Esta isla privada en el Caribe reúne una de las mayores concentraciones de ricos del planeta. Mustique, refugio de estrellas y princesas desde los setenta, ahora quiere ser el paraíso más sostenible del Caribe. Por Ixone Díaz Landaluce / Fotos: Cordon, Getty y Mustique 

Escondido entre la exuberante vegetación se levanta un majestuoso château francés. Podría parecer algo desubicado en medio del Caribe si no fuera porque al lado tiene una mansión balinesa, un palacio marroquí, una villa romana, una residencia futurista, una casa japonesa, otra colonial. Mustique es una isla caribeña de postal, pero también es el lugar en el que algunos de los más ricos del planeta han hecho realidad sus fantasías arquitectónicas más salvajes. El milagro es que el ecléctico resultado no es ninguna horterada, sino un pequeño paraíso convertido en un auténtico imán para quienes buscan un pequeño reducto de privacidad… y pueden pagárselo, claro.

El dueño solo quería gente guapa, y en las solicitudes de compra exigía una fotografía

Desde los años setenta, esta pequeña isla privada del Caribe ha sido el destino favorito de la gente rica y famosa. Primero, llegó la aristocracia británica; luego, las estrellas del rock, las del cine, del deporte… Por Mustique han pasado Johnny Depp, Jude Law, Brad Pitt, Beyoncé, Kate Moss, Jennifer Lopez, Tom Ford. En diciembre, Ana Boyer y Fernando Verdasco celebraron allí su boda. Y es que Mustique no pasa de moda. La prueba es que millennials de pedigrí como Cara y Poppy Delevingne la han convertido en su refugio.

‘Boom’ inmobiliario

Situada al norte de Venezuela, Mustique forma parte de San Vicente y las Granadinas y tiene una superficie de apenas 5,7 kilómetros cuadrados. En 1958, el aristócrata inglés Colin Tennant -tercer Lord Glenconner- compró la isla por 57.000 dólares y empezó a construir las primeras residencias. Dos años más tarde, Tennant obsequió a su amiga la princesa Margarita con cuatro hectáreas de terreno.

mustique, la isla de los famosos

Villa América

Con la ayuda del decorador Oliver Messel, la princesa construyó allí su impresionante villa. Les Jolies Eaux. Su hermana, la reina Isabel II, visitó la isla en tres ocasiones y Mustique se hizo famosa entre la aristocracia europea, cuyos miembros empezaron a comprar terrenos y a levantar sus residencias.

‘Golpe de estado’

Cuenta la leyenda que Tennant solo quería gente guapa en su isla y que, por eso, la solicitud para comprar terrenos debía incluir una fotografía.

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Al mismo tiempo, detestaba la ostentación y era capaz de negarse a vender un pedazo de tierra si consideraba que el comprador era un fanfarrón insoportable. Pero su peculiar forma de gestionar la isla terminó con la paciencia de los propietarios, que acabaron imponiendo su criterio y convirtieron el lugar en una empresa con accionistas y un consejo de administración que funciona a modo de cooperativa.

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Margarita de Inglaterra

La Mustique Company gestiona todo en la isla: genera y vende energía y agua (con su propia planta desalinizadora) y recauda porcentajes de los alquileres para reinvertirlos después en infraestructuras.

En los últimos años, los accionistas han decidido convertir la isla en un destino sostenible y eco-friendly preservando, por ejemplo, el anillo verde de la parte sur de la isla y supervisando estrechamente cualquier nuevo proyecto de obra. También están intentando promocionar Mustique como un destino más accesible, aunque la realidad es que sigue al alcance de muy pocos bolsillos. Dormir en la isla por menos de 800 dólares la noche es prácticamente imposible.

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Elizabeth Hurley

Mustique cuenta con un centenar de villas y mansiones privadas, de las cuales se pueden alquilar unas 80 (incluidas las de Mick Jagger o Bryan Adams). Aparte de eso, solo hay dos hoteles, tres restaurantes, dos tiendas, un pequeño supermercado y un bar. Eso es todo. No hay centros comerciales, tampoco hay campos de golf. De hecho, apenas hay coches y los vecinos y visitantes se mueven gracias a una pequeña flota de carritos de golf dispersos por la isla.

Prohibida la ostentación

Esa tranquilidad forma parte de la promesa de Mustique. De hecho, según sus promotores, el espíritu que impregna la isla no ha cambiado tanto desde los años setenta. Y eso incluye un ambiente tan informal que a menudo implica ir descalzo o, como mucho, en chancletas. Pero eso no está reñido con el glamour ni con las fiestas.

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Eso sí, la ostentación está mal vista. Por eso, en su pequeño puerto no pueden atracar megayates, y los accionistas de la Mustique Company se han negado a alargar la pista de aterrizaje del vetusto aeropuerto por miedo a que se convierta en un desfile de jets privados. A cambio, Mustique tiene su pequeña flota de aviones de hélices que conecta la isla con la vecina Santa Lucía o con Barbados en temporada alta.

Del centenar de mansiones y villas, 80 se alquilan: nada por menos de 800 dólares la noche

Por la misma razón, hay pocos lugares que puedan garantizar tanta intimidad a sus visitantes. Cuando un ‘turista’ llegó a la isla hace unos años con un impresionante equipo de fotografía diciendo que era un gran aficionado a la ornitología, fue enviado a casa en el siguiente avión en cuanto se hicieron obvias sus auténticas intenciones. Esta es una de las razones por las que los duques de Cambridge han convertido la isla en su refugio particular.

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Los duques de Cambridge

Se dice que allí es donde el príncipe William le pidió matrimonio a Kate Middleton y donde la pareja descansó durante los dos primeros (y complicados) embarazos de la duquesa. Por eso, en 2011, Basil Charles -dueño del único bar de la isla- fue uno de los invitados a la boda real.

COSAS QUE HACER EN EL PARAÍSO

Comer y beber

Las opciones son limitadas… y muy apetecibles. El restaurante Veranda, en el hotel Cotton Houses, sirve sushi caribeño. El Great Room, de estilo colonial, presume de carta de rones, selección de puros y cocina caribeña. El Beach Cafe es más relajado y se especializa en pescado. Para tomar una cerveza o un dark and stormy (cóctel caribeño por excelencia), la única opción es el Basil’s Bar, uno de los ‘garitos’ más famosos del Caribe.

Dormir

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Hotel Firefly

Del centenar de villas de la isla, unas 80 se pueden alquilar por precios nada módicos que suelen incluir servicio y chef (www.mustique-island.com). Aparte de eso, solo hay dos hoteles. El Firefly, entre árboles tropicales sobre la bahía Britannia, tiene siete habitaciones con vistas al mar y caballos. Aquí se hospedaron algunos invitados a la boda de Ana Boyer y Fernando Verdasco. El Cotton House, antiguo almacén de algodón, tiene cinco hectáreas de jardines, diecisiete habitaciones, piscina, spa, pista de tenis… El interiorista francés Tristan Auer lo renovó recientemente respetando el romanticismo caribeño y el estilo colonial originario de Olivier Messel.

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