Por el burdel de Polly Adler en Nueva York desfilaron actores, políticos, mafiosos y millonarios. Por Fátima Uribarri

Llegó a Estados Unidos, desde un pueblecito de Rusia en 1912. Tenía 12 años. Iba sola. Lo pasó mal hasta que el azar la llevó hacia un negoció fácil: un mafioso de poca monta le pidió que buscara chicas y un piso. Polly Adler se fue profesionalizando y acabó siendo la madame más famosa de Estados Unidos. Fue la reina del burdel más chic de los años veinte, treinta y cuarenta. Se codeó con mafiosos como Al Capone, Dutch Schultz, Lucky Luciano o Frank Costello; con escritores, actores, políticos, policías, hombres de negocios…

“Cuanto más desesperados eran los tiempos, más buscaban los hombres el sexo”, dice Polly

Polly Adler cuenta su vida en Una casa no es un hogar (El Desvelo) y sus andanzas son un interesante paseo por los locos años veinte, una época en la que, dice Polly, «el único pecado imperdonable era ser pobre».

En los años 20, las redadas eran constantes. A menudo las ordenaba-cuenta Polly Adler- el policía que había ‘dormido’ en su casa esa noche

Durante el crack del 29, la Gran Depresión y las dos guerras mundiales, a ella le fue bien: «Cuanto más desesperados eran los tiempos, más buscaban los hombres el escape del sexo», dice. Sus memorias son la mirilla por la que contemplar muchas botellas de champán, sobornos, furgones policiales, juicios y el desfile, claro, de un ejército de hombres. Afirma Polly que solo tuvo dos grandes enemigos: las drogas y los chulos. Y retrata lo triste que es la Navidad para las prostitutas: «Para una puta, Año Nuevo es el momento de arrepentirse del pasado más que de tener esperanza para el futuro».