España en Gdansk

Gdansk es pronunciado por los lugareños Dainsk. No tengo ni idea de cuál es la razón y no me voy a poner ahora a discutir acerca de cómo tienen que pronunciar los polacos su idioma, pero lo llaman así y no Gedansk, como hacemos nosotros. Me lo explicó Catherina Aguirre, la bondadosa guía que Iberdrola contrató para servirnos de orientación a sus invitados en las escasas horas que pasamos en la sede de la Eurocopa en la que juega España su fase clasificatoria. Catherina es polaca de pata negra en este caso, rubia, de las de toda la vida, de las que conocieron el Gdansk de antes de Walesa y el de después de Walesa, de las que sufrieron a Gomulka, a Gierek y a Jaruzelski, aquel de quien se insiste que fue el héroe que impidió la ocupación de Polonia por las tropas del Pacto de Varsovia mediante el sutil mecanismo de adelantarse y ocuparla él mismo. Es polaca casada con peruano (¿qué lleva a un peruano a emigrar a la Polonia de hace un par de décadas?) y gracias a ello maneja un español suficiente para explicar lo que es el Ayuntamiento y lo que viene siendo el río y tal y tal. Catherina, como la mayoría de los ciudadanos de Pomerania, el voivodato de la que es capital Gdansk, siente devoción por Lech Walesa, el obrero de Astilleros que llegó a presidente y que surgió de la negra noche de la dictadura comunista liderando el sindicato Solidaridad, tan denostado en su día por los colaboracionistas europeos del comunismo soviético. en la misma España, sin ir más lejos, los progresistas intensos de toda la vida calificaban a Walesa de contrarrevolucionario reaccionario . Aquellas cosas de aquellos años

Dicen que Polonia es la España de los ochenta. semejante tamaño, semejante población, gente con aspiraciones, trabajadora y receptora de dinero fresco de la UE en cantidades no conocidas en la economía polaca. Es un país en desarrollo que aún no está en la esfera del euro posiblemente lo hará en torno al 2015 y que ve crecer su economía al 4 por ciento, cifra que en Europa suena a extraterrestre. No pocos inversores han puesto la mirada en aquel país y cada día son más los que viajan a cualquiera de sus polos de desarrollo a trabajar en empresas que abren dependencias allí.

Gdansk (Danzig en alemán y así llamada oficialmente en varios pasajes), por demás, es orilla del Báltico, patria de Schopenhauer y vecina mancomunada de Sopot, que a los antiguos nos recuerda el célebre Festival de la Canción al que acostumbraban a ir y a triunfarartistas como Conchita Bautista, Gloria o Peret. Su casco histórico es una larga calle centroeuropea decorosamente restaurada después de la guerra y de los consiguientes bombardeos que arrasaron media Polonia. Invadidos por alemanes o rusos, los polacos han visto moverse varias veces sus fronteras con distinta suerte, pero siempre siendo carne de hambre imperial o de pacto de reparto, como el que firmaron Molotov y Ribbentrop. temerosos de que llegaran los estalinistas a liberarlos de los alemanes, se alzaron ellos mismos contra los nazis, pero no consiguieron su objetivo; fueron arrasados y tiempo después ocupados por los angelitos que llegaron de Moscú. El resto de la historia es conocida, pero si quieren saber más de todo ello, auge y caída de un régimen como el comunista polaco, lean a Hermann Tertscht en su imprescindible novela Cita en Varsovia (Planeta, 1999).

Con la libertad recuperada desde hace algo más de veinte años, Polonia crece y se desarrolla de forma razonable. Ahora organiza la Eurocopa junto con Ucrania y se esfuerza por ofrecer una imagen sugerente, ya que no se verán en otra como esta. Hay muchas infraestructuras por terminar y el cemento aún está fresco, pero el empuje es notable, la intención de incorporarse a la élite europea también, hay una cierta estabilidad política y el país da a entender que ya ha sufrido bastante en el siglo pasado como para renunciar a las alegrías del futuro.

Yo comí regular, pero era un solo día y una sola comida, lo cual no es representativo, y no vamos a juzgar una ciudad por el engrudo que me sirvieron en un acudidero de cuyo nombre ya no me acuerdo. Si, además, España lo borda y gana la Eurocopa, lo cual es poco probable, pero no imposible, celebraremos el nombre de Gdansk noche y día.