Olvídate de la ciudad que se convirtió en la guarida bohemia de los setenta. Marrakech se renueva y afianza su mito. Te descubrimos las direcciones más cotizadas. Por Jesús Cano / Fotos: AGE y Cordon Press

Quien quiera comprender Marrakech, debe empezar por subir a la puesta del sol al tejado del Palacio de Bahía. A sus pies se despliega la ciudad-oasis del Sur, plana y basta como el enorme campamento nómada que, en realidad, es. Sus techos bajos se extienden hacia un cinturón de palmeras azules tras las que se halla el desierto. Solamente dos o tres minaretes y unas pocas casas de nobles, entre jardines, rompen la monotonía de lo plano, pero apenas llaman la atención, de modo que la mirada es atraída de una forma irresistible por dos objetos dominantes: la pared blanca del Atlas y la torre roja de la Kutubía». El consejo es de la escritora Edith Wharton. La autora de La edad de la inocencia recorrió Marruecos a finales de 1910. Su experiencia esta recogida en un libro. En Marruecos (Pre-Textos, 2008).

Un siglo después, esa visión sigue intacta. Solo las antenas parabólicas te sitúan en el siglo XXI. El Marrakech de Wharton lo encuentras en las callejuelas alejadas de los circuitos de los turistas, en la Madrasa de Ben Youssef… En cambio, los palacios y riads de la medina se han convertido en elegantes hoteles boutique. No hay rastro de la bohemia ‘fumada’ que durante los sesenta y los setenta acamparon en la ciudad. Hablamos de Mick Jagger, Talitha Getty o Yves Saint-Laurent. Para Der Spiegel -el mítico semanario alemán- hoy la ciudad es el Saint-Tropez del siglo XXI -eso sí, sin yates-, meca de trotamundos, artistas y millonarios del golfo Pérsico.

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Jardín Majorelle: Yves Sant Luarent compró y reformó este mítico jardín. Al lado abrío el Museo YSL

Marrakech es una ciudad de contrastes. Pero, avisamos, aquí no hay cartón piedra. Un ejemplo, es el hotel Royal Mansour. Promovido por el rey Mohamed VI, es un ‘orgasmo’ del hecho a mano. Más de 1000 artesanos estuvieron involucrados para dar forma a sus 53 riads y a sus más de 2500 metros cuadrados de spa. Su presupuesto es secreto de Estado.

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Royal Mansour: aquí no hay suites ni habitaciones. Las 53 residencias privadas están unidas por un prodigioso sis-tema de túneles y son un tributo a la artesanía marroquí

Wharton se quejaba de la inexistencia de una guía de viaje del país, de la ciudad. Marrakech hoy protagoniza un sinfín de ellas, pero el viajero debe buscar su propia versión. Es esencialmente tres ciudades. la medina -la antigua metrópolis árabe amurallada-, Gueliz -el nombre dado a la parte de la ciudad creada por los franceses en 1912, con deslumbrantes anchas avenidas, arquitectura art déco y animados cafés- y, por último, el Palmeral -donde se asientan grandes cadenas de hoteles en las que las cinco estrellas necesitan multiplicarse-.

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Beldi Country Club: su restaurante es el punto de encuentro de la jet set local. Hay talleres de artesanos en los que elaboran cerámica, cestería, cristal, alfombras

Puedes quedarte en una de estas versiones, pero el Marrakech contemporáneo es una mezcla de todas ellas. Hoy encontramos una interesante propuesta de tiendas y gastronomía. Empieza por la que se considera la concept store de la ciudad. 33 Rue Majorelle; continúa por Mamounia Arts Gallery, Mustapha Blaoui o Ministero del Gusto -donde piezas vintage se mezclan con artesanía y arte africano actual-; Maroc’n Roll o Lalla -son los templos para fashionistas- y Chabi Chic -complementos para el baño, toallas o cosmética orgánica-. Incluso la escena cultural de la ciudad se está revitalizando. En el pasado otoño abrió sus puertas el Museo YSL. En febrero, 1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo, abrirá las puertas de su primera edición en el hotel La Mamounia y la próxima bienal de arte que se celebra desde 2005 está programada para 2020.

