‘Homeland’

Suele decirse que el talento creativo que antaño florecía en Hollywood ha emigrado a las series que producen las grandes cadenas televisivas; lo cual tal vez sea un tanto hiperbólico, pues con frecuencia las series no hacen sino reproducir incluso de forma más degradada y populista los males que afligen al cine americano reciente. Por lo demás, la propia naturaleza episódica de las series conspira en su contra. si resulta difícil tropezarse con una película que cuente con un guion sublime sin interrupción , mucho más arduo todavía resulta hallar series cuyos guiones no flaqueen o se tornen previsibles a lo largo de varias temporadas. Pero las series televisivas se han convertido en un fenómeno social incuestionable, semejante al que significaron los folletines por entregas en otro tiempo; y muy expresivo de esa necesidad, tan humana, de vivir vidas que nos alivien la zozobra de la nuestra. Necesidad que tal vez la literatura y el cine estén dejando de atender.

Homeland es, sin duda, una de las series más vigorosas e interesantes de los últimos años. Su protagonista es Carrie Mathison (Claire Danes), agente de la CIA que, mientras desempeña una misión clandestina en Irak, recibe un chivatazo en el que le aseguran que un prisionero de guerra americano ha sido sometido a un ‘lavado de cerebro’ por miembros de Al Qaeda y convertido en un ‘topo’ a su servicio. Poco después, el sargento de marines Nicholas Brody (Damian Lewis) es rescatado tras ocho años de feroz cautiverio en manos de los insurgentes iraquíes. A su regreso a los Estados Unidos, Brody es agasajado como un héroe, mientras se repone de sus heridas anímicas, e inicia una exitosa carrera política; pero la agente Carrie, convencida de que es el ‘topo’ de Al Qaeda, no ceja en su empeño por desenmascararlo, recurriendo a los métodos más heterodoxos y poniendo en peligro su maltrecho equilibrio mental. Por supuesto, sus compañeros en los servicios de inteligencia creen que se ha vuelto loca; y hasta su amigo más fiel, el veterano agente Saul Berenson (inmenso Mandy Patinkin), duda de su cordura. Hasta aquí puedo leer, que dirían en el Un, dos, tres.

A simple vista, Homeland parece una muestra más del subgénero ‘conspiranoico’, que tras los ataques del 11-S ha cobrado renacida pujanza. También parece adscribirse, en cierta medida, al subgénero de ‘misiones imposibles’, que exalta hasta la inverosimilitud las proezas de los servicios de inteligencia estadounidenses. Pero lo cierto es que Homeland no participa del clima hazañero y bizantino propio de estas producciones. los métodos de investigación de la CIA son mostrados con notable realismo; y no se ocultan sus chapuzas y deslices, sus fatales titubeos y sus errores más estrepitosos. Sin embargo, lo más cautivador de la serie es su retrato de personajes, así como la evolución de la enfermiza relación de dependencia mutua que se entabla entre los dos protagonistas, la agente Mathison y el sargento Brody. Carrie Mathison es una mujer desequilibrada que arrastra serios trastornos afectivos y una latente pulsión paranoide; la actriz Claire Danes compone un personaje siempre en el límite, muy desquiciadamente vulnerable, cuya fragilidad discurre paralela al tesón obsesivo que emplea en sus pesquisas. Tal tesón es, como pronto queda claro, una especie de sublimación de sus insatisfacciones afectivas que, a la vez que las mitiga, las exacerba y agrava; y la atracción que siente hacia Brody, a quien al mismo tiempo considera un terrorista, depara momentos en verdad abismales y conmovedores.

Otro acierto de la serie consiste en mostrar al espectador revelaciones que la propia agente Carrie Mathison desconoce. Es el mismo recurso que Hitchcock empleó en Vértigo; un recurso sumamente arriesgado que en manos torpes puede desbaratar una intriga, pero que manipulado con habilidad puede multiplicar sus posibilidades, pues instala al espectador en un estado de ansiedad constante, a la vez que lo hace insidiosamente cómplice de las maquinaciones que se están urdiendo, de las que son ignorantes los personajes de la ficción. Y, al hacerse cómplice de estas maquinaciones, el espectador es invitado incitado casi a participar de la ambigüedad moral que destila la historia, incluso a solidarizarse con el personaje del sargento Brody, ‘comprendiendo’ sus tortuosas motivaciones.

El resultado, pese a algunos desfallecimientos y enojosas digresiones, es francamente estimulante y perturbador. Homeland es una serie altamente recomendable.