Pobreza “fashion”

Entre las añagazas con que la propaganda sugestiva mantiene embaucada a la gente, ninguna tan eficaz como la creación de ‘tendencias’ que, a la vez que nos mantienen entretenidos y amansados, logran imbuirnos un sentimiento de pertenencia a una ‘comunidad’; solo que tal pertenencia es pasiva y gregaria, aunque se disfrace de libérrimo ejercicio de la voluntad. En realidad, aquí se halla el secreto de toda propaganda sugestiva. en que aquello que nos viene impuesto de fuera parezca que nace de dentro; en que aquello que ha sido urdido para anularnos parezca que nos afirma y robustece; en que aquello que nos esclaviza parezca que nos libera. Y, a la vez que nos libera, nos haga sentir acompañados; aunque, en realidad, solo estemos ‘rodeados’ de otros que han sido sometidos al mismo proceso degradante.

La finalidad de la propaganda sugestiva es siempre la misma. convertirnos en una papilla humana, estólida y servil. Y su método también siempre el mismo. lograr que tal conversión no resulte aflictiva, sino por el contrario dichosa. Mediante la propaganda sugestiva se puede lograr que la gente crea que su dicha depende de poseer tal o cual cosa, o de satisfacer tal o cual capricho, o de emanciparse de tal o cual regla de elemental decoro; y así se puede hacer de las personas animalitos que responden a una compulsión consumista. También se puede lograr que la gente esconda lo que verdaderamente piensa o siente, o que se avergüence de ello, o incluso hacerle creer que piensa o siente lo que se exige en las aduanas de la ‘corrección política’; y así se convierte a las personas en animalitos de pensamiento inerte. De todas estas formas de propaganda sugestiva podríamos aportar ejemplos innumerables; pero se los ahorraremos al lector perspicaz.

En los últimos años hemos observado, sin embargo, una nueva forma de propaganda sugestiva, muy astutamente adaptada a la presente coyuntura de ‘crisis económica’. Quienes manejan los hilos del poder, los ‘reyes de la tierra’, saben que cada vez hay más pobres; y saben también que esta propagación de la pobreza podría poner en peligro su hegemonía. Sin embargo, los reyes de la tierra necesitan seguir exprimiendo a esas gentes cada vez más empobrecidas, sin que la conciencia de su pobreza les resulte oprobiosa en demasía. necesitan que sigan votando pacíficamente a sus negociados de izquierda y de derecha; necesitan que sigan trabajando por menos dinero; necesitan que no monten demasiadas algaradas en las calles; necesitan, en fin, seguirlos adormeciendo con los mismos cuentos chinos con que los anestesiaron en época de vacas gordas. Pero la pobreza no pueden hacerla desaparecer; es más, necesitan seguir fabricando pobres a porrillo, pero pobres que no se den cuenta de que lo son. ¿Qué hacer entonces? ¡Pues convertir la pobreza en ‘tendencia’!

El otro día leíamos en un concurridísimo portal de Internet una noticia rocambolesca. Una pareja de jóvenes neoyorquinos con sueldos birriosos mostraba con orgullo su casa de veinte metros cuadrados, un cuchitril inmundo disfrazado de cuchitril chupiguay. en él cocinaban, comían, dormían, excretaban y, desde luego, navegaban por Internet como fieras; incluso mantenían un blog en el que daban consejos de decoración a otros jóvenes en igual situación, para que pudieran disfrazar sus respectivos cuchitriles inmundos de cuchitriles chupiguays. Por supuesto, el concurridísimo portal de Internet presentaba a estos pobres de solemnidad como monarcas del interiorismo cool; de tal modo que su ejemplo sirviera de consuelo ¡y orgullo, oiga! a otros pobres de solemnidad amenazados por el desahucio, a la vez que de brújula esnob para ricos atentos a las ‘tendencias’ en boga. Este esfuerzo de la propaganda sugestiva por evitar que los pobres se subleven se aprecia muy significativamente en las modas indumentarias, que exigen a los ricos ir por la calle disfrazados de pobres, con chancletas y bermudas y camisetas pringosas (aunque sean de marca); también en los esfuerzos grotescos de los reyes de la tierra por retratarse engullendo comida basura, viajando en vuelos low cost, etcétera.

Se trata, en fin, de convertir la pobreza en tendencia, para que el pobre no se sienta relegado, sino confortado y jaleado en su condición. Para poder seguir, en fin, exprimiéndolo indoloramente, haciéndolo sentir acompañado. Aunque solo esté ‘rodeado’ de otros que han sido sometidos al mismo proceso degradante.