Entre los numerosos talentos de Lagerfeld, ahora se añade el de diseñador de interiores. Una pasión que que se materializa en la renovación del hotel de Crillon de París, uno de los palacios más lujosos del mundo. Por Elisabeth Lazaroo

Le gusta vestir los interiores tanto como a las mujeres… sobre todo cuando se trata de un palacio de la máxima importancia. Cuando Aline Asmar de Amman -la directora artística de la renovación del Crillon- le pidió que contribuyera a su renacimiento, Karl Lagerfeld no lo dudó. Ha diseñado los Grandes Aposentos del hotel, un testimonio vivo de su amor por el siglo XVIII. Un total de 350 metros cuadrados que ha imaginado como si fueran su residencia privada y que ha decorado en varios tonos de gris, el color de los cielos parisinos: «La luz más bella del mundo», asegura.

estilo, decoracion, karl lagerfeld, hotel crillon, paris, xlsemanalLa bañera se cinceló en un bloque de mármol antiguo. «Adoro la idea de un barco que atraviesa la Place de la Concorde. La gente va a quedarse horas sumergida. Con esta vista es algo divino», asegura Lagerfeld

XLSemanal. Estos grandes apartamentos son su idea espiritual del siglo XVIII en oposición al siglo XXI? Es su pequeño Versalles?

Karl Lagerfeld. Exactamente. Y es París al mismo tiempo. El gris Trianón, el gris tórtola: ¡eso es París! No es esa especie de beis y rosa de ciertos hoteles.

XL. Manufacturas reales, de los Gobelinos. Ha utilizado usted todo el patrimonio vivo de Francia.

K.L. No es una recomposición. Es un lugar para vivir y sentirse bien, igual que en el siglo XVIII. Estaban a gusto, incluso en medio del lujo más grande. Todo esto hay que tratarlo como si fueran muebles de Ikea. Hay que tener esa naturalidad con el mobiliario. Además, esa parte de la historia de Francia es como si la hubiera vivido. Podría ser guía en Versalles, contando detalles mordaces. Era una civilización en su apogeo, antes del aburguesamiento y las hipocresías que vinieron a continuación.

XL. Si hubiera vivido en el siglo XVIII, ¿quién habría sido usted?

K.L. Me gusta la visión idealizada de Versalles. No quiero saber demasiado sobre la higiene de la época, los orinales y todo eso… ¡No, gracias! Y el calor en verano, el frío en invierno… ¡Qué horror! Diez mil personas vivían en el palacio. ¡Si lo comparas con eso, los pisos de protección oficial no son nada!

“El lujo hay que tratarlo como si fueran muebles de Ikea, con naturalidad”

XL. Es usted un gran coleccionista, pero no conserva las cosas. ¿Por qué?

K.L. Soy un antiguo coleccionista. He revendido muchas cosas. No por dinero, sino por falta de espacio. No conservo mucho, aparte de los libros y de mi colección de manteles y de sábanas antiguas de lino. ¡Me tiene loco! Es mi único lujo, o casi.

XL. En 2009, usted pasó de una decoración siglo XVIII a un apartamento ultracontemporáneo. Un cambio radical.

K.L. «Another spring, another love» (‘Otra primavera, otro amor’), como cantaba Marlene Dietrich. Tenía la impresión de que ese estilo XVIII era perfecto para envejecer lentamente, pero hay que cambiar en la vida. Hoy vivo en una caja de cristal esmerilado. Con Choupette, mi gata, y mis libros. No recibo a nadie. A la gente la veo en otros sitios.

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El comedor: convertido ahora en suite del hotel. Utiliza varios tonos de gris y tejidos de seda para reflejar la elegancia sofisticada del siglo XVIII

XL. Le gusta también mucho la música. ¿Toca algún instrumento?

K.L. No tengo esa suerte y lo lamento mucho. Podría retorcer el cuello a toda la gente que tiene talento para el piano. Mi madre tocaba en un cuarteto. Yo quería aprender a tocar el piano, pero ella me cerró la tapa del piano sobre los dedos. «Dibuja, harás menos ruido», me dijo. Me acuerdo como si fuera ayer.

XL. Todo lo que sabe lo ha aprendido usted solo. Un hombre fuera de la norma.

K.L. ‘Normal’ no forma parte de mi lenguaje. Soy como soy. No quiero parecer pretencioso, pero la personalidad de alguien empieza donde terminan las comparaciones. Para bien o para mal. Nunca pasé los exámenes de bachillerato ni tampoco he estudiado arte. Lo he aprendido todo sobre la marcha. Un electrón libre. Y funciona muy bien.

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La sorpresa: encima del lavabo, dos angelotes provenientes de Versalles

XL. ¿Cuál es su concepto del arte de vivir?

K.L. Mi vida personal está totalmente devorada por mi vida profesional. El arte de vivir, para mí, es ante todo una comida perfecta. Y cambiar todos los días las sábanas y el pijama…

XL. Dice que nunca mira hacia atrás, pero el pasado le inspira.

K.L. Mi consigna es la frase de Goethe: «Hacer un futuro mejor ensanchando los elementos del pasado». Ahí está todo.

Dormir con las ninfas

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Lagerfeld ha utilizado colores olvidados, como ese rosa muy pálido en el dormitorio. «Un rosa de muslo de ninfa ruborizada -matiza. También está el color pulga, un gris violáceo… Son colores que han pasado de moda».

El suelo original

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En el Gran Salón, Lagerfeld está junto a un sillón Luis XVI con un estampado en relieve, igual que el de las sillas utilizadas en la boda de María Antonieta y el delfín de Francia. La mesa baja dibujada por el maestro es de marquetería de cristal de roca.