Rompieron barreras raciales y, en gran parte, por su forma de vestir. Ahora se exhiben sus vestidos más espectaculares. L. Gómez

«Fue un momento mágico», dice Oprah Winfrey. «Nunca había visto a una mujer negra en televisión, ni en ninguna otra parte, que fuera tan glamourosa y con tanta clase. No eran sólo cantantes. Eran la esperanza, la prueba de que se podía llegar».

Oprah recuerda así la primera vez que vio a The Supremes en el programa de Ed Sullivan en 1964. Hoy, ella es la mujer más poderosa de los medios en EE.UU., pero entonces alguien de su raza no podía ni salir en televisón, a menos que fuese en las noticias.

The Supremes fueron las primeras afroamericanas en hacerlo. Por eso hicieron historia y lo lograron tanto por su voz como por su forma de vestir. La importancia del estilismo la entendieron ellas mismas cuando todavía eran The Primettes (Mary Wilson, Diana Ross y Florence Ballard) y se cosían sus propios vestidos, pero con su llegada a la discográfica Motown, de la mano del genial Berry Gordy, adquirirían otro nivel. El sello Motown creó un programa de desarrollo de artistas, en el que recibieron lecciones sobre cómo vestir, comer, sentarse o caminar. Nada se dejaba al azar. Aquello era más que un negocio.

Únicas

Las Supremes originales fueron Florence Ballard, Mary Wilson y Diana Ross (arriba). Ballard dejó el grupo en 1967 y Diana Ross, dos años después. Otras seis cantantes en diferentes etapas ocuparon su puesto. A medida que lograban mayores éxitos, su vestuario y su maquillaje se fueron sofisticando. A sus pelucas originales se añadieron enormes pestañas postizas, pendientes, túnicas diseñadas en Hollywood… Y no era barato. Un vestido de The Supremes costaba entre uno y dos mil dólares de los años 60 (más de 20.000 de los actuales).