Inocencia, inconsciencia, educación y moralidad, niños y adulos mentimos por igual, aunque nuestros motivos y justificaciones para ello sean bien diferentes…o quizá no lo son tanto

Crecer entre reglas muy estrictas y amenaza constante de castigo no hace que los niños mientan menos. Al contrario, procuran mejorar su destreza a la hora del engaño. También puede ocurrir que se depriman cuando son sometidos a un exceso de restricciones o sobreprotección en la educación. En todo caso, tampoco es una buena política ser permisivos. Lo más efectivo es tener unas pocas normas que todos, padres e hijos, cumplan. Cuando existe confianza, muchas veces el adolescente prefiere rebelarse y discutir esas normas antes que mentir. Paradójicamente, son los hijos respondones los que menos mienten.

NIÑOS

El motivo

A partir de los dos años, los niños empiezan a mentir para librarse de castigos y reprimendas. Yo no he sido es una frase típica de esa edad. También mienten para conseguir un objetivo. Por ejemplo. Mamá me deja comer golosinas y beber refrescos .

La reincidencia

Solo el 25 por ciento de los niños de dos años, según estudios recientes, mienten acerca de algo que han hecho y que saben que está mal. Cuando llegan a los 15 años, sin embargo, casi el cien por cien de los chavales mentirán en esa misma situación.

Salirse con la suya

Con cinco o seis años de edad, los niños ya saben esconder las pistas que los puedan delatar y destapar su mentira. También empiezan a mentir por buenos modales. Sueltan unos doce embustes al día.

Un hábito difícil de quitar

Los niños con un desarrollo cognitivo más avanzado tienden a mentir con mayor frecuencia. Las enseñanzas morales y religiosas no parecen ser suficientes para que un niño no desarrolle su habilidad para mentir.

ADULTOS

El motivo

Los adultos mienten, generalmente, para preservar sus propios intereses, pero también por buena educación o para evitar sufrimiento o incomodidad a los demás. Por ejemplo. No, cariño, el asado estaba de lo más rico y jugoso .

La reincidencia

Para cuando cumplen los 17 años, el 70 por ciento de los adolescentes mentirán cuando hayan cometido algún tipo de transgresión a las normas establecidas. Poco a poco, la frecuencia en las mentiras se va reduciendo al llegar a la edad adulta.

Salirse con la suya

Contar una mentira implica múltiples procesos mentales. Con el desarrollo de las regiones frontales del cerebro las más implicadas en el autocontrol, los adolescentes y los adultos mejoran la calidad de sus embustes.

Un hábito difícil de quitar

Muchísimos adultos ni siquiera son conscientes de cuándo se inventan una mentira. Lo hacen con tanta frecuencia por motivos altruistas que pueden acabar no distinguiendo entre mentir por educación o lástima y hacerlo por otros motivos.

La evolución: así se va modificando el arte del embuste a lo largo de la infancia

Un estudio demuestra que cada vez empezamos a mentir antes. Incluso con pañales empezamos a soltar las primeras ‘trolas’. Además, según la edad, los embustes van evolucionando

2 a 3 años. Con las manos en la masa

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-¿Qué ‘trolas’ cuentan? Son muy sencillas y nada convincentes. Por ejemplo, si se han hecho caca, lo niegan para no interrumpir un juego o evitar el engorro del cambio de pañales.

-¿Cómo reaccionar? No es buena idea castigarlos, porque a esa edad tampoco entienden que estén haciendo algo malo.

-Un ejemplo. Un niño le da una patada al gato y dice que ha sido su hermano. La mejor respuesta es explicarles que los gatos también sufren. Tampoco entre en una discusión para que admita la mentira. Evite el choque. Mejor que decir ¿has roto tú el jarrón? es mira, el jarrón se ha roto .

4 a 5 años. Un monstruo se comió los deberes

-¿Qué ‘trolas’ cuentan? La edad de la imaginación. Fantasía y realidad se mezclan. Cuentan cualquier historia, por disparatada que sea. Suelen atribuirse el papel de protagonistas, lo que refuerza su autoestima.

-¿Cómo reaccionar? Suelen insistir en que todo lo que dicen es real y que su amigo imaginario existe, pero lo que puede parecer absurdo no es más que la manera que tiene el cerebro infantil de procesar nuevas ideas, a menudo perturbadoras.

-Un ejemplo. Si se enteran de que un abuelo murió antes de que nacieran, pueden fantasear con la muerte de otros parientes.

6 a 9 años. Mentirijillas y mentirijotas

¿Qué ‘trolas’ cuentan? Frases del tipo me encanta tu peinado. Han aprendido de sus padres a no herir sentimientos. También para no defraudar expectativas. Si sacan malas notas, dirán que no se las han dado todavía.

-¿Cómo reaccionar? Lo principal es enterarse bien de los motivos por los que han mentido.

-Un ejemplo. En caso de pillarlo en una mentira, lo mejor es mantener una conversación (no un monólogo reprobatorio) en la que sus explicaciones se tomen en consideración. Pero tampoco pueden salirse con la suya tan campantes.

10 a 12 años. Ojos que no ven

-¿Qué ‘trolas’ cuentan? Necesitan autoafirmación. A veces no se trata tanto de mentiras como de no contar toda la verdad o desviar la atención para no revelar lo que les preocupa.

-¿Cómo reaccionar? Esté atento a síntomas de angustia o de aislamiento. Una mentira puede ser una llamada de auxilio. Además, charlar con los padres está mal visto por los amigos. Y menos aún pedirles ayuda. No hay peor estigma que ser un chivato.

-Un ejemplo. Una reacción contraproducente es decirles. No me vengas con tus problemas que yo tengo los míos. Aprende a apañarte por ti mismo.