El Sarandonga de Amanda

Amanda Hesser es una gurú de la cocina estadounidense. Inmediatamente, usted me dirá. ¡Ah!, ¡si es estadounidense no es cocina! . Y yo le responderé. tengo la sensación de que está muy equivocado/a. Los norteamericanos han exportado una cocina rápida que suele gustar mucho a los más jóvenes y, por lo tanto, a los menos exigentes, pero gozan en su territorio de multitud de cocinas foráneas que han arraigado con naturalidad y que brindan infinitas posibilidades. china, hindú, italiana, pakistaní, francesa, hispana, japonesa y tal y tal. Todo eso para quien le guste la hindú, la china, la pakistaní, la árabe y todas las cocinas posibles en el mundo, que no somos todos. Es cierto que una cosa es Nueva York y otra el resto, pero vale decir que en la costa oeste, por ejemplo, se come mejor que en la oriental, y que, al ser un país joven y de aluvión, no ha dado tiempo a cuajar tradiciones culinarias concretas más allá de las comerciales. Una hamburguesa de comida rápida y de franquicia puede ser más o menos buena, pero en cualquier población norteamericana puede comer hamburguesas de calidad insospechada y de densidad inolvidable.

La tal Amanda es la responsable desde hace un porrón de años de la página de cocina del New York Times, que es un periódico que tiene sólo cincuenta años menos que el propio país y que condiciona la opinión de millones de personas dentro y fuera de los Estados Unidos. Basándose en las recetas que llevan más de cien años publicando, Hesser ha recopilado en un libro voluminoso y espectacular (New York Times cook book) lo que considera más representativo de todas las épocas, haciendo particular hincapié en los platos más reproducibles. Así hay alguno de la cocina española, desde la tortilla de patatas hasta el marmitako, reproducido con desigual acierto; pero lo más llamativo es el descubrimiento que Amanda realizó, no sé dónde, no sé cómo, no sé a través de quién, del célebre rebujito, bebida esencialmente sureña que lleva algunos años arrasando en determinados escenarios festivos y veraniegos. Amanda Hesser, la misma Amanda Hesser, dice en el libro que el rebujito es, nada más y nada menos, la mejor bebida de verano del mundo . Con un par. Digamos para los desorientados que el rebujito es una mezcla -en jarra, con hielos- de manzanilla o fino del marco de Jerez-Sanlúcar con bebida tipo Seven-Up o Sprite o gaseosa. Un tinto de verano, gaseosa más vino, pero de color blanco (incluso hay quien le añade una rama de hierbabuena).

Un grupo de imaginativos emprendedores ha querido hacerle caso a Amanda y ha creado el primer rebujito industrial, con vinos del marco más soda azucarada. Lo ha llamado Sarandonga, que es palabra que vino de Cuba, pasó por la Barcelona rumbera de Antonio González y volvió al mundo a través del sur de la península, el lugar donde de forma más compulsiva se consume la mezcla favorita de Amanda Hesser, bien sea en ferias o en romerías. Son los mismos que tuvieron la feliz idea de crear una bebida que revolucionó las sobremesas españolas de hace unos años. el vodka caramelizado. Son los mismos que han creado con el brandi de Jerez y algo de Pedro Ximénez un Elisir (sic) de similares características que va a romper el mercado como lo rompió el anterior. El Sarandonga lo verán en playas, barras y fiestas y entenderán la fascinación de la americana más cocinera y crítica que escribir pueda en medio de comunicación alguno.

Resulta curioso que, en no pocas ocasiones, sean agentes foráneos los que nos descubran el potencial de las cosas que se nos ocurren por aquí. Y que sean ellos los que nos ayuden a establecer marcas indelebles de nuestro producto interior menos bruto. el rebujito, después de esto, se podrá añadir a la sangría, la paella y otras señas de identidad que, bien hechas (como el Sarandonga), son deliciosas e imbatibles.

Gracias, Amanda.