XXV del XL

Aquí mismo están los apuntes con los que trabajaba para escribir este domingo, tal cual adelanté el pasado, sobre la victoria de Obama, El Santo Negro, en el Chicago de la semana anterior, esa ciudad en la que el viento da la vuelta y deja heridas en forma de jirones helados en los rostros de los paseantes. Ganó, tal y como parecía que iba a pasar, y celebró su fiesta en el parque en el que, si fuese enero, quedarían congelados todos sus fidelísimos seguidores. Y tenía aquí las consideraciones elementales sobre algunos bebederos y comederos aceptables. muchos restaurantes italianos y muchos steakhouses. Me satisfizo un pulpo salteado con patata del tamaño de un huevo de codorniz cenado en compañía de Juan Verde el hombre de Obama en Europa, el español que ha llegado a ser viceministro de comercio en un gobierno USA en el Via Stato, un interesante y coqueto refectorio a la vera de la avenida Míchigan. Y una hamburguesa sabrosa y consistente en Miller’s, uno de esos bares de película en los que se presume que deben sentarse todos los periodistas del Chicago Tribune entre columna y columna a beberse un trago de Tennessee. Y en nada hubo de complacerme la frustración permanente que supone comer carne en aquel país. extraordinarios pedazos de animal viejo masacrados impunemente en carbones abrasadores, sea en Morton’s, sea en el carísimo Smith and Wollensky, sea en el Gibsons Bar de la calle Rush. Es mejor zamparse unas ribs con magnífica salsa barbacoa y salir arreando después de haber pagado un platal por un buen vino de Napa o de Sonoma (los vinos de California son buenos, o a mí me lo parecen, pero pasados de precio).

Digo que lo tenía ordenado según el método con el que me gusta escribir. algunas ideas sueltas anotadas en hoja adjunta y alguna que otra frase cerrada que encajar en un texto al que se le va dando cuerpo en una tarde, normalmente, de martes. Pero hete que me percato de que este domingo de marras es el que ve cumplir veinticinco años al suplemento semanal más leído de la prensa en español, este que sostiene ahora en sus manos y que comenzó su andadura en el año 87, este en el que tengo el honor de compartir tribuna con escritores de primera línea y con periodistas admirables con los que jamás supuse podía siquiera codearme. Hete aquí que esta publicación ejemplar, equilibrada, moderna, señorial, ve caer sobre sus espaldas el cuarto de siglo siendo una referencia leída por millones de personas gracias a su calidad y a la distribución magnífica del grupo Vocento, publicación de la que uno percibe su importancia cuando escribe en ella. Durante años puedo contactar con lectores fieles y exigentes que están a la que salta sobre cualquier asunto que se aborde. por lo que me cuentan los editores, aquellos artículos en los que se señalan pitanzas y lugares suelen ser los de más repercusión y cierto es que compruebo en mi correo el acuerdo o desacuerdo de muchos amigos lectores, alguno de los cuales si no tiene que tener piedad no la tiene. Especialmente cuando me columpio con algún dato que no se corresponde, con una fecha, un nombre, un lugar erróneamente deslizado en algún suelto. soy avasallado por cientos de mensajes de forma inmisericorde, lo cual nos recuerda que somos mortales y que no conviene habituarse a los púlpitos.

XLSemanal suele cerrar con diez días de antelación, es decir, lo que lee usted hoy lo entregué el pasado martes 13, lo cual impide abordar asuntos de extrema actualidad, como pasa en la prensa diaria. cualquier reflexión inmediata se queda vieja o cualquier previsión es arriesgadísima. Ello obliga a darle la vuelta a las cosas, a calmar el juego, a practicar esa sana y constructiva intemporalidad que caracteriza a los suplementos dominicales. Ello me he permitido hacer esta tarde junto a mi gran amigo de escritura, de nombre Jack Daniel’s, que tan serenamente me acompaña. Enhorabuena a los que han hecho posible este monumento a la elegancia y el análisis que es XLSemanal, por los veinticinco años vividos y por los muchos que quedan por vivir.