 

PARA DORMIR COMO UN PACHÁ

Amanjena

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El verdadero oasis se esconde a las afueras de la ciudad. Entre olivos y palmeras, 32 pabellones y 7 mansiones recrean la arquitectura tradicional marroquí revestida en tonos rosáceos. El eje central del primer resort Aman de África es un gran estanque. Campo de golf, canchas de tenis, piscina climatizada, hammam o unos gigantescos baños en cada pabellón son algunos de sus secretos.

El Fenn

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Vanessa Branson (hermana del todo-poderoso Richard, dueño de Virgin) buscaba una casa de vacaciones cuando dio con este antiguo palacete junto a la plaza Djemaa El Fna. 28 habitaciones, spa con hammam, piscinas climatiza-das, tienda o un restaurante son algunos de los imanes para seducir a creativos de todo el planeta.

Riad Goloboy

Es uno de los hoteles más codiciados por su ubicación -en plena medina- y por sus vistas al Atlas y a los jardines de la Mamounia. Con tan solo 8 suites, es una de las direcciones imprescindibles en la ciudad.

Beldi Country Club

Su restaurante es el punto de encuentro de la jet set local. Ubicado a las afueras de la ciudad, entre rosaledas y olivos, tiene 38 suites, 2 restaurantes y piscina climatizada.

La Mamounia

Fue el primer hotel histórico de Marrakech, inaugurado en la década de 1920. Un buen plan puede ser ir a tomar el brunch o disfrutar de su spa.

Royal Mansour

Está inspirado en la arquitectura morisca del norte de África, España y Portugal. Los 53 riads (residencias privadas) que lo componen están unidos por un prodigioso sistema de túneles para asegurar la privacidad.

DE MESA EN MESA

Dar Moha

La antigua casa del diseñador Pierre Balmain acoge tal vez el mejor restaurante de la ciudad. La cocina es tradicional con un toque de modernidad.

Dar Yacout

Es una institución. Debería aparecer en las guías al lado de los monumentos. Fue diseñado en 1990 por uno de los protegidos de Yves Saint-Laurent, Bill Willis. Y aunque la comida es excepcional, aquí se va por la escenografía y el ritual.

Pepe Nero

Fue el riad de un pachá, y hoy en su carta conviven lo mejor de la comida tradicional marroquí y la italiana, rodeado de fragantes naranjos.

Bagatelle

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En la ciudad nueva, es decir, Gueliz, este restaurante familiar fue fundado en 1949 durante el protectorado. Aunque reciente-mente cambió de sede, su interior sigue siendo el mismo y en su cocina predominan las recetas francesas.

Café des Épices

Parada obligatoria en medio del zoco de las especias. La comida es informal, pero las vistas desde su terraza son espectaculares.

Le Grand Café de la Poste

Situada en el Bulevar El Mansour Eddahbi, esta anti-gua villa muestra una decoración colonial. Es el lugar de encuentro de los jóvenes burgueses locales. El lugar donde ver y ser visto.

Dar Cherifa

Es uno de los edificios más antiguos de la medina. Este riad del siglo XVI se ha transformado en un tranquilo café donde hojear revistas o disfrutar de una exposición. Su carta es una buena propuesta para reponer fuerzas.


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Riad Chorfa: es uno de los edificios más antiguos de la medina. Este riad del siglo XVI se ha transformado en un tranquilo café literario. Ideal para reponer fuerzas.

Marrakech desprende una magia especial para todos aquellos viajeros que quieran disfrutar de una ciudad llena de contrastes. Reserva tu estancia a través de Booking.com en el increíble Riad Chorfa, a un paseo de la plaza Jamaâ El Fna y de los mercadillos tradicionales.