Los grandes gurús del diseño la han descubierto. Sargadelos, la cerámica española que se hizo popular en los años setenta, vive una nueva edad de oro. Desde la revista ‘Wallpaper’ al ‘Financial Times’ hablan de ella. Por María de la Peña

El azul cobalto no ha pasado de moda. No viene del azul del mar gallego, sino del óxido de cobalto. Es el ADN de la cerámica Sargadelos. Una seña de identidad que se ha convertido en símbolo de lo cool gracias a figuras como el famoso prescriptor de tendencias Tyler Brûlé, el fundador de la cabecera inglesa Monocle, que mencionó la marca en su mítica publicación y en uno de sus artículos del Financial Times. Y es que corren nuevos tiempos para una empresa que ha decidido salir de Galicia un mercado ya demasiado maduro y abrirse al mundo. Desde hace tan solo cuatro meses, sus piezas se venden en la tienda on-line de la revista Wallpaper, la meca del diseño. Nos seleccionaron entre cinco fabricantes en el mundo , cuenta orgulloso Alberto Moreda, director comercial de Sargadelos.

Sus piezas se venden en la tienda ‘on-line’ de la revista ‘Wallpaper’, la biblia del diseño

El proceso de reconversión de la firma también pasa por la colaboración con importantes artistas, como el diseñador de moda Ailanto y su aportación de un jarrón de edición limitada ya agotado y una vajilla infantil; o el vasco Martín Azúa presente en el MOMA, que ha desarrollado una de las piezas de mayor éxito. la vajilla espiral, dirigida a un público más joven. Dentro de su rejuvenecimiento, Sargadelos ha apostado también por una línea vintage, una colección de tazas, con un colorido distinto, más variado.

Señas de identidad

Sin embargo, la empresa gallega no ha perdido ni un ápice de la identidad que se forjó desde que la primera fábrica de cerámica fuese creada a principios del siglo XIX en la parroquia de Sargadelos del Ayuntamiento de Cervo, un pequeño pueblo de la costa de Lugo, donde hoy todavía se pueden visitar los restos de las antiguas fábricas de fundición y loza. Quizá sea ese su secreto. Mantener lo que hace 200 años su fundador, Antonio Raimundo Ibáñez, consiguió. una cerámica de altísima calidad. Un producto intermedio entre la loza y la porcelana.

El proceso de reconversión de Sargadelos pasa por la colaboración con diseñadores de moda

Un material duro y ligero a la vez, con una cocción muy superior a la habitual, unos 1800 C, necesaria para que la porcelana adquiera su proverbial firmeza. Asturiano y gran emprendedor, el entonces marqués de Sargadelos título otorgado por Carlos IV creó una siderurgia y fábrica de cerámica, aprovechando la rica naturaleza de la zona. mucha agua y gran cantidad de árboles. El mejor sitio para levantar un alto horno.

Aunque se han visto obligados a reinventarse, sus productos estrella siguen siendo las vajillas

Una formidable iniciativa que comenzaría por copiar la clásica porcelana inglesa aprovechando la excelente calidad de los yacimientos de caolines arcilla blanca muy pura en las proximidades de Cervo. Eran vajillas rococó, una evolución del famoso estilo inglés tan de moda en la época. La muerte del marqués asesinado en Ribadeo acabó con el cierre de la fábrica en 1875 y no es hasta 1970 cuando realmente se recupera el legado y el espíritu de Sargadelos, gracias a otro visionario: el pintor y diseñador Isaac Díaz Pardo. Empieza entonces el sello del Sargadelos que hoy conocemos. Un diseño arrollador en el que aún interviene la pintura a mano y domina el color azul cobalto como emblema de la casa.

Vajillas que se heredan

No hay familia en Galicia que no conozca o posea en su casa una vajilla de Sargadelos. Dicen que beber café en una de sus tazas es una sensación única. Con el tiempo no pierden colorido ni tersura, son piezas aptas para lavavajillas, microondas y horno, hasta los 1500 C. Son eternas. Su nombre emula calidad y tradición. Y, aunque como muchos negocios artesanos se han visto obligados a reinventarse, sus productos estrella siguen siendo los mismos desde hace casi 50 años. las vajillas. En concreto dos de ellas. la Espiroide (en blanco y azul) y la Portomarínico (blanco con relieve).