¿Qué errores comunes se pueden evitar?

BENITO ÁNGEL DÍAZ. CERVERA DE PISUERGA (PALENCIA)

No es la primera vez que los asesores de Mariano Rajoy cometen el error de sacarle en una foto señalándonos a nosotros los lectores como si fuéramos los culpables de un latrocinio.

¿Cómo es posible que a un señor al que se le ha enseñado tanto Derecho como el que obviamente sabe nadie le haya advertido, después de tantos años en el servicio público, de que no solo denota muy mala educación señalar a la gente con el índice o le delata o le riñe, sino que la nueva ciencia del neuromarketing comparte la opinión de que, con ese gesto, el suministro de información parece como si fuera malévolo?

¿O creen los políticos que las cosas no han cambiado desde que eran jóvenes, sin darse cuenta de que el pensamiento racional ha sido relegado por la ciencia a un lugar subordinado, comparado con el peso excluyente del pensamiento intuitivo, del valor de interpretación del contexto, de los colores o del ritmo impreso al discurso?

Si me quieren ofender, si lo que desean es que ni me fije siquiera en el contenido del discurso, si lo que buscan es que mire a otra parte porque detesto lo que se me está diciendo, entonces lo mejor es buscar una foto en la que se señale con el dedo, como hace Mariano Rajoy.

Son infinitos los ejemplos que pudieran aducirse. Grandes especialistas de la neurología dedicaron muchos esfuerzos a explicar por qué el hijo de Pablo Picasso no llegó a ninguna parte, a pesar de la fama y el renombre indiscutido de su padre. Resulta que como iban a demostrar Bill Gates y otros famosos años más tarde antes de inventar florituras o sorpresas descabelladas era absolutamente preciso dominar una profesión a base de mucho trabajo. Era ese ‘mucho trabajo’ lo que le faltaba al hijo de Picasso para triunfar y lo que le sobrara a este último.

Otras veces es el cambio de contexto lo único que puede salvar a la gente de la obcecación empedernida con un gran amor obsesionado. ¡Cambia de mares, de restaurantes, de bares, de trabajo o de universo! Lo de menos es la naturaleza misma de la obsesión o disciplina; lo de más, en muchas ocasiones, es la opción, forma o manera de abordar la cuestión.

Señalar con el índice a los demás o vestirse de un color determinado tiene más importancia de lo que la gente cree a la hora de convencer a los otros. El color rojo tiene tanta fuerza que algunos primates no resisten su visión; ahora bien, si se trata de convencer o agradar a quien te está contemplando, no es mala idea buscar algo cercano al rojo.

Hay colores menos comprometidos, como el azul; de ahí su utilización mayoritaria para las marcas de las grandes multinacionales, a pesar de haber perdido a ojos de los demás parte de su atractivo.

En resumidas cuentas, los ganadores tienden a evitar los errores más garrafales, como el de señalar a alguien con el dedo y, a veces, solo estos porque tomaría demasiado tiempo evitarlos todos.

Los ganadores suelen plantearse objetivos alcanzables y moderados; es decir, metas que requieren esfuerzos pero que son sostenibles.

Otro de los errores que puede evitarse fácilmente es premiar a la gente solo por ser brillante, en lugar de hacerlo por su esfuerzo, su perseverancia o su ingenuidad. De otro modo, se corre el riesgo de alimentar la falsa creencia de que lo importante son las bondades intrínsecas del cerebro, en lugar del tesón; en apuntar a los demás, en lugar de profundizar en uno mismo; creer en la razón, en lugar de en la intuición.