Prepárese, la terapia génica ya está aquí

Siempre se dijo en las aulas universitarias que cobijaron a aquellos que dedicamos seis años de nuestra vida a estudiar Medicina que lo que de veras había evolucionado a lo largo de estos años era la cirugía, no la ciencia médica. Los que jamás nos hemos puesto una bata blanca o verde hoy deberíamos volver a estudiar Quirúrgicas, ya que en nada tiene que ver la técnica presente con la de hace treinta años, directamente antidiluviana. Pero esa verdad aparentemente inapelable empieza a estar desmentida gracias a un paso cósmico que están empezando a dar las terapias clínicas. la terapia génica. No es ciencia ficción. surgió para poder tratar enfermedades genéticas hereditarias y hoy es una solución en fase algo más que experimental que pone a disposición de los facultativos instrumentos con los que combatir eficazmente enfermedades como algunos cánceres, el sida o múltiples procesos dermatológicos. Un gen -y perdonen la pedantería- es un fragmento de ADN de un cromosoma, el cual tiene como misión sintetizar las proteínas responsables del comportamiento del organismo humano. Si somos capaces de encontrar el gen defectuoso que ha consentido determinada enfermedad, lo podremos sustituir por uno que funcione y estaremos a las puertas de una solución muy efectiva. Un gen se instala de varias maneras, pero la principal es mediante un virus desactivado que resulte eficaz para entrar en la célula adecuada cuanto más certero para encontrar la célula, mejor. Así usted le mete al enfermo una pequeña gripe -para entendernos-, pero le solventa un proceso patológico que puede ser severo.

Particularmente, la dermatología ha sido la especialidad en la que dichas terapias han encontrado un acomodo más exitoso. Así lo han proclamado los cuatro mil mejores especialistas iberoamericanos convocados en un reciente congreso en Sevilla dirigido por el profesor Julián Conejo Mir, una autoridad mundial de primer orden. Cuenta el galeno que el paso del tiempo ha llevado a que los tratamientos de las enfermedades de la piel se convirtieran hace años de tópicos a sistémicos y que ahora estos pasen ya a convertirse en biológicos. Es decir, de la cosmética, la crema, a los químicos. Los sistémicos fueron eficaces, pero, cuando resultaban prolongados por la cronicidad de las patologías, acababan intoxicando órganos trascendentales como el hígado o el riñón. Los agentes biológicos, los génicos, son, en cambio, cómodos y resolutivos, presentan un apasionante futuro a medida que las técnicas se vayan depurando y entran por varios lugares muy directos, anticuerpos y proteínas de fusión y secundarias. Es decir, pueden ser demoledores.

Piensen, por ejemplo, en la psoriasis, enfermedad maldita que habitualmente es leve, pero que puede estar asociada a otras patologías, habitualmente cardiovasculares, y de la que sigue vigente aquel viejo dicho que reza. Se quita pero no se cura . Ya eso no es así. una combinación de agentes tópicos y biológicos puede resolver, mediante la actuación frente al gen adecuado, el pesado problema de inflamación crónica que supone. Quien dice la psoriasis también dice la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple, enfermedades con un alto componente degenerativo difícilmente sujetable.

O la caída del cabello, cuyo gen responsable ha sido identificado, lo cual permitirá en unos años actuar en el momento indicado y detener una pérdida contundente de pelo. O dejar de fumar. un anticuerpo antinicotina impedirá que la nicotina llegue al cerebro por el torrente sanguíneo y que, por lo tanto, se adhiera al receptor recompensa que proporciona al fumador el placer indescriptible que lo obliga a encender un cigarrillo una y otra vez.

Aseguran los especialistas que, si bien se ha logrado abrir la compuerta del secreto terapéutico genético, aún estamos en los primeros escalones de un alto edificio que no sabemos del todo qué sorpresas nos deparará. Pero lo conseguido en este último decenio, sin ir más lejos, es de una importancia trascendental para el futuro de la medicina, la cual tiene que enfrentarse al serio problema de lo costoso de tales tratamientos por ahora. Llegará el día en que estén al alcance de todos y a través de los sistemas públicos de salud. Si es que no nos hemos ido al garete antes, claro.

Escribo lo que antecede y no puedo dejar de mirar la fotografía de mi padre en su despacho consultando sus viejos libros. Dermatólogo de altura, prontamente fallecido, hoy asistiría entusiasmado a la revolución de la disciplina que tanto amó.