Cara a cara con la muerte. todo lo que hice fue comprar un GPS

La muerte es una bella mujer, siempre a mi lado. Ella me besará un día, lo sé. Esta compañera me recuerda que no debo posponer nada. Hazlo ahora, hazlo ahora . Su voz no resulta amenazadora. Y esta voz me dice que lo que importa ahora no es cuánto voy a vivir, sino cómo. En cierta ocasión me vi atrapado en el desierto de Mojave, casi sin agua y sin haber leído ninguno de los manuales que explican cómo sobrevivir en regiones desérticas. Y otro día me perdí escalando los Pirineos. En ambas ocasiones llegué a pensar que estaba a punto de dejar este mundo, pero eso no ocurrió.

Hace cinco meses fui al médico para hacerme un chequeo. Mi mejor amiga me obligó. Su padre acababa de fallecer y ella insistió en que todos sus amigos deberían hacer una prueba de esfuerzo. Le dije. Yo no soy hipocondriaco . Ella me mandó que fuera de todas formas. Entonces fui al médico e hice la prueba de esfuerzo, en la que había que pedalear en una bicicleta ergométrica.

-Señor Coelho- me dijo el doctor-, le quedan a usted treinta días de vida. tiene dos arterias obstruidas.

-¿Cómo?- dije yo-. ¿Está usted seguro? Yo no siento nada

-Se trata de un infarto silencioso. Las dos arterias están obstruidas en un 90%.

Yo le dije que iba a enviar inmediatamente un e-mail a otros médicos para tener una segunda, tercera o incluso cuarta opinión. Pero todas las respuestas coincidieron. yo moriría al cabo de un mes, al ritmo en que mis arterias se obstruían. Se programó una cirugía de urgencia. Todo dependía de lo que encontraran al abrir mi corazón, un proceso conocido como cateterización. El cirujano determinaría si se necesitaría una angioplastia o un marcapasos o si, de hecho, nada podía hacerse ya.

Aquel día, el 29 de noviembre, me senté al lado de la muerte. Como cristiano que soy, creo que la pregunta que el Cordero de Dios me hará no es ¿cuánto has pecado? , sino ¿cuánto has amado? . Yo me sentí enormemente agradecido por haber podido compartir mis últimos 33 años con Christina, mi mujer. No son muchos los que encuentran el amor de su vida; yo lo encontré (si bien solo lo logré al cabo de cuatro matrimonios). Christina y yo tuvimos la más profunda experiencia del amor; ese amor que implica complicidad y entrega. Por lo tanto, siento que he amado plenamente.

¿He vivido? Pertenezco a la generación del baby boom, he hecho de todo- sexo, drogas y rock and roll-. Fui hippie, abandoné los estudios. En 1974 fui encarcelado por el gobierno militar brasileño por subversivo. Sobreviví a estos años locos y finalmente decidí hacer lo que realmente quería. escribir. Atravesé años de dudas, con las personas diciéndome. La escritura no da para sobrevivir . Pero yo pensaba que no se trataba de sobrevivir, sino de vivir. Existen dos tipos de escritores. los que tienen una densa vida interior, como Proust y Joyce, y los que necesitan vivenciar las cosas para escribir sobre ellas, como Hemingway y Baudelaire. Yo necesito vivenciar lo que escribo. Escribí mi primer libro a los 40 años. Cuando muchos están pensando ya en retirarse, yo empezaba una nueva vida. El libro se tituló El peregrino de Compostela.

Continúo escribiendo. Si todo hubiese sido por dinero, habría parado hace quince años, con El alquimista. Escribir es mi vocación, algo que hago con toda mi energía y amor. Lo que yo pensaba el 29 de noviembre era. he tenido amor, he hecho todo lo que quería y he cumplido mi misión, he alcanzado mi plenitud personal. Si muriese mañana, dejaría esta vida lleno de alegría. Al final, no se trata de si crees o no en la vida después de la muerte. Todos quieren encarar la muerte con honra y dignidad.

Obviamente no he muerto. La cateterización reveló que tenía tres arterias bloqueadas. El médico las abrió con una angioplastia. Colocó tres stents, tubos metálicos que mantendrían mis arterias abiertas. Cuando recuperé el sentido, el doctor me dijo. En dos días podrás estar jugando al golf . Yo le dije que era más arquero que jugador de golf.Desde entonces he retomado mi vida. Ahora, sin embargo, sigo una especie de dieta. También llevo conmigo un GPS cuando estoy en las montañas, solo por si acaso. Mi mujer y yo pasamos mucho tiempo caminando por las regiones montañosas. A veces, me sorprendo pensando. ¿y si mi amiga no me hubiese forzado a ir al médico? ¿Dónde estaría yo?

Christina y yo subimos las laderas como siempre, pero ahora me fijo en las coordenadas, no sea que nos perdamos.