Un reciente estudio demuestra que hablar de temas relevantes es más productivo y que la conversación insustancial acaba deteriorando las relaciones. Por C. M. Sánchez

¿Por qué en las reuniones sociales somos tan proclives a la cháchara insustancial? ¿No sería mejor dejarnos de ‘chorradas’ y abordar temas interesantes? Este es el punto de partida de los psicólogos Dan Ariely y Kristen Borman, especialistas en conductas económicas. Su conclusión: arriesgarnos a hacer preguntas difíciles y a dar respuestas sinceras no solo es menos aburrido, también es más productivo.

¿Cuál es el tema de conversación más soso y socorrido? El tiempo. Una encuesta de la antropóloga Kate Fox constataba que el 90 por ciento de los británicos habían hablado del tiempo en las últimas seis horas. Recurrimos al tiempo por dos razones. Una es evolutiva. Estamos programados para lanzar señales de que somos inofensivos. Esto es evidente en un espacio cerrado y pequeño, como un ascensor. Evitar el contacto ocular directo o sonreír son otras formas de emitir señales pacíficas, del mismo modo que los monos se enseñan los dientes, el antecedente de la sonrisa humana. Otra es sociológica. Un salón con invitados es un entorno que genera ansiedad, pues nuestra distancia social -el brazo extendido- es invadida. El tiempo es un mínimo común en el que no caben las desavenencias. Todos estamos de acuerdo en que está lloviendo o hace sol. Por el contrario, si hablamos de religión o política con alguien con quien no tenemos confianza, nos podemos meter en un berenjenal.

Hablar de menudencias no es bueno porque no deja una impresión duradera en nadie y no establece lazos de confianza

«Minimizamos riesgos, sí, pero nos perdemos las recompensas -se lam enta Ariely-. El problema es que hablar de menudencias no construye relaciones, no es bueno para el grupo porque no deja una impresión duradera en nadie y no establece lazos de confianza. En definitiva, afecta a la productividad». Para comprobarlo, estos psicólogos organizaron una fiesta. A los invitados se les prohibió hablar de naderías. Y se les repartió unos cartones con temas para entablar conversación, aunque tampoco tenían por qué ser asuntos trascendentales… «Nadie está dispuesto a asumir en solitario el riesgo social de abordar una cuestión personal o espinosa, pero si todo el grupo está obligado la cosa cambia», explica Ariely. El típico ‘tierra, trágame’ del día siguiente, cuando alguien ha revelado demasiado en presencia de jefes o conocidos, se diluye. «En nuestro experimento, todos salieron contentos e incluso se crearon un par de parejas, señal de que la buena conversación también nos hace más atractivos».

SEIS CLAVES PARA QUE TU FIESTA SEA UN ÉXITO

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1. Huya de los monosílabos

Nada más frustrante al conocer a alguien que obtener solo monosílabos. Para evitarlos, en vez de hacer preguntas que se responden «sí», «no», «bien»… propicie que le cuenten una historia. Por ejemplo, no le pregunte qué tal le fue el día, pregúntele qué hizo hoy.

2. No se mire el ombligo

La curiosidad genuina por la persona que tiene delante es esencial. Escuche primero, hable después. Si escucha con atención y deja de preocuparse por lo que va a decir usted cuando «le toque el turno» de hablar, la conversación se irá hilvanando con naturalidad.

3. Sí a los silencios

Los silencios forman parte de las buenas conversaciones, igual que forman parte de la música. No los tema. No se lance a rellenarlos con lo primero que le venga a la cabeza. Son pausas para la reflexión y también para el lenguaje no verbal. una sonrisa, un gesto de asentimiento…

4. Céntrese en las motivaciones

Alguien que habla de lo que le apasiona no se calla ni debajo del agua. Indague sus motivaciones. Si alguien le dice que le gusta jugar al ajedrez, pregúntele por qué… Si lo que le apasiona es el trabajo, que le diga en qué momento de su vida supo que quería dedicarse a eso.

5. Entre en detalles

No tema compartir detalles sobre usted mismo. Son la salsa de la conversación. Y también son globos sonda. Estudie las reacciones de su interlocutor, si hace preguntas de seguimiento o solo muestra un interés superficial. No confunda los detalles con una charla de expertos.

6. Evite el ‘efecto espejo’

Muchas veces evitamos expresar nuestras verdaderas emociones y pensamientos por cortesía. Preferimos asentir vagamente antes que posicionarnos en contra. Rompa el espejo. Si no está de acuerdo con su interlocutor, dígaselo. La sinceridad es atractiva.