Son el presente y el futuro de la moda española. Álvaro Castejón y Arnaud Maillard fundaron Alvarno hace siete años y no hacen más que recibir premios. Por Jesús Cano

Karl Lagerfeld los unió, y la salida de su estudio en París los llevó a crear su propia marca. Álvaro Castejón (Pamplona, 1971) y Arnaud Maillard (Dijon, Francia, 1970) han creado una de las firmas de moda con más personalidad del momento. Empezaron en plena crisis y poco a poco, desde Madrid y al mismo tiempo que creaban sus colecciones, dirigieron durante cuatro años la creatividad de la casa de costura parisina Azzaro. Hablamos con ellos sobre su exitosa trayectoria antes de su desfile de mañana en la Mercedes Madrid Fashion Week, donde ya han recibido tres premios seguidos a la mejor colección.

XLSemanal. ¿Cómo se viven los días previos a un desfile? ¿Estáis muy nerviosos?

Álvaro. Sí, para qué engañarnos. Es muy complicado, porque hay muchas cosas que ya no dependen de ti.

Arnaud. Si no tienes momentos de angustia o de nervios, quiere decir que has perdido la ilusión de hacer las cosas. Pero nos lo tomamos con más calma porque ha sido todo muy rápido. Hemos desfilado en julio en Ibiza con la colección Resort, y menos de dos meses después llega otra colección en septiembre que no tiene nada que ver con aquella. Es mucho trabajo.

XL. ¿No se está pidiendo mucho a los diseñadores de moda, que ahora hacen tres o cuatro colecciones al año? Y, además, son los responsables de la comunicación, el marketing, las tiendas…

Álvaro. Hay que adaptarse. Al final, todo nace de nosotros y queremos ejercer el control para que tenga nuestro sello. Eso hace que estemos en todos los procesos.

Arnaud. Siempre ha sido así. La moda ha llegado a un nivel de saturación y es muy difícil sorprender a la prensa. Por eso hay que seguir. si no haces nada, desapareces de repente.

Álvaro. Sí, la moda se ha democratizado mucho. Ahora, nuestra clienta visita igual una tienda ‘low cost’ que una de lujo y está acostumbrada a ver novedades siempre.

XL. Y hablando del efecto sorpresa, ¿es por sorprender que surgen colecciones que juegan con el feísmo y la exageración? ¿La moda ya no sabe cómo crear titulares?

Álvaro. Sí, a lo mejor sí, para buscar ese efecto ‘shock’ se rompen barreras y todo vale. Pero también puede ser un reflejo de la calle.

XL. ¿Cómo os disteis cuenta de que queráis ser diseñadores de moda?

Arnaud. Desde pequeño, dibujando y luego, de adolescente, leyendo. Yo compraba Vogue a los siete años; sabía que tenía algo con la moda. Mis padres al final lo asumieron. Yo nunca he pensado en hacer otro trabajo.

Álvaro. En mi caso fue una vocación oculta que, luego, disfracé como un ‘hobby’, pero que ocupaba la mayor parte de mi tiempo. Al final me enfrenté a ello, pero en una ciudad pequeña y de provincias como Pamplona era complicado.

“Los diseñadores españoles tenemos talento y ganas, pero también mucho ego. Deberíamos olvidar el orgullo y ver cómo promocionar nuestra moda”

XL. Os conocisteis en el estudio de Karl Lagerfeld. ¿Qué recordáis de aquella época?

Arnaud. Muchas risas, muchísimo trabajo, pero sobre todo un ambiente muy familiar.

Álvaro. Fue una manera de hacerte adulto profesionalmente. Aprendí todo, absolutamente todo, en esos nueve años al lado de una persona como Karl. Ese es el mejor máster.

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Alvarno

XL. ¿Cómo decidisteis hacer algo juntos y crear una marca?

Álvaro. Fue cuando Arnaud, que era la cabeza pensante de todo el estudio, se fue en 2007 y nos quedamos un poco huérfanos. Cambiaron muchas cosas. Karl había vendido su empresa y ya no tenía el control, llegó personal de Nueva York y el ambiente no era el mismo. Yo seguí dos años más y, cuando me despidieron, Karl se enteró y me llevó con él a Fendi. Hablé con Arnaud y le dije que estaría allí un año más y luego empezaríamos un proyecto juntos en Madrid. Teníamos muchas ganas: es el paso natural, aprender trabajando para alguien y luego querer volar, acertar o equivocarte, por ti mismo.

XL. ¿Cómo habéis construido el mundo Alvarno? ¿Cuáles son sus códigos y qué puede encontrar una clienta?

Arnaud. Nosotros siempre decimos que combina la luz de Madrid y el espíritu de París. Las prendas tienen un toque barroco porque hay muchos bordados y, a la vez, cortes muy minimalistas. Las clientas vienen a buscar vestidos de cóctel o de noche, y prendas como el abrigo, el chaleco, las túnicas… Aquí vienen buscando prendas que no van a encontrar puestas en otra persona. Quieren algo distinto, femenino, no quieren ir disfrazadas.

XL. ¿Cómo os distribuís las tareas?

Arnaud. De manera natural; a veces ni hace falta hablarse. Solo con la mirada sabemos quién va a contestar, lo que va a contestar…

Álvaro. Sí, yo estoy más con el taller, los bordados, los tejidos… la parte más técnica. Y Arnaud está más con el montaje de la imagen, el desfile, la música, el ‘casting’…

XL. ¿Y los números?

Álvaro. Yo soy más de números. Yo estudié Ingeniería y, al final, algo queda.

XL. En Alvarno definís vuestras prendas como prêt-à-couture. ¿Qué queréis decir con esto?

Arnaud. Es una manera de dar exclusividad. Si una prenda tiene un precio alto, no sacamos a la venta muchas unidades en un mismo país. Por ejemplo, si una clienta quiere un abrigo en un color como el del desfile, nunca vamos a venderlo dos veces en España en el mismo tono. No es alta costura, que es única, es una manera de respetar a las clientas y darles exclusividad. Aquí, un vestido de novia nunca se repite.

XL. Habría sido más fácil arrancar en París o en Milán? Allí hay más artesanos, más talleres, más formación…

Álvaro. Habría sido diferente. Unas cosas habrían sido más fáciles y otras habrían sido más difíciles. España es un poco una burbuja y hay que romper ese límite. No es un referente de moda a nivel mundial y hay que salir para llamar la atención.

XL. Fuisteis directores creativos de la mítica casa de costura parisina Azzaro entre 2013 y 2016. Qué sabor os ha dejado?

Álvaro. Muy bueno, una experiencia fantástica.

Arnaud. En el taller quedaban personas que habían trabajado con Loris Azzaro, un equipo estupendísimo. Ha sido muy intenso. En total fueron cuatro años porque las primeras colecciones las hicimos sin comunicar que estábamos nosotros al frente.

XL. ¿Qué habéis aprendido de trabajar con alta costura?

Álvaro. Una de las principales diferencias son los presupuestos. Puedes trabajar con bordadores que hacen verdaderas maravillas. No hay límites a la creatividad. Eso es una gozada.

Arnaud. Por ejemplo, el famoso vestido Thor, con la transparencia, era muy atrevido, pero ahora es un vestido emblemático de la casa. Al entregar el diseño al taller, nos miraban y nos decían: «Vais a tener que dibujar sobre la toile para decirme dónde va», y nosotros: «No pasa nada, lo hacemos». Nunca había un «no puede ser». Era «si queréis esto, hacemos esto».

Álvaro. Libertad total. Eso es maravilloso. Y luego también la satisfacción de vestir a muchas ‘celebrities’, que a lo mejor aquí son inalcanzables como Taylor Swift, Heidi Klum, Kate Beckinsale y Jaimie Alexander, la que se puso el vestido Thor, que fue una especie de escándalo.

“Hacemos ‘prêt-à-couture’, una manera de dar exclusividad. Si una clienta quiere un abrigo de un determinado color, no vendemos uno igual en el mismo país”

XL. Habláis de que vuestro trabajo es una carrera de fondo. En qué punto está y hacia dónde queréis dirigiros?

Arnaud. Es un maratón, y ahora estamos corriendo a nuestro ritmo. ¿Dónde queremos llegar? A tener una empresa de verdad, con colecciones de bolsos, de zapatos, perfumes. Un universo con todos los productos que puede tener una casa.

Álvaro. Y ser una empresa internacional. El futuro es eso.

XL. Y para continuar esa carrera, os veis en solitario u os planteáis buscar un inversor?

Arnaud. Sí, sí. Nos han llamado. Hay gente interesada.

Álvaro. Muchas veces, las cosas ocurren no cuando las buscas, sino cuando aparecen.

Arnaud. El ejemplo es Disney; la colaboración con Star Wars o Mickey. Nosotros nunca hemos llamado a Disney para trabajar con ellos. Nos han elegido para hacer cosas con ellos. Algunas veces hay que provocar, pero otras no. Si la puerta está cerrada, está cerrada. Hay que esperar al momento para abrirla.

XL. Se está celebrando la Mercedes Fashion Week, ¿cómo veis el nivel de la pasarela española?

Arnaud. A ver, ¿cómo decirlo? Se ha luchado para tener más repercusión internacional, pero aún hay que trabajar mucho. Deberíamos sentarnos, olvidar el orgullo y ver cómo promocionar la moda española. Tenemos buenos talentos, gente con ganas, ilusión y personalidad, pero también muchos egos que a mí me cansan. En París, las casas de moda se sientan en una mesa y hablan para tener la misma visión. Aquí no. Por eso no estamos en la Asociación de Creadores de España y nunca entraremos. Porque, además, te llaman para entrar y luego votan que no. Esto solo se ve en España.

“La moda se ha democratizado mucho. Ahora se visita igual una tienda ‘low cost’ que una de lujo. Se ven novedades constantemente, va todo muy rápido”

XL. Pero tal vez porque hay una generación que ha vivido de las subvenciones, ¿no?

Álvaro. No lo sé, a nosotros no nos ha tocado, pero puede que sea eso. Es verdad que entre los jóvenes notas un respeto. Aunque los estilos sean completamente distintos, hablamos el mismo idioma. Y es gente que tiene muchísimas ganas. A mí me da pena porque solo por el hecho de estar en este país no van a tener las mismas oportunidades que otra gente en París o en Londres. Porque allí, en cuanto sacas un poco la cabeza, encuentras una plataforma para desarrollar tu firma, y eso aquí no pasa porque la moda no tiene una imagen buena.

XL. Si no fueran diseñadores de moda, ¿a qué les gustaría dedicarse… y en qué ciudad les gustaría vivir?

Arnaud. Nunca nos hemos planteado hacer otra cosa, es nuestra pasión y nuestra elección de vida. Después de haber vivido en otras ciudades, nos damos cuenta de que realmente nos encanta vivir en Madrid. La luz, la gente y la alegría que se respira aquí no las encuentras en otras ciudades.