‘El cuerpo humano’

Hace algunos años el joven turinés Paolo Giordano publicaba La soledad de los números primos, una primera novela que causó furor. Era aquel un libro que acertaba a nombrar el desconcierto de una generación (como, por ejemplo, lo fue Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan, hace sesenta años), a través de la peripecia sentimental de dos jóvenes disfuncionales, Alice y Mattia, que se aman aflictivamente, incapaces de superar los traumas que padecen y atenazados por el fantasma de la soledad. Sospecho que aquella novela cimentó su éxito en razones más ‘sociológicas’ que estrictamente literarias. su retrato de la adolescencia en la era de la ‘sociedad líquida’, donde los vínculos familiares se difuminan hasta hacerse inaprensibles y las certezas que conducen a la edad adulta se ahogan en un marasmo de confusión y trastornos afectivos, resultaba, en verdad, muy prototípica de nuestro tiempo. Sin embargo, La soledad de los números primos revelaba a un escritor muy dotado para escribir sobre sensibilidades morbosas y para penetrar en el bosque de las emociones más maltrechas y balbucientes, algo para lo que se necesitan verdaderas dotes literarias.

Cinco años ha tardado Giordano en entregar a las imprentas su segunda novela, El cuerpo humano, que en España acaba de publicar Ediciones Salamandra. La empecé con ciertas reticencias, esperando toparme con una continuación más o menos encubierta del libro que convirtió al autor en un ‘fenómeno editorial’; y la terminé leyendo con rendido entusiasmo, convencido de que me hallaba ante la obra de un escritor excepcional. En El cuerpo humano se nos narra la aventura de un grupo de soldados italianos destinados a Afganistán. a simple vista, parece una novela antimilitarista más (no en vano se abre con una cita de Erich Maria Remarque), escrita al socaire de la moda; pero, poco a poco, a medida que uno avanza en la lectura, se tropieza con personajes de una rara intensidad. Son, en su mayoría, jóvenes inexpertos y desnortados, aunque tampoco falten los oficiales con muchas cicatrices en el alma. Unos y otros son personajes lastimados por la soledad, fugitivos de sí mismos, enfrentados a dilemas morales (algunos peliagudos, como el del aborto) que desbordan su insignificancia. La magia principal de Giordano consiste, precisamente, en hacer significativo lo insignificante. los balbuceos amorosos de un muchacho enfermizamente retraído, a quien sus compañeros hacen presa de sus bromas chocarreras; los temores casi infantiles de otro muchacho a quien el mero roce con una culebra muerta conduce a una crisis nerviosa; los efectos de una infección intestinal entre los miembros de la compañía, etcétera. Con semejantes mimbres, El cuerpo humano corría el riesgo de convertirse en una obra chusca, de un costumbrismo inane y archisabido; pero Giordano logra tejer un tapiz de relaciones humanas extraordinariamente sugestivo. Durante buena parte de la novela nada extraordinario sucede. planea, ciertamente, una sensación de peligro inconcreto sobre los protagonistas, al estilo de lo que ocurría en El desierto de los tártaros, la novela de Dino Buzzati; pero su existencia cotidiana se desenvuelve mayormente entre la rutina y el tedio. Giordano sabe, sin embargo, emplear la rutina y el tedio como catalizador de una espléndida radiografía humana; y ante la mirada del lector se despliega un panorama de almas hechas añicos, trituradas por un mundo ininteligible en el que se sienten extranjeras. En cada añico de esas almas hay una carencia afectiva, un dolor sin etiología, una petición sordomuda de auxilio; y, en medio de ese panorama de heridas íntimas, una búsqueda desnortada de redención. Giordano confronta la fragilidad de sus personajes con el paisaje desolado de Afganistán, que se convierte en cifra de una desolación más íntima e irremediable.

Cuando la tragedia sobrevenga, en el tramo final de la novela, los personajes de Giordano cobran vuelo épico; pero no es el vuelo del heroísmo bélico, como podría esperarse de una novela de aventuras al uso, sino el heroísmo mucho más discreto, incógnito casi, de quienes cargan con sus culpas en silencio. Pese a su paradójico título, El cuerpo humano es una novela de perplejidades morales. en medio de un mundo sin certezas ni asideros, sus personajes pugnan por hallar un sentido a sus zozobras, sin más equipaje que su desnuda humanidad. No siempre hallan solución a su desconcierto; pero su lucha atolondrada es de una rara y magullada belleza que cautiva. Este Paolo Giordano es un magnífico escritor.