Su diseño y su gastronomía han conquistado medio mundo y ahora aspiran a exportar su estilo de vida. Lo llaman ‘hygge’, vida sencilla, confortable y barata. Damos una vuelta por Copenhague para comprobarlo. Por Jesús Cano

La sirenita’ está celosa. Y no de la versión edulcorada de Disney, sino de René Redzepi. Ella lleva más de un siglo peinando sus bucles dorados y compitiendo con la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad o el mismísimo Big Ben para que venga un advenedizo, un simple maestrillo de las cacerolas y los fogones, a quitarle el puesto de emblema de la ciudad.

Durante décadas, los 180 kilos de bronce de Edvard Eriksen, que el Ayuntamiento decidió colocar en el parque Langelinie, junto al puerto de Copenhague, fue la imagen más reconocible de la capital danesa.

Copenhague, era la reina absoluta de las postales, pero en 2010 todo cambió. Ese año, Noma -el restaurante de René- desterró a El Bulli como mejor restaurante del mundo y se convirtió en el mejor escaparate, portavoz e icono de la ciudad.

Y René no venía solo, sino con una legión de becarios que, una vez emancipados, han sembrado la ciudad de buenas mesas; léase reserva obligatoria, lista de espera…

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Espacio multifuncional: Atelier September es a la vez café, tienda y estudio creativo. La atmósfera aquí recuerda más al salón de una casa que a un restaurante

Su oferta -algunos críticos hablan de revolución- gastronómica desterró lo molecular para apostar por lo autóctono. Aquí reinan las verduras y solo las hierbas consiguen hacerles sombra. Y no hablamos de menta, cilantro o el «rico-rico» perejil de Arguiñano, sino de hierbajos anónimos -para el simple mortal-, antes solo manjar de vacas y ovejas. El siguiente paso está siendo llenar las cartas con el arte de la fermentación escandinava, una singular forma de procesar las verduras y hortalizas con agua, sal y hierbas aromáticas, que ya se ha puesto de moda en las mesas más sofisticadas y entre los foodies de medio mundo.

La vida sencilla

La capital danesa no es monumental como otras capitales europeas. Su belleza es discreta, como su antiguo icono (La sirenita, no René). Hay que recorrerla en bicicleta. Aquí el coche y, últimamente, el peatón están mal vistos. Un consejo: mantenerse en la derecha y dejar el lado izquierdo para que lo puedan adelantar.

El equipo del Noma ha montado un restaurante informal debajo de un puente

Entre esas horas que van del desayuno al almuerzo y del mediodía a la noche -recuerde, aquí se viene a comer-, el visitante puede pasear una ciudad vieja bien conservada, ver interesantes museos o volver cargados de bolsas. Porque la capital danesa está decidida a convertirse en la capital del diseño del norte de Europa. Tiembla Milán. Apunte. Menú, Hay, Norman, Frama, Gubi. Son editoras de mobiliario que están conquistando las páginas de las revistas de decoración más influyentes.

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Buena ubicación: los Copenhagen Apartments están situados en el distrito de Vesterbro, al oeste de la ciudad

Los adictos al diseño tienen tres citas obligadas: el estudio del anticuario Oliver Gustav, la concept store The Apartament y la estrella de Instagram y ceramista Tortus Copenhagen.

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Paraíso urbano: Contra el frío del invierno, el hotel Manon Les Suites propone un jardín tropical y una piscina climatizada en el centro de la ciudad

Durante años, Copenhague ha exigido con orgullo su calidad de vida. Su reclamo: la infinidad de parques perfectamente cuidados -un imán para improvisar un pícnic- o las piscinas sobre los canales -Brygge Island o Fiskeotorvet- que permiten un baño en los meses estivales. Pero es en invierno cuando la ciudad luce con mayor esplendor.

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El anticuario de moda: Oliver Gustav es uno de los interioristas más codiciados. Combina ediciones limitadas de diseñadores actuales y antigüedades

Es el Copenhague gris, por no decir negro, de las tramas de The killing, Borgen o The bridge. Series que han popularizado cada rincón de la ciudad. Cuando winter is coming -permítame el anglicismo, por eso de tirar de otra serie-, los escaparates de los restaurantes brillan con infinidad de velas en botellas de cristal, las fachadas coloristas contrastan aún más contra el plomizo cielo, y los lagos y estanques se convierten en improvisadas pistas de patinaje.

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Gliptoteca Ny Carlsberg: su colección de escultura hace un recorrido por seis mil años de historia, desde el antiguo Egipto hasta piezas contemporáneas

Los daneses salen a todas horas -por calles como Jægersborggade o Ravnsborggade-. E incluso -¡sorpresa!- tienen vida nocturna.

Los habitantes de Copenhague le han cogido el gusto a las terrazas y salen a todas horas

Ahora, después de imponer su gastronomía y su diseño, también están dispuestos a que adoptemos su estilo de vida. Lo han bautizado como hygge (se pronuncia ‘juga’). Sin traducción viene a ser una apuesta por la vida sencilla, confortable y barata. Solo un pero, esto último está por ver.

De mesa en mesa

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Vinos y diseño: en Ved Stranden 10 se puede tomar un vino -y alguna cerveza- rodeado por algunas de las piezas más icónicas del diseño escandinavo

El pasado mes de febrero, el restaurante Noma dijo adiós. Por un rato. Al estilo de Ferran Adrià con El Bulli, René Redzepi anunció el cierre de su famoso restaurante para dedicarse a nuevos proyectos. En realidad va a reabrir otro restaurante, pero en una nueva ubicación a comienzos del año próximo. Lo hará en a las afueras de Christiania, el mítico barrio hippie.

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Cocina afrancesada: el sabor de bohemia parisina encuentra su lugar en el ambiente del bistró Les Trois Cochons

La cocina es aún una incógnita, pero mientras tanto su equipo ha montado un restaurante pop up de cocina informal bajo un puente, Under the Bridge. Y hay muchas otras opciones herederas del Noma.

Amass. Un antiguo astillero, enormes cristaleras con vistas al puerto, grafitis y decoración industrial ambientan el espacio desde el que Matt Orlando, antiguo jefe de cocina de René Redzepi, ha revolucionado el concepto de cocina orgánica. En su jardín cosechan parte de los ingredientes de dos menús fijos que cambian casi a diario.

108. Con solo 30 años, el chef Kristian Baumann ha conseguido que para muchos su restaurante sea el nuevo Noma. Aquí, la especialidad son los productos fermentados por ellos mismos. Un menú a la carta, permite que cada uno pueda probar y personalizar su propia experiencia gastronómica.

Nærvær. Es un restaurante con un wine bar, o viceversa. En el espacio más formal, los protagonistas son clásicos franceses reinterpretados con toques asiáticos e ingredientes daneses. Para la zona de vinos, Yves Le Lay ha planteado una carta informal a base de tapas.

Relæ. Noma también ha sido la cuna de los cerebros que están detrás de esta joya gastronómica, Christian Puglisi y Jonathan Tam. El primero lo fundó y lo elevó al Olimpo gastronómico. El segundo se ha hecho con las riendas de la cocina manteniéndolo como uno de los restaurantes más sostenibles del planeta.

Manfreds. Presumen de su certificación «90-100 por cien orgánico» y también fue fundado por Cristian Puglisi. Se autodefinen como «el único restaurante centrado en verduras, famoso por su carne cruda». Creado como un bar de vinos que servía algún plato para llevar, rápidamente se convirtió en un punto de encuentro y su tartar, en un clásico.

PLANES TRANQUILOS

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No sin mi bici: aquí, todo se hace sobre ruedas. La capital danesa está hecha para los ciclistas y uno de cada tres habitantes va a trabajar en bici

De museo a museo

A 40 minutos de la ciudad está situado Louisiana Museum, un edificio rodeado por un inmenso jardín con vistas a la costa sueca. Aquí, clásicos del siglo XX se mezclan con una importante programación de arte contemporáneo. Ya en la ciudad, el Ny Carlsberg Glyptotek propone un recorrido desde el arte egipcio, griego y romano hasta los impresionistas franceses. Thorvaldsens, en cambio, está dedicado a la obra del escultor neoclásico que le da nombre.

Para los que quieran un poco de modernidad, tres direcciones obligatorias: la Galería Nacional de Dinamarca, el palacio Charlottenborg o el Copenhagen Contemporary.

De parques y jardines

La ciudad presume de tener un parque a menos de 15 minutos andando de cualquier casa. Un tesoro es el Jardín Botánico, con su invernadero de hierro y cristal. También merecen una visita los jardines de Frederiksberg y, a las afueras, Dyrehave.

PARA VER Y SER VISTOS

Atelier september. No todos los grandes restaurantes de Copenhague descienden del Noma. Hay propuestas más informales pero interesantes como Atelier September, un acogedor café, o Aamanns, un deli perfecto para improvisar un pícnic.

Øl & Brød. Es obligado probar los clásicos smørrebrød –ese híbrido entre tosta y sándwich– que encontrarás en Schønnemann, en su versión tradicional, o en Øl & Brød, en la contemporánea.

Granola. A los cafés tradicionales como Europa se han unido otros más modernos como Coffee Colective o Granola. No olvides los helados artesanales de Østerberg (imprescindible el de tamarindo).

Ruby Bar. Es la joya de la coctelería de la ciudad y está en la lista de los 50 mejores bares del mundo. Sin carteles, sin señales, se oculta en una casa del siglo XVIII. Aquí reinan los cócteles de autor.

1105. Aquí se dejan ver los cachorros de la alta sociedad. Bajo una música suave de jazz y Motown, en su ambiente sofisticado si pides un simple gin-tonic te mirarán mal, elaborar cada cóctel es un espectáculo.

Ved Stranden 10. Es un mito de la ciudad. Sirven solo vino y alguna cerveza. Varios salones invitan a la charla entre muebles firmados por los grandes diseñadores escandinavos.


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