Ryan Gosling

Una de las pruebas más notorias de la agonía en la que languidece el cine actual es la ausencia de estrellas entre los actores de las últimas generaciones. Resulta, ciertamente, complicado establecer qué actores o actrices pueden ser considerados estrellas; pero podría resumirse diciendo que adquieren tal estatus los actores o actrices capaces de convocar a un público numeroso y fiel, tanto juvenil como adulto, aunque la película en la que trabajan no destaque especialmente por sus bondades. En el Hollywood clásico, las estrellas podían mantener el favor del público durante décadas sin despeinarse; en nuestro tiempo, tal logro resulta casi imposible (aunque hay excepciones notorias, como Meryl Streep). Y los actores que cosechan varios taquillazos seguidos no lo consiguen tanto por contar con unos seguidores fieles como por participar en sagas de éxito (así, por ejemplo, Robert Downey Jr. o Robert Pattinson); pero basta que cambien de registro para que su estrellato se vaya a pique. Las estrellas que todavía conservan a trancas y barrancas su estatus empiezan a ser veteranas, cuarentonas y hasta cincuentonas (George Clooney, Sandra Bullock, Tom Cruise, Julia Roberts, Johnny Depp, Brad Pitt, etcétera); y el actor que, hoy por hoy, puede considerarse la máxima estrella del cine mundial, con más de quince años en la cúspide Leonardo DiCaprio, está a punto de agotar la treintena.

Los grandes estudios buscan estrellas a la desesperada, con resultados más bien calamitosos; o quizá, simplemente, ocurra que el tiempo de las estrellas haya pasado irremediablemente. No solo porque el cine ya no provoca demasiados entusiasmos; sino también y tal vez sobre todo porque las estrellas necesitan, para alimentar la devoción de sus seguidores, vivir en una región de penumbra o misterio, y nuestra época tan fiscalizadora, tan asfixiantemente mediática profana y pisotea la posibilidad del misterio, antes incluso de dejarlo germinar. Así, inevitablemente, los aspirantes a estrella terminan convirtiéndose, a la primera de cambio, en actores de temporada, devorados bulímicamente en la trituradora de las famas efímeras. Aunque tal vez Tal vez haya uno que logre escapar a ese destino inexorable.

Se llama Ryan Gosling. Es un actor magnético, con un registro interpretativo fuera de lo común, que elige siempre papeles poco convencionales adolescentes tortuosos, asesinos compungidos, jóvenes medrosos, rebeldes desclasados, arribistas llenos de abismo y de encanto y que sabe dotarlos de una aureola enigmática y perturbadora. En los últimos años lo han convertido a su pesar en el ‘hombre de moda’. a las mujeres les fascina su aire a la vez dandi y bohemio; y entre los hombres provoca fascinación y sana envidia. En Drive, el thriller neonoir del danés Nicolas Winding Refn, alcanzaba la cima de su talento, interpretando a un silencioso y enigmático conductor, especializado en situaciones de riesgo, que acababa engullido en una sombría trama criminal. en manos de otro actor menos dotado, su personaje habría resultado vacío, críptico, átono; pero Gosling lograba penetrarlo de una inquietante y atribulada complejidad, con un estilo expresivo extraordinariamente económico, casi minimalista. Más o menos en la misma época en que se estrenó Drive, a Ryan Gosling lo vimos en un par de películas bien distintas. Crazy, stupid love, en la que encarnaba a un fatuo e irresistible tenorio que acababa enamorado de la mujer a la que pretendía seducir, donde demostraba una irresistible vis cómica; y Los idus de marzo, en la que borraba de la pantalla a George Clooney con su composición de un asesor de campaña, a la vez idealista y trepa, que acababa enviscado en las redes de la corrupción. Lo más pasmoso de Ryan Gosling es que en cada película nos sorprende con matices nuevos, como si su depósito de recursos no se agotase nunca. Solo en la reciente Gangster Squad me ha parecido un actor convencional, rutinario, hastiado de sí mismo o de su personaje estereotipado. Tal vez por ello haya anunciado que se tomará un descanso temporal como actor, para centrarse en labores de dirección.

Espero que el descanso nos lo devuelva con el talento intacto; y que la trituradora de las famas efímeras no acabe engulléndolo. Hacía mucho tiempo que no me tropezaba con un actor tan carismático y versátil, tan irradiador de misterio, tan extrañamente atractivo. Acaso una estrella, en una época en que el cine agoniza.