Primero conquistaron las redes sociales y, ahora, la pasarela. Este invierno, el colmo de lo ‘cool’ es llevar un adorable minino bordado. ¡Miau! es el nuevo ¡guau! Por Lola Fernández

Allá por 2006, cuando comenzamos a detectar la recurrente presencia de gatos por las esquinas de Internet, pensamos que estábamos ante otra moda pasajera. Nos cansaremos, nos decíamos, de contemplar tanto gesto enfurruñado y tanta monería peluda. Diez años después podemos asegurar que la persistencia de los mininos en webs, blogs, vídeos y fotos convierte este fenómeno global en la tendencia más duradera de la historia del marketing. Existen más de 80 millones de vídeos de gatos en YouTube y prácticamente la mitad de Tumblr es gatuna.

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Alexis Mabille

Cualquier responsable de contenido, ya sea en un programa de televisión o en una web, lo sabe: la presencia de gatos asegura un subidón en la atención devota de las audiencias. Era cuestión de tiempo que las marcas aprovecharan tal tirón popular y echaran mano de estos animalitos en sus campañas publicitarias: Mercedes Benz, Coca-Cola, Starbucks, Durex, 3M o Volkswagen, por enumerar a unos pocos, ya lo han hecho. El PP echó mano de una cat lady (‘señora con gatos’) en su primer spot de la campaña del pasado junio. Hasta el metro de Londres ha colocado imágenes de felinos en adopción en vez de los consabidos anuncios en la estación de Clapham.

Estrellas felinas

Choupette, la ceñuda gata de azulísimos ojos de Karl Lagerfeld, se embolsó tres millones de euros (más que Cara Delevingne) por posar para la marca de cosméticos Shu Uemura y para el calendario de coches Vauxhall Corsa. La preciosa gatita ya había sido musa de una colección de viaje de Louis Vuitton, pero ahora es su humano favorito, Karl, quien coloca su retrato en bolsos, camisas o brazaletes de su colección de invierno para Chanel. Su vida minina es de ensueño: jamás come en el suelo, sino en la misma mesa que su dueño; viaja siempre con sus dos cuidadoras, su guardaespaldas y médico personal; y en las ocasiones especiales luce perlas.

Los felinos ya eclipsan a las modelos. La gata de Karl Lagerfeld ganó tres millones de euros posando para una línea de cosméticos

Otra superestrella felina es Tardar Sauce, una minina con enanismo más conocida como Grumpy Cat. Su cara simpáticamente hosca le permite ganar al año casi tanto como un CEO: con más de ocho millones de ‘me gusta’ en su Facebook es, probablemente, el felino más famoso del mundo. Gracias a contratos publicitarios con marcas como Friskies, Cheerios, Chronicle Books o Ganz, su propietaria -camarera- hace tiempo que dejó de servir mesas. Hoy trabaja a tiempo completo para su gata, que ha debutado en Hollywood con la película Grumpy cat’s worst Christmas ever y ya atesora una fortuna estimada en cien millones de dólares. Y aunque Grumpy está fuera del alcance de la mayoría, sabemos gracias a Stella McCartney que, en las capitales de la moda, ya se puede bookear gatos lo mismo que se contrata a modelos. Casi eclipsan a las modelos las imponentes presencias de Perla, la gata persa, Tobia, el enorme gato ragdoll, o Adaline, una sofisticada gata esfinge.

Pasarela de maullidos

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Dolce&Gabbana

Ahora mismo, la tendencia manda poseer un gato o, en su defecto, llevarlo bordado, impreso o inmortalizado en cualquier prenda de temporada. Por ejemplo, Stella McCartney aprovecha faldas, vestidos de seda, pantalones, camisas y pañuelos para incluir realistas retratos felinos. Gucci se atrevió con un fiero gato negro para adornar un vaporoso y transparente vestido de ninfa azul o un jersey de abullonadas mangas.

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Loewe

Loewe hizo de la cabeza de un gato un enorme colgante blanco, aunque para gatos adorables el clutch de Lulu Guinness con forma de gatito negro precioso. En Marc Jacobs, gatos persiguen a ratones sobre un fondo blanco y gris. Paul y Joe también los dibuja en acción sobre una bomber, mientras que Dolcey&Gabbama recurre a un minino de Bengala y de grandes ojos verdes para adornar abrigos, vestidos y faldas.

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A la izquierda Chanel; a la derecha, Undercover

El low cost, raudo y veloz, tiene ya sus piezas gatunas. un vestido con cierto aire años sesenta en HyM, una camisa de pequeños gatitos siameses en Topshop. La nueva máscara para las pestañas de L’Oréal se llama, precisamente, Voluminous Feline.

‘Cat ladies’

En el mismo negociado cosmético de L’Oréal tenemos el encantador perfume de Grace Coddington. La auténtica cat lady de la moda, antigua directora creativa de la edición estadounidense de Vogue y mano derecha de Anne Wintour, inspira ahora el perfume Comme des Garçons, cuyo frasco calca la silueta de uno de sus gatos dibujados.

Ha sido precisamente Grace Coddington la que, desde hace años y en varios libros de dibujo, viene reivindicando a nuestros pequeños compañeros felinos y el papel de sus entregadas propietarias. El imaginario popular dibuja la típica cat lady o ‘señora de los gatos’ como un personaje desastrado, con la casa hecha trizas debido a los arañazos, una vida social tirando a nula y cierto estigma de locura. Esta temporada por fin la moda pone punto final a tal imagen prejuiciosa, apostando por una presencia gatuna que ya no suscita rechazo o prevención, sino que atrae admiración e interés.