Un postre muy dulce

Ingredientes. 2 huevos enteros, 2 yemas de huevo, 100 g de leche, 200 g de nata, 20 g de mantequilla para tapizar el molde, 50 g de azúcar moreno, 20 g de harina de maíz, 50 g de azúcar para el molde, 4 g de vaina de vainilla y 10 g de azúcar avainillado.

Para la guarnición del pastel. 500 g de manzanas golden, 100 g de azúcar y 1 cucharilla de café de canela en polvo.

Elaboración. se precalienta el horno a 180 C. Se coge un molde de 25 cm de diámetro, se tapiza con la mantequilla y, una vez que esté bien distribuida por todo el interior el molde, se ‘encamisa’ con el azúcar. Se pelan y descorazonan las manzanas y se corta cada una en unos diez gajos. Para evitar que se oxide la fruta, una vez pelada es conveniente introducirla en agua con ácido cítrico o limón. En una cazuela amplia se cocinan los gajos de manzana con la mantequilla y el azúcar durante unos 3 minutos aproximadamente. Se retira la cazuela del fuego y se espolvorea la canela sobre los gajos de manzana. Se cubre el fondo del molde con una capa de estos gajos. En un bol se ponen los huevos y las yemas, se vierten la leche y la nata líquida y se incorporan el azúcar moreno y la harina de maíz.

Acabado y presentación. se agregan al bol el azúcar de vainilla y los granos de vainilla. Cuando todos los ingredientes estén en el recipiente, se mezclan bien con las varillas hasta obtener un conjunto liso y homogéneo, que se vierte delicadamente sobre la manzana que ocupa la base del molde. Se mete en el horno, que debe estar precalentado a 180 C, y se deja ahí durante 45 minutos. Este mismo pastel de manzana se puede elaborar también en porciones individuales. En ese caso, la mezcla se distribuirá en cuatro moldes pequeños que solo deben hornearse 30 minutos a 180 C. n

Mis trucos

Esta tarta se puede acompañar con una salsa de caramelo y mantequilla. Para elaborarla basta con preparar un caramelo, desglasar con un chorrito de nata líquida, añadir una nuez de mantequilla y mezclar bien con las varillas.

Reinos de humo, por Benjamín Lana

Íntimo bocado

Lo sublime surge casi siempre de lo sencillo. También en la cocina. Uno de los bocados más deliciosos que ha inventado el hombre se llama nigiri y es tan solo arroz cocido adobado con vinagre de este mismo cereal cubierto por una lonja de pescado. En la barra de algunos restaurantes de Tokio, acontece cada día uno de los rituales más emocionantes al que puede asistir un apasionado de la comida, sentado frente a un maestro o itamae que se dispone a crear con sus manos una pieza de este sushi.

Delicadeza y precisión se alían en unos pocos gestos, desde que una mano toma el arroz tibio y lo forma, con el punto exacto de presión para lograr la textura perfecta, hasta que lo cubre con el corte limpio de atún. El itamae no solo da de comer, sino que transmite su energía y su sabiduría en cada pieza. Así, solo elaborará tantas como sienta que pueda ofrecer en esas condiciones. Hace apenas veinte años los españoles que comían pescado crudo eran difíciles de encontrar.

Hoy, las barras de pescado y arroz, comida rápida, sana y chic surgen en todas las ciudades. En Japón, el sushi moderno también se convirtió en la comida popular a principios del siglo XIX, cuando un cocinero llamado Hanaya Yohei creó el bocado de arroz con vinagre de arroz y pescado no fermentado. Y de Tokio se extendió por el mundo. En 1923, un terremoto asoló la ciudad y parte de la población se vio obligada a emigrar a otras zonas del país, expandiendo su nuevo modo de comer. Lo mismo ocurrió con los cuarenta mil japoneses que participaron en la construcción del ferrocarril en California. Tras la Segunda Guerra Mundial, las restricciones de arroz en Japón llevaron a los itamae a reducir el tamaño y dejar los nigiris tal y como los conocemos.