‘Bestseller’

Así se llama un libro que he estado leyendo estos días y que me ha hecho reflexionar sobre ciertas consideraciones que hace tiempo rondan mi cabeza. Se trata de una cruel y muy inteligente sátira del mundo editorial , tal como la ha señalado The Times de Londres, y su autor es Alessandro Gallenzi, que mucho debe de saber al respecto puesto que es un prestigioso editor con años de experiencia en edición literaria. No quiero destriparles la trama porque vale la pena leer la novela, pero baste con decir que trata, por un lado, de un editor de la vieja escuela al que los nuevos vientos mercantilistas dejan sin trabajo. Y, por otro, de un escritor inédito cuyo fracaso le despierta incluso instintos asesinos. Ambos acaban enredados en una divertidísima y delirante trama de misterio con el telón de fondo de la feria de vanidades y vacuidades en la que se ha convertido el negocio del libro. Uno en el que para triunfar no es necesario ni mucho talento ni mucha inteligencia y, por supuesto, tampoco bagaje cultural alguno.

Al contrario, casi son un incordio, una lata. Es mucho más útil tener una historia escandalosa que contar y/o un nombre sonoro en otras lides como presentador de televisión, actriz altamente recauchutada con varios amoríos a cuestas, etcétera. Tampoco viene mal apostar por la onda new age y escribir sobre lo buenos que somos todos, cómo los pajaritos cantan y la luna se levanta mientras alma y espíritu se funden hasta lograr una confluencia cósmica. Si todo esto le aburre o no encaja con su sensibilidad, puede probar suerte con la novela histórica. En ese caso, lo conveniente es no ceñirse a la historia real, sino reinventarla para que triunfen el amor y los buenos sentimientos. A pesar de lo que acabo de decir, no tengo nada en contra de este tipo de libros. Es más, creo que son necesarios por varias razones. Primero porque permiten que las editoriales ganen dinero suficiente para publicar otros libros que tienen mayor calidad literaria. También porque no siempre tiene uno ganas de leer libros sesudos, trascendentes o altamente intelectuales.

La literatura se parece mucho a la gastronomía. No solo de ostras, foie gras y jamón pata negra vive el hombre. También son deliciosos platos menos sofisticados como unos huevos fritos con jamón, una tortilla española y, de vez en cuando incluso, por qué no, una hamburguesa chorreante de kétchup. No, yo no soy una lectora exquisita, soy para continuar con el símil culinario de antes tan gourmet como gourmand, me lo como todo y encantada, además. Lo que sí me preocupa es que no se sepa distinguir, que llegue un momento en el que creamos estar comiendo foie gras cuando lo que hacemos es masticar chóped y ni siquiera de muy buena calidad. Mutatis mutandis, eso es lo que está pasando en el mundo del libro.

No hace mucho tuve una conversación bastante reveladora con un amigo que es gran lector. Intentaba convencerme de que la trilogía Millenium era alta literatura y yo, una esnob que no quería reconocer su gran calidad, tal vez por envidia. Tengo muchísimos defectos, pero la envidia literaria no es uno de ellos. Y simplemente, por práctica, me parece estúpido hacerme trampas en el solitario de modo que, por la cuenta que me trae, no dejo que filias y fobias oscurezcan mi juicio sobre lo que tiene que ver con mi trabajo. Tal vez por eso tuve la suerte de dar con el único argumento que acabó de convencer a mi amigo de que, en esa ocasión, tenía razón yo. Le dije que pensara en cuál habría sido su juicio sobre Larsson veinte años atrás, cuando sus gustos literarios iban más por Yourcenar, Kundera o Pessoa. ¿Lo habría incluido en esa pléyade de autores? Es el signo de nuestros tiempos. A diferencia de lo que pasaba antes, ahora se tiende a creer que lo que más gusta es necesariamente lo mejor. Y en lo que respecta a la literatura, con demasiada frecuencia se confunde talento literario con talento para vender libros, cantidad con calidad, jamón pata negra con hamburguesa y kétchup. Precisamente de eso habla la divertida e inteligente sátira de Alessandro Gallenzi, que les recomiendo.