materiales naturales y de lo hecho a mano. Los profesionales señalan que tienen poesía y son únicos. Así, por ejemplo, una pared en mármol siempre será diferente a otra. No hay repetición posible. Para conseguir un auténtico espacio de los fifties, solo nos faltarán metros. Porque el espacio seguirá siendo un lujo. Pero eso es otra historia.

Norma 2. Los papeles pintados regresan con fuerza. El papel pintado y el bote de pintura son dos buenos compañeros de viaje para los que no quieren dejar la cartera tiritando. Eso sí, recuperen viejos dibujos ingleses o grandes estampados geométricos y apuesten por los tonos con personalidad, desde el gris al rosa empolvado o el verde esmeralda. Todo está permitido si se asegura de que sus amigos en Facebook no lo tienen ya.

Otra cosa. ¿añora los espacios impolutos de los ochenta? No hay problema. Pero descarte el acabado perfecto. La última tecnología permite crear nuevos materiales donde la textura es la estrella, ya sean paneles de piel con dibujos que recuerdan al delicado cordobán o azulejos de formas onduladas. Y si tienen la desgracia de encontrase con una pared lisa, recuerden, un poco de yeso y a rayar (consejo solo apto para decovictims expertos). Y, por favor, no lo confundan con el gotelé, que sigue en observación.

Norma 3. El latónes el nuevo acero. En este juego de las apariencias, no es oro todo lo que reluce. Probablemente es latón. Después de años donde el acero y el cromo han tenido un papel dominante, hay un interés por los materiales más cálidos. Si hace un lustro el latón era considerado anticuado, ahora se recupera por su aspecto glamuroso pero no ostentoso. Los expertos señalan que se dejó de usar porque era complicado de limpiar, pero ahora lo que se valora es la pátina que va adquiriendo con el paso del tiempo.

Norma 4. Axel Vervoordt es el nuevo gurú. Esta búsqueda por lo único nos lleva, obligatoriamente, a unos decorados de la época dorada de Hollywood. Pero entre los escenarios de El manantial, Confidencias a medianoche o Goldfinger también hay hueco para buscar lo excepcional en la máxima simplicidad. Axel Vervoordt acaba de terminar su última obra en Nueva York, un penthouse en el hotel de Robert de Niro. Pasó cuatro años creando una morada humilde, rústica e inspirada en el concepto japonés del wabi-sabi.

Para él, la belleza está en las materias primas y en los materiales envejecidos e imperfectos. Los tablones del techo son antiguas mesas de mercadillos locales, la bañera es un abrevadero del siglo XVII y la puerta viene de una casa tradicional japonesa del periodo Meiji. El cuadro abstracto sobre una de las chimeneas es, en realidad, un panel elaborado con una antigua sábana flamenca que sirve para esconder una televisión. En resumen. una inversión de más de cinco millones de dólares. Este penthouse se alquila y cuesta 15.000 dólares por noche.

Norma 5. Los muebles deben tener historia. En el apartado de los muebles, todo es válido. Lo heredado, el producto del rastrillo o el de subasta con certificado de pedigrí. Lo importante es que tenga una historia que contar. Ya sea una mesa de tablones viejos con estructura de hierro, unos cojines bordados en la India o unas pequeñas sillas de bar de los años cincuenta. Para muchos decoradores, el hecho de que un mueble vintage tenga la firma de un maestro del diseño -hablamos de Wegner, Juhl o Mollino- ya no es suficiente. Quieren muebles únicos, con carácter. La piezas exclusivas cotizan como Picassos. Un sillón de 1919 de Eileen Gray se vendió por casi 22 millones de euros. Pertenecía al modisto Yves Saint Laurent y es una pieza ‘rara’ construida con cuernos.

Durante los últimos años, el mueble de los años cincuenta y sesenta -principalmente, italiano o escandinavo- ha sido una opción relativamente barata para esa generación que empezó montando su primer pisito con muebles de Ikea. El siguiente paso será buscar creadores más desconocidos y con menos producción. Hay un gran interés por los diseñadores brasileños de mitad del Xar Niemeyer, Joaquim Tenreiro o Sergio Rodrigues. Y apúntese estos cuatro nombres. Edward Wormley, Paul Evans, Philip y Kelvin LaVerne y Vladimir Kagan. Tienen en común ser estadounidenses y que sus piezas son muy difíciles de conseguir en Europa. Y un último consejo. sean únicos, excéntricos, originales Eso nos dicen los decoradores más influyentes. 

La apuesta de los profesionales

– Lo bonito de la inspiración es que no se sabe lo que se va a encontrar. Prefiero no restringir mi trabajo a una década, un diseñador o un estilo. Todo vale. Cada vez me atrae más el estilo de la Cuba de los cuarenta . Jaime Beriestain, decorador afincado en Barcelona, donde acaba de estrenar una concept store que resume su filosofía y su obra.

– El final del siglo XX, desde los setenta hasta los noventa, es ya una tendencia. Y bebo de muchas influencias de todo tipo. estampados étnicos, arte africano Turquía, la India o China son fuentes de inspiración muy próximas . Lorenzo Castillo, nuestro decorador más internacional.

– La alta decoración francesa siempre es una base de la que partir. Dupré Lafon, Poillerat, André Arbus, Maison Bagués, Emilio Rey Su riqueza y refinamiento es una fuente de inspiración inagotable, pero, eso sí, convenientemente pasado por un tamiz contemporáneo. El público también vive preocupado por reciclar y, en este sentido, comprar vintage es una manera no desperdiciar recursos. Además, ahí están Piet Hein Eek, Nacho Carbonell, Álvaro Catalán de Ocón o Pablo Limón, creando con materiales usados . Enric Pastor, director de la revista AD.

– No vamos a ser tan obsesivos por conseguir la pieza. Romperemos con el embudo creado en torno a los cincuenta. Nos preocuparemos por la calidad del espacio y la sostenibilidad. Telas, maderas y pinturas serán políticamente correctas. Y, claro, más caras .

Marta Riopérez, directora de Nuevo Estilo, ELLE Decor, MiCasa y Casa Diez; todas, de Hearts Magazines.

Muebles del siglo XX, la gran inversión

-No imaginen un futuro sin muebles vintage. Enric Pastor, director de la revista AD, les augura una larga vida. Van a estar ahí siempre, sobre todo el mobiliario que nació en los años cincuenta y sesenta. Son las piezas que ayudan a que la casa tenga una atmósfera cálida, amable y divertida . Pero, a veces, ese mueble vintage puede ser una pieza de coleccionista. En 1991, una silla Standard diseñada por Jean Prouvé en 1934 costaba 45 euros; en otoño, la casa de subastas Artcurial vendió un conjunto de seis por más de 78.000 euros. A 13.000 euros la pieza.

-El decorador Joseph Dirand -el más reclamado por las marcas de lujo- asegura que el vintage permite mezclar y jugar con el efecto sorpresa. A algunos clientes les cuesta entender el alto precio de algunas piezas, como esta estantería del brasileño Gregoi Warchavchic. Yo los intento convencer de que son arqueología del siglo XX .

-El precio del mobiliario del siglo pasado ha crecido un 15% en los últimos cinco años. Las áreas de mayor crecimiento, según Sotheby’s, han sido el diseño escandinavo de mediados de siglo – con un interés creciente por el producido en los países nórdicos antes de la Segunda Guerra Mundial- y los diseños italianos y estadounidenses de los años cincuenta y sesenta, como esta mesa de Philip y Kelvin Laverne